Antes de convertirse en uno de los rostros más entrañables de la televisión peruana, Enrique Espejo pasó cerca de diez años detrás de un escritorio, como empleado del ya desaparecido Banco Hipotecario. Y dentro de la monotonía laboral, nada indiciaba a sus compañeros que, mientras buscaba información para su tesis universitaria, encontraría un espacio cuando llegó a un canal de televisión como un extra. Ese giro casual, sumado a su acercamiento previo al teatro, terminó de encaminarlo hacia la pantalla chica, donde construyó una carrera de más de cuatro décadas.
En sus más de 40 años de carrera, Espejo nunca fue la estrella principal de un programa ni protagonizó un show con su nombre en el título. Fue, sin embargo, fue el secundario indispensable, ese actor sin el cual ningún sketch de Jorge Benavides parecía completo. Su personaje rara vez tenía la última palabra, pero era, invariablemente, el que se daba el pase para el remate final de un chiste. El comediante falleció a los 75 años y aún en su muerte, mucho lo llaman por aquella chapa que le pusieron sus colegas hace medio siglo: “Yuca”.

Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta