Desde que empezó a trabajar como profesor, para Jorge Eslava ofrecer una versión de la “Nueva crónica y buen gobierno” a los más jóvenes era un sueño imposible. Un proyecto difícil con el que era mejor no ilusionarse. Solo la depuración y limpieza de un texto muy complejo, intercalado con 400 ilustraciones, espantaría a cualquier editor. Así, el texto de Guamán Poma de Ayala permanecía como un libro de culto: de aquellos que todos citan, pero que pocos han leído, a excepción de estudiosos y eruditos. “Esa es una desgracia que persigue a algunos libros que, siendo tan importantes, libros que nos permiten observar desde la mirada de los vencidos y de los desamparados, sin embargo no son leídos”, lamenta el escritor.
Porque, como advierte Eslava, eso es justamente lo que nos produce la lectura de Guamán Poma: ubicarnos del lado de los indios que no habían sido representados en aquellos testimonios de época. “Se trata de un libro que nos dice por qué somos así, por qué convivimos con tanta corrupción. En ese sentido, se trata de un libro revelador”, afirma Eslava, quien por fin cumple su sueño al adaptar los textos del cronista indígena. Comparando las ediciones anteriores de Luis Bustíos (1956), Franklin Pease (1980) y Carlos Araníbar (2015), el escritor reescribe el texto de 1615 para darle una sintaxis y una dicción contemporáneas, pero respetando vestigios de lo añejo y admitiendo algunos traviesos giros coloquiales.
—¿Qué dificultades encuentras en el texto al momento de adaptarlo?
Para empezar, es una obra escrita en un español atravesado por otras lenguas como el quechua, el aimara y diversos dialectos. Evidentemente está escrita por un quechuahablante, lo que es posible notar por la sintaxis, la construcción y el ordenamiento de las palabras, entre otras características del texto que fui descubriendo cuando me propuse adaptarlo, lo que ha sido para mí un descubrimiento lingüístico fascinante. Por ejemplo, el abuso del pleonasmo y de la redundancia. Las repeticiones son constantes, así como el uso de los verbos enclíticos, donde el pronombre va enlazado al verbo al final de la construcción. Se trata no solo de traducir un texto, sino de pensar en otro idioma. Guamán Poma era una persona que, evidentemente, había leído literatura de la época además de libros eclesiásticos. Se trataba de una persona con mucha ilustración y cultura, con un bagaje de lecturas muy grande. Meterse en ese tejido lingüístico es fascinante.

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