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por Sergio Espinoza
Actualizado el 9 de Set, 2026 1:05 pmAunque esta tecnología ofrece nuevas posibilidades en diversos campos, su rápido avance genera preocupación e interrogantes sobre la seguridad, la privacidad, la desinformación y – en el peor de los casos – la posibilidad de que los seres humanos pierdan el control.
La inteligencia artificial (IA) avanza a un ritmo descomunal y ahora es más que un asistente digital para trabajadores y estudiantes, pues también es capaz de crear prototipos, depurar códigos, automatizar tareas e incluso generar videos y pistas musicales.
Aunque esta tecnología ofrece nuevas posibilidades en campos como la educación, la medicina, la ciencia y la productividad, su rápido avance genera preocupación e interrogantes sobre la seguridad, el empleo, la privacidad, la desinformación y – en el peor de los casos – la posibilidad de que los seres humanos pierdan el control de sistemas cada vez más avanzados.
Una de las advertencias más preocupantes provino del ingeniero e investigador de Antrophic, Jacob Coxon (27), quien renunció al señalar que se está subestimando el poder de la tecnología y que, próximamente, los proyectos de IA podrán hackear cualquier cosa, revolucionar todos los ámbitos y ganar verdadero poder y recursos.
El desarrollador – quien también ha trabajado en OpenAI, creadora de ChatGPT – aseguró que ambas compañías no están actuando con responsabilidad y “están jugando con nuestras vidas”, pese a ser conscientes de esta realidad.
Coxon, identificado por los medios internacionales como uno de los desarrolladores de GPT-4o y GPT-4.5, aseguró que las personas que están detrás del desarrollo exponencial de la IA creen que “podrá matarnos a todos al final de esta década”.
Por eso, el ingeniero de software pidió la coordinación entre los distintos proyectos de IA y de las empresas involucradas en ellos, así como una prohibición temporal de mejorar las capacidades del modelo ('model capabilities').
En esta línea, Evan Hubinger, investigador de Anthropic, replicó los comentarios de Coxon y enfatizó el discurso del ingeniero: "Jacob tiene razón aquí; realmente creemos con sinceridad que la IA podría matar a todos los humanos. Personalmente, pienso que es más del 10% dentro de la próxima década".
La preocupación de la ONU
El 7 de septiembre pasado, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, sostuvo que la inteligencia artificial avanzada podría representar un “riesgo existencial” para la humanidad, por lo que pidió establecer controles y límites consensuados para esta tecnología.
Türk también expresó preocupación por el creciente poder que concentran unas pocas grandes empresas tecnológicas y por los casos en los que agentes de IA han logrado salir de entornos de prueba o actuar de maneras no previstas por sus desarrolladores.
Por eso, el representante de la ONU alegó que la regulación no puede avanzar a un ritmo más lento que el desarrollo de estos sistemas.
“La IA puede ser una de las mayores oportunidades para la humanidad en el siglo XXI, (pero) también podría ser uno de sus mayores riesgos. (…) La tecnología debe estar al servicio de la gente y no al revés», exhortó.
España aboga por un uso “responsable” de la IA, mientras que Reino Unido expresa su preocupación
En España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, también ha advertido sobre los riesgos de un desarrollo sin suficientes controles. En febrero de 2026 señaló que la posibilidad de que la inteligencia artificial escape al control humano es real y alertó sobre la destrucción de puestos de trabajo, la concentración de poder y el uso de la tecnología por parte de actores maliciosos.
Sánchez ha insistido además en que la IA debe estar sometida a reglas comunes. En abril, durante una intervención ante Naciones Unidas, defendió una inteligencia artificial “responsable” y “humanista”, gobernada mediante normas internacionales que permitan aprovechar sus beneficios sin dejar de controlar sus riesgos.
La preocupación también ha llegado al Reino Unido. En los últimos días, políticos y especialistas británicos han planteado advertencias particularmente severas sobre el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial general y superinteligencia.
El exministro de Defensa británico Des Browne y el científico Stuart Russell han comparado los potenciales riesgos de una superinteligencia con amenazas de gran escala, mientras algunos parlamentarios han pedido un tratado internacional de seguridad para controlar su desarrollo.
“La otra posibilidad es una catástrofe mucho mayor, en la que la humanidad pierda el control de forma irreversible. Pero no tenemos voz ni voto sobre si seguiremos existiendo”, advirtió Russell a los políticos británicos.
Uno de los principales temores está relacionado con la ciberseguridad. Los sistemas avanzados pueden utilizarse para automatizar ataques, encontrar vulnerabilidades y desarrollar herramientas capaces de comprometer redes informáticas.
EE. UU. y China hablarán sobre el desarro
Estados Unidos y China, dos de las principales potencias en el desarrollo de IA, tienen previsto mantener conversaciones bilaterales sobre seguridad de esta tecnología en septiembre, con especial atención a los posibles ataques cibernéticos dirigidos por inteligencia artificial.
La preocupación estadounidense también está vinculada con la competencia tecnológica y militar con China, por lo que la inteligencia artificial será un tema central en la cumbre entre Donald Trump y su par chino, Xi Jinping, programada para el próximo 24 de septiembre en la Casa Blanca.
Previo a esta reunión de alto nivel, Washington acusó a empresas chinas de utilizar técnicas para extraer capacidades de modelos estadounidenses, argumentando que estas podrían fortalecer las capacidades militares y cibernéticas de Pekín. China rechazó las acusaciones y sostuvo que el desarrollo de su IA se basa en innovación propia.
Para China, uno de los principales problemas es precisamente que la carrera por la inteligencia artificial termine dividida en bloques tecnológicos. Pekín ha defendido la cooperación internacional y ha pedido respeto por la soberanía digital de los países.
En Francia y Alemania, la preocupación tiene otro componente: la dependencia tecnológica. Ambos países han reclamado una mayor soberanía europea en materia de inteligencia artificial y han planteado la necesidad de invertir en empresas, centros de datos y capacidad de computación para evitar que Europa quede rezagada frente a Washington y Pekín.
El centro del debate: ¿qué límites deberían establecerse?
El debate, por tanto, ya no se limita a determinar si la inteligencia artificial es positiva o negativa. La discusión internacional se concentra cada vez más en qué límites deben establecerse, quién debe supervisar los modelos más avanzados y cómo evitar que una tecnología con capacidades crecientes termine siendo utilizada para causar daños.
Mientras Estados Unidos y China preparan conversaciones sobre seguridad de la IA y organismos como Naciones Unidas reclaman una regulación internacional, la velocidad del desarrollo tecnológico continúa planteando un desafío para los gobiernos.
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