El 7 de octubre de 1987, Lima vio pasar una multitud que parecía no terminar nunca. Durante horas, miles de personas acompañaron el féretro de Flor Pucarina hasta el cementerio El Ángel. Era el último recorrido de una cantante que había llenado coliseos, vendido cientos de miles de discos y convertido el huayno en una forma de pertenencia para varias generaciones de migrantes. Sin embargo, la magnitud de ese último adiós no siempre tuvo correspondencia con el lugar que ocupó en la memoria cultural de la capital. Esa contradicción está en el centro de “Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos”, documental de la cineasta huancaína Geraldine Zuasnabar Ravelo.

Hay algo de aquella escena que todavía desconcierta a la directora. ¿Cómo una mujer capaz de convocar a miles de personas terminó tan relegada en la memoria cultural? Zuasnabar lleva seis años tratando de responder esa pregunta. Comenzó a filmar durante la pandemia y, mientras avanzaba el proyecto, algunos de los músicos y maestros que había previsto entrevistar murieron. Otros alcanzaron a abrirle sus recuerdos y reconstruir aquella ciudad en la que Flor Pucarina cantaba para quienes habían llegado desde los Andes.

Antes de convertirse en la “Faraona del Cantar Huanca”, Flor Pucarina había sido Leonor Efigenia Chávez Rojas. Nació en Pucará, Junín, en 1935, y llegó de niña a Lima. Vendió frutas, trabajó como empleada doméstica y en 1960 apareció por primera vez en el Coliseo Nacional. Allí empezó una carrera discográfica que la convertiría en una de las principales figuras de la música andina peruana. “Era una diva, una pionera, una persona sacada de otro tiempo”, dice la directora.

Flor Pucarina inició su carrera en 1960, cuando apareció por primera vez en el Coliseo Nacional. Desde entonces, su voz se convirtió en una referencia para varias generaciones de público andino.
Flor Pucarina inició su carrera en 1960, cuando apareció por primera vez en el Coliseo Nacional. Desde entonces, su voz se convirtió en una referencia para varias generaciones de público andino.

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