Hay sabores que no necesitan pasaporte. Basta un taco para reconocerlos. En Mandil, la tortilla de maíz abraza carne de birria, queso, chiles, guacamole y pico de gallo. Al lado, el consomé completa el ritual. Detrás está Jhon Alexander Salazar Triana, cocinero de profesión y creador de una historia que nació hace cuatro años, en una feria. La idea era llevar a Lima una experiencia mexicana que respetara sus ingredientes y tradiciones, pero también el espíritu de una taquería semicallejera. “Buscamos siempre la forma de conservar esa cultura mexicana”, cuenta Jhon. Quería, sobre todo, que el comensal se sintiera en casa.
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