¡APRENDIENDO CON TROME! El ekeko, ese pequeño muñeco que, según la creencia, atrae la buena suerte, la fortuna y la prosperidad, tiene su origen en la cultura Tiahuanaco (en la meseta del Collao, entre Perú y Bolivia), entre los siglos II y XI d.C.

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Su nombre viene de iqiqu (enano en aimara) y en el mundo andino se le tenía por una deidad jorobada y desnuda venerada como símbolo de la fertilidad, el agua y las cosechas abundantes.

El origen del ekeko estaría ligado a la antigua cultura Tiahuanaco. Foto: Internet.
El origen del ekeko estaría ligado a la antigua cultura Tiahuanaco. Foto: Internet.

Al llegar los españoles, se le vistió con pantalón, camisa y chullo, y con el nuevo nombre castellano de ekeko pasó a ser reconocido como imán de la abundancia.

En el siglo XVII, en La Paz (hoy Bolivia) y Puno, en el altiplano del Virreinato del Perú, la popularidad del ekeko se disparó con las ferias de las alasitas (del aimara alasita, que significa cómprame) y hasta hoy se comercializa, junto con artesanías en miniatura que representan los anhelos y proyectos de las personas.

Dinero, alimentos y otros bienes forman parte de la tradicional carga del ekeko. Foto: Internet.
Dinero, alimentos y otros bienes forman parte de la tradicional carga del ekeko. Foto: Internet.

El ekeko es un muñeco de baja estatura y contextura gruesa, con una amplia sonrisa y la boca abierta para que se le coloque un cigarrillo encendido como ofrenda. Suele tener mejillas rosadas y pronunciadas, y sus ojos, vivaces y redondos, expresan picardía.

Para atraer a la suerte y los deseos, el ekeko -con postura erguida y los brazos abiertos- sostiene o carga en su espalda, colgadas, a las miniaturas que se ansía: casa, auto, dinero, títulos profesionales, comida y más.

La pequeña figura suele cargar objetos que representan prosperidad y bienestar. Foto: Istock.
La pequeña figura suele cargar objetos que representan prosperidad y bienestar. Foto: Istock.

DATITO

La tradición dicta que, para cumplir nuestros sueños, el ekeko debe ser regalado por alguien que nos tenga afecto para que con su energía atraiga a las miniaturas que se le cuelgan, nunca debe comprarse por uno mismo.

A mediados del siglo XX, la migración llevó a que el ekeko se popularice en todo el territorio peruano hasta convertirse en un amuleto comercial y hogareño muy común que sirve para alentar a que las personas trabajen con fe para conseguir sus metas.

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