Un animal microscópico llamado Adineta vaga acaba de mostrar una capacidad que los científicos no habían documentado antes: puede heredar cromosomas dañados y seguir reparándolos.

Estos rotíferos bdelloideos viven entre musgos y líquenes, ambientes que pueden secarse periodos y volver a humedecerse cuando regresan condiciones favorables.

Ya se sabía que estos animales soportan dosis enormes de radiación, suficientes para romper su ADN muchas veces, sin morir ni perder su capacidad reproductiva.

El nuevo trabajo, publicado en Science Advances, encontró algo más extraño: el daño puede pasar a los descendientes mientras la reparación continúa durante generaciones sucesivas.

Los investigadores irradiaron ejemplares de Adineta vaga y observaron que sus cromosomas se fragmentaban. En algunos casos, un cromosoma terminaba dividido en decenas de pedazos.

Aun así, los animales siguieron reproduciéndose. Los científicos esperaban encontrar el mismo daño en sus descendientes, pero aparecieron diferencias que inicialmente parecían errores de secuenciación.

Al repetir los análisis, descubrieron que los fragmentos dañados no permanecían iguales. Algunas partes parecían reconstruirse poco a poco conforme avanzaban las generaciones estudiadas.

Eso significa que el rotífero no necesita completar todas las reparaciones antes de reproducirse. Puede transmitir fragmentos cromosómicos dañados y continuar arreglándolos después.

Una posible explicación está en la estructura de sus cromosomas. En estos animales, los elementos necesarios para repartir el ADN durante la división están distribuidos ampliamente.

Por eso, incluso cuando un cromosoma se rompe, muchos fragmentos todavía pueden pasar correctamente a las células hijas y sobrevivir hasta la siguiente generación.

El segundo ingrediente es que Adineta vaga posee pares de cromosomas similares. Cuando uno queda dañado, el otro puede funcionar como una especie de plantilla genética.

El fragmento roto puede localizar una región equivalente en su pareja y utilizar esa información para reconstruir partes perdidas, aunque el proceso no siempre termina inmediatamente.

Los investigadores llaman BIHER a este mecanismo de reparación. En términos sencillos, permite extender nuevamente una región rota del ADN usando una copia semejante como referencia.

Cuando el daño es muy grande, una sola generación puede no bastar. Los descendientes continúan el proceso y pueden recuperar progresivamente regiones que parecían haberse perdido.

Los experimentos utilizaron dosis de radiación de hasta 500 grays. Esa exposición produjo cientos de roturas de doble cadena distribuidas por todo el genoma del animal.

La capacidad probablemente no evolucionó para resistir radiación. Estos rotíferos suelen sobrevivir a la desecación, un proceso que también puede provocar roturas severas en su ADN.

Adaptarse durante millones de años a secarse y rehidratarse pudo favorecer sistemas de reparación resistentes, que por casualidad también funcionan frente a la radiación ionizante.

El hallazgo podría ayudar a estudiar otros casos donde los cromosomas sufren daños catastróficos, incluyendo ciertos procesos observados en células cancerosas y condiciones de radiación extrema.

También interesa para comprender cómo algunos organismos mantienen estable su información genética incluso cuando sus cromosomas atraviesan niveles de fragmentación que normalmente serían devastadores.

Todavía falta entender qué proteínas y procesos controlan esta reparación. Pero Adineta vaga demuestra que un genoma roto no siempre necesita arreglarse completamente en una generación.

Leer artículo completo en robotitus.com →