Hola, querida comunidad. Soy nuevo por aquí. Trataré de ser lo más breve posible sin que se me escape algún detalle importante. Tengo 28 años, vivo en Lima y recientemente me diagnosticaron TDAH. Me hice el descarte en el Peruano Japonés con un psicólogo especializado en Neuropsicología. Antes de eso ya tenía sospechas porque desde que tenía 8 o 9 años me costaba muchísimo concentrarme cuando tenía que leer obras o libros del colegio. Me dispersaba en mis propios pensamientos y, cuando estaba con otros niños, podía estar pendiente de todo lo que pasaba alrededor al mismo tiempo. A pesar de eso, académicamente me iba bien: nunca tuve problemas para aprobar y normalmente estaba entre los primeros puestos. Nunca me gustó estudiar, pero los exámenes se me hacían fáciles. Si no entendía una obra literaria, buscaba el resumen en Yahoo Respuestas y estudiaba eso; incluso muchas veces podía deducir respuestas por lógica o patrones. Siempre fui bastante hábil para salir de los problemas. En conducta era un niño/adolescente desobediente, cuestionaba todo, conversaba muchísimo en clase, hacía bromas y a veces molestaba a mis compañeros. Varios profesores no me querían mucho. Hubo un psicólogo del colegio que recomendó que hiciera terapia, pero mis padres veían mis notas y pensaban que no había ningún problema importante. En la universidad me fue bien durante los primeros ciclos, aunque seguía con el mismo problema de concentración. Creo que me ayudó mucho juntarme con los “sabelotodo” de la clase porque eso me motivaba a competir y estudiar. Llegué a sacar primer puesto en cuarto ciclo. Sin embargo, en quinto ciclo, cuando tenía 18 o 19 años, mi motivación desapareció casi por completo. Como nunca me había gustado estudiar, supongo que después de haber conseguido el primer puesto me sentí “saciado” y se me acabó la recompensa. Terminé saliéndome un ciclo, cambiándome de carrera y después llegó la pandemia. Dejé de estudiar casi dos años y durante ese tiempo me envicié con League of Legends al punto de jugar entre 8 y 10 horas diarias. Después vi tan lejano terminar la segunda carrera que decidí regresar a la primera. Ya no tenía grupo de estudio, estaba completamente solo y venía con los hábitos de la pandemia. Me fue tan mal que casi me botan de la universidad por jalar Filosofía tres veces. No lo podía creer: había pasado de sacar primer puesto a casi ser retirado por un curso. Volví al psicólogo, me orientó y finalmente conseguí terminar la carrera. Les cuento toda esta parte porque mis principales problemas siempre han sido la procrastinación, la falta de motivación y la dificultad para mantener constancia. Desde que salí del colegio también empecé a desarrollar algo que yo llamo mi “freno de mano mental”. Es como si hubiera un pensamiento dentro de mi cabeza que constantemente me dice lo que tengo que hacer: “Lávate los dientes”, “concéntrate en lo que lees”, “deja ese pensamiento distractor”, “levántate de la cama”, “no procrastines”, “compórtate, estás en casa ajena”. Obviamente son pensamientos míos, no estoy hablando de voces ni nada parecido. Pero siempre sentí como si una parte racional de mi cerebro actuara como un papá intentando controlar a otra parte. Toda mi vida sentí que mi “ser” era como un niño corriendo detrás de la dopamina mientras mi conciencia trataba de controlarlo. Siempre luché contra mí mismo. Podía estar tres meses disciplinado, entrenando, estudiando, haciendo proyectos y organizándome, pero después se me iba todo de las manos otra vez: abandonaba proyectos, procrastinaba y volvía a buscar gratificación inmediata. Durante años pensé que esto simplemente era falta de disciplina y que todo el mundo vivía peleándose consigo mismo de esa manera. Hasta que el año pasado me llegó al p** y dije: “Voy a averiguar qué tengo porque esto no puede ser normal”. Primero pensé que podían ser traumas del pasado porque mis padres son separados. Fui al psicólogo, pero no sentí grandes cambios. Incluso llegué a tomar ayahuasca. Sentí que emocionalmente me liberé bastante del tema de la separación de mis padres, pero mi “ser” seguía siendo exactamente el mismo: procrastinador, vago, disperso y con poca motivación. Después pensé que podía ser depresión. Me trataron con escitalopram y no sentí ninguna mejora; incluso sentía que mi concentración empeoraba. Después volví a una duda que había tenido tiempo atrás: revisar mi eje hormonal masculino. Me hice cariotipo para Klinefelter, ecografía Doppler testicular, FSH, LH, estradiol, tiroides y prácticamente todas las hormonas relacionadas. Lo único raro fue la prolactina: me salía aproximadamente entre 5 y 10 puntos por encima del límite superior. Para mi suerte, en la página del laboratorio todavía aparecían análisis míos de cuando tenía 17, 20 y 23 años. Revisé todos y la prolactina siempre estaba ligeramente elevada. Ahí se me prendió el foco. Empecé a investigar y el endocrinólogo me explicó que era una elevación demasiado pequeña como para pensar seriamente en un prolactinoma, porque normalmente un prolactinoma daría valores muchísimo mayores. Pero por insistencia mía me dio cabergolina durante dos meses. Y ahí pasó algo que hasta hoy me parece increíble: me sentí MUY bien. Especialmente los sábados y domingos, cuando no trabajaba y podía dormir mejor. Dios santo, no recuerdo haberme sentido tan motivado. Me daban ganas de estudiar todas las habilidades que sentía que me faltaban profesionalmente: Python, inglés, análisis de datos, etc. ¿Me concentraba perfectamente? No. Me seguía costando. Pero ahora tenía tanta motivación que insistía hasta que la información entraba. Era como si mi problema de concentración siguiera ahí, pero ahora tuviera combustible para pelear contra él. El problema fue que la cabergolina me empezó a generar dolores articulares. Cuando terminaron los dos meses, le pedí al endocrinólogo un mes adicional y empecé a tomar solo 1/4 de pastilla. Ahí volví a sentirme parecido a antes: procrastinador, desmotivado y buscando gratificación inmediata. Entonces pensé: “Mi problema tiene que tener algo que ver con dopamina”. Empecé a investigar más la relación entre dopamina y prolactina y se me ocurrió una hipótesis: si la dopamina inhibe la prolactina y yo durante prácticamente toda mi vida he tenido la prolactina ligeramente elevada, quizás toda mi vida he tenido una actividad dopaminérgica baja. No digo que eso sea una demostración científica, pero fue exactamente el razonamiento que me llevó a seguir investigando. Después encontré toda la relación entre dopamina, motivación, recompensa y TDAH, así que decidí hacerme el descarte. Me hice la evaluación neuropsicológica y salió positivo para TDAH. Aquí empieza el problema. He ido a psiquiatras y algunos directamente se cierran con frases como: “No necesitas metilfenidato”, “terminaste la universidad”, “te vas a irritar”, “te va a dar ansiedad”. Y sinceramente ese razonamiento me parece absurdo. ¿Desde cuándo terminar la universidad significa que no puedes tener TDAH? Yo terminé la universidad peleando contra mi cerebro durante años. Ese día regresé bastante molesto a casa. Mi hermano también tiene TDAH y está medicado, así que le dije: “Dame tres de tus pastillas que te hayan sobrado. Quiero probarlo”. Sí, sé perfectamente que automedicarse y tomar un medicamento controlado de otra persona está mal. No hace falta que me crucifiquen por eso porque justamente por eso estoy escribiendo esto: NO quiero seguir haciéndolo. Pero lo hice. Llevo tres días tomando metilfenidato y sinceramente estoy sorprendido. Primero, tengo motivación. Segundo, ese pensamiento que toda mi vida me decía qué debía hacer ahora simplemente lo obedezco. Antes era una pelea interna constante: “Levántate” / “No quiero”; “haz tu tarea” / “después”; “concéntrate” / mi mente se iba por otro lado. Ahora aparece el pensamiento de “haz esto” y mi cerebro responde “ok”. Es como si ese niño que toda mi vida estaba buscando dopamina ahora ya tuviera suficiente y dejara de pelear conmigo. No me he irritado, no estoy discutiendo con nadie y no tengo un temperamento distinto. De hecho, siento que estoy incluso más amable con las personas y más conversador. Algo que me parece ridículo es que prácticamente no he abierto TikTok en tres días. He hecho mis tareas sin procrastinar, sin quedarme media hora pensando si hacerlas o no y sin esa pelea interna constante. También he notado algo con las emociones. Actualmente estoy desempleado y mientras busco trabajo hago taxi. A veces alguien te lanza algún comentario desagradable en la calle. Antes del metilfenidato, si alguien me decía algo que me molestaba, esa emoción podía quedarse dando vueltas en mi cabeza durante 10 minutos o más. Incluso desarrollé durante años una técnica de analizar racionalmente la emoción hasta que pensar en lo ocurrido dejara de incomodarme. Sin medicación podía demorar bastante; con metilfenidato me ocurre algo desagradable, me molesto, lo pienso un momento y en uno o dos minutos simplemente se va. No es que no sienta la emoción: la siento, pero mi cerebro parece dejarla ir muchísimo más rápido. Por eso, después de contarles toda esta biblia, quiero pedirles ayuda. ¿Conocen algún psiquiatra en Lima especializado realmente en TDAH adulto y que no se cierre automáticamente con el argumento de “terminaste la universidad, entonces no necesitas medicación”? Porque yo siento que sí la necesito. No porque quiera volverme Superman. Al contrario. Siento que el metilfenidato no me convirtió en otra persona. Es como el Capitán América: no me dio otra personalidad ni me volvió “mejor” moralmente, simplemente potenció habilidades que ya estaban ahí. Otra comparación que se me ocurre es que el medicamento es como un anillo que calza exactamente en mi dedo, o como si toda mi vida hubiera tenido un buen motor funcionando con el freno de mano puesto y de pronto alguien hubiera soltado el freno. No quiero robarle pastillas a mi hermano, no quiero buscar metilfenidato por medios ilegales…