Mundo12 Sep 2026 | 11:24 h¿Qué son los ‘bots’? La nueva arma de manipulación política en América Latina

Detrás de una avalancha de me gusta, respuestas y tendencias en redes sociales puede no existir una multitud, sino una operación coordinada para fabricar consenso y amplificar determinadas narrativas. Estas redes de cuentas automatizadas, trolls y usuarios falsos ya forman parte de las disputas políticas en América Latina y plantean un nuevo desafío para la conversación pública y los procesos electorales.

Este fenómeno ha sido observado en campañas electorales de América Latina. Foto: Composición LR/IA.Foto del autorMauricio Guevara CondoreEscucharResumenCompartir

Una publicación aparece en X. En cuestión de minutos llegan cientos de respuestas, miles de "me gusta" y una cadena de mensajes que parece confirmar que detrás de aquella consigna existe una multitud. Pero la multitud puede ser una ilusión. En el otro extremo de la pantalla, una computadora puede estar coordinando cientos o miles de cuentas diseñadas para comportarse como usuarios comunes.

La operación ya no necesita una habitación llena de teléfonos encendidos. Puede funcionar desde servidores en la nube, mediante servicios de cómputo alquilados y sistemas capaces de administrar numerosas direcciones IP. También puede adoptar una forma más rudimentaria: dispositivos conectados a una computadora que ejecuta órdenes simultáneas.

TE RECOMENDAMOS

AMULETOS DE PROTECCIÓN: ¿CUÁL NECESITAS Y CÓMO USARLO? 🧿 | ASTROMOOD CON JHAN SANDOVAL

La tecnología cambia; el propósito permanece: fabricar actividad donde no necesariamente existe respaldo ciudadano es una práctica ya conocida en Perú. Durante la década de 1990, y especialmente en los años finales del régimen de Alberto Fujimori, los llamados diarios chicha se convirtieron en uno de los ejemplos más notorios de esta práctica.

Publicaciones como El Chino, La Chuchi, El Tío, El Mañanero y La Yuca utilizaron sus portadas para atacar a adversarios políticos y favorecer al oficialismo. Titulares como "Turista Andrade continúa botando obreros de la Muni" o "Toledo abolla a su gringa por hacerlo venado" muestran cómo el impacto emocional y la descalificación podían ocupar el lugar de una discusión informada.

El paralelismo con las nuevas herramientas digitales puede plantearse así: antes se compraban portadas; hoy pueden fabricarse tendencias, interacciones o aparentes consensos. Antes el titular sensacionalista buscaba dominar la conversación desde el puesto de periódicos; hoy el contenido puede buscar lo mismo desde una pantalla.

PUEDES VER: China construyó una nueva ciudad en América Latina para reemplazar a otra: tardó menos de 26 meses y más de 1.000 familias fueron trasladadas

lr.pe

La narrativa de los bots

Marcelo Santos, profesor asociado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales e investigador del Centro de Investigación en Comunicación, Literatura y Observación Social, compara una granja de bots con una instalación industrial en la que los teléfonos dejan de ser herramientas personales para convertirse en piezas de una maquinaria.

“A este tipo de actividad la llamamos una actividad inauténtica, porque no hay usuarios reales detrás. Son celulares con cuentas creadas sin una persona. Y que son coordinadas, gestionadas, en ese caso, por ejemplo, por una persona o un equipo de una agencia de marketing”, precisó en declaraciones para el medio chileno Bío Bío.

Cada aparato puede estar asociado a cuentas diferentes y responder a instrucciones previamente definidas: compartir, comentar, marcar una publicación o impulsar una etiqueta. La diferencia entre una cuenta automatizada y una granja está precisamente en esa escala. Un bot puede ejecutar una acción. Una red coordinada puede convertir esa acción en una supuesta escena multitudinaria.

El objetivo más importante no siempre consiste en convencer a quien lee. Está en modificar el escenario en el que esa persona recibe la información. Las plataformas utilizan señales de interacción para ordenar aquello que aparece ante sus usuarios.

Natalia Aruguete, investigadora especializada en polarización política y redes sociales en América Latina, describe el fenómeno como una alteración de las condiciones de la conversación pública. “Puede aumentar artificialmente el volumen de determinados mensajes, repetir consignas, atacar a determinados actores y, sobre todo, producir una apariencia de consenso o de rechazo social”.

Ahí comienza el verdadero poder político de estas redes. Una tendencia digital no permanece necesariamente encerrada en la pantalla. “Puede convertirse en noticia; los medios lo cubren, los dirigentes responden, los periodistas preguntan por él, se incorpora a entrevistas y debates, y entonces regresa a las plataformas con una legitimidad y una audiencia nuevas”, apuntó la especialista para Chequeado.

En una campaña electoral, esa dinámica puede ser especialmente valiosa. Una candidatura no necesita que todas las cuentas falsas convenzan a miles de votantes. Le basta, en determinados casos, con provocar suficiente movimiento para que personas reales entren en la discusión. La maquinaria crea el ruido; los usuarios humanos terminan propagándolo.

Y en América Latina, el fenómeno ya encontró un espacio dentro de las disputas electorales. Para Santos, uno de los indicios más reveladores es la actividad imposible para un ser humano. Durante el seguimiento de la ascensión política de Jair Bolsonaro en Brasil, encontró un usuario que publicó 120 mensajes en cuarenta minutos.

El nombre de Fernando Cerimedo aparece en ese mapa. El consultor argentino, vinculado como posible estratega digital a campañas de figuras como Javier Milei, Jair Bolsonaro, Rodrigo Paz y José Antonio Kast. Tras su aprehensión en Bolivia, la Fiscalía informó del hallazgo de una denominada “mini granja de bots” en un inmueble de La Paz.

El episodio adquirió relevancia porque el propio Cerimedo había descrito anteriormente el manejo de miles de cuentas creadas artificialmente. En declaraciones públicas sostuvo que podían utilizarse para monitorear conversaciones, producir contenido y elevar la exposición de determinados temas. También reconoció administrar trolls.

Pese a este panorama, cabe precisar que no todo bot forma parte de una campaña política. Las herramientas automatizadas tienen usos legítimos: pueden responder consultas de clientes, recopilar información, seguir precios, monitorear indicadores o ejecutar tareas repetitivas. El problema es cuando lo que se busca es distorsionar.

Los llamados trolls

La diferencia entre ambos términos resulta fundamental. El bot es automatización. El troll, en cambio, es una persona que interviene deliberadamente para provocar, hostigar, confrontar o desviar una conversación. Un troll puede utilizar una red automatizada para multiplicar el alcance de sus mensajes, de modo que ambas figuras pueden trabajar dentro de una misma operación.

“Del otro lado hay una persona molestándonos, agrediendo, pero en el caso del bot hay un algoritmo automático y eso le permite a quien lo controla manejar una gran cantidad de cuentas”, indica Emmanuel Larussi, ingeniero en Sistemas y doctor en Ciencias de la Computación, para la estación AM750.

Por su parte, las Naciones Unidas también describen a los trolls como individuos o grupos que pueden asumir identidades falsas y utilizar redes sociales para enviar o suprimir determinados mensajes, difundiendo información errónea o desinformación y generando la apariencia de que una determinada narrativa es mayoritaria o ampliamente aceptada.

Ante este panorama, la Unión Europea utiliza actualmente el concepto de Foreign Information Manipulation and Interference (FIMI) para describir determinadas operaciones intencionales y coordinadas destinadas a manipular el entorno informativo y afectar procesos políticos.

  • América latina
google iconPrefiero a La República en Google

Leer artículo completo en larepublica.pe →