El 12 de septiembre de 1992, el destino del Perú cambió en absoluto silencio. Mientras un país desangrado por coches bomba, asesinatos y apagones contenía el aliento, el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) ejecutaba la Operación Victoria en Surquillo, sin disparar una sola bala. Lo extraordinario fue que la operación se desarrolló con un nivel de compartimentación que mantuvo al poder político al margen de los detalles decisivos. En Iquitos, el presidente Alberto Fujimori se encontraba fuera de Lima. En la capital, los agentes del GEIN avanzaban sobre una casa de la calle Varsovia sin saber todavía que allí terminarían doce años de terror. En Palacio, una Keiko Fujimori de 17 años vivía aquella noche ajena al episodio que, con el tiempo, marcaría uno de los momentos decisivos de la historia política del país. Las fotografías reviven el minuto en que el miedo comenzó a perder su rostro.
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