La construcción de un centro de salud no es sinónimo de atención médica en la Amazonía peruana. Esta es la dura realidad a la que se enfrentan a diario cientos de familias en la región Ucayali. Esta realidad fue expuesta por Alba Cano, presidenta y fundadora de la asociación española Charcos y Semillas, durante la presentación del proyecto de cooperación ‘Rao Hiri’ (que se traduce como «La salud empieza donde termina el mapa»).
Durante una ponencia desarrollada recientemente en Santander (España), Cano repasó el trabajo que la organización realiza desde el 2018 en comunidades rurales e indígenas de las provincias de Padre Abad, Coronel Portillo, Atalaya y Purús. Su diagnóstico sobre el terreno es claro: el acceso a la salud sigue siendo un privilegio determinado por la geografía.
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El espejismo de las infraestructuras
Uno de los puntos más críticos abordados por la especialista fue la inoperatividad de diversos puestos de salud en zonas alejadas. Cano cuestionó severamente la lógica estatal de construir locales sin asegurar su funcionamiento continuo. «¿De qué me sirve un edificio si no mandas un sanitario y no mandas material?», sentenció.
Un caso emblemático es el de la comunidad de Santa Elisa, en el distrito de Masisea. Según relató la presidenta de la ONG, el Estado construyó una posta de salud tras el reconocimiento oficial de la población. Sin embargo, durante mucho tiempo el lugar operó sin personal ni vacunas, a pesar de contar con los equipos para conservarlas.
La precariedad es tal que, en varias comunidades indígenas, los equipos médicos carecen de las herramientas más elementales. «No tienen ni un peso ni un tensiómetro. Ni siquiera tienen una cinta métrica», lamentó Cano. Esta falta de recursos golpea directamente el control de las mujeres gestantes. Así, impide la detección temprana de complicaciones y eleva el riesgo de mortalidad materna y perinatal.

Anemia, dengue y tuberculosis: las brechas sanitarias
Las estadísticas recopiladas por Charcos y Semillas evidencian el perfil de la vulnerabilidad en Ucayali. Solo en 2025, el proyecto ‘Rao Hiri’ logró realizar 1248 atenciones sanitarias. El 65 % de los pacientes fueron mujeres y casi la mitad correspondieron a menores de 15 años.
Los diagnósticos más recurrentes en estas campañas evidencian problemas estructurales. La anemia es una patología generalizada, afectando fuertemente a niños y a mujeres en edad fértil. A esto se suman las enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue y la malaria. Estas enfermedades proliferan en asentamientos humanos ubicados en zonas inundables donde no hay acceso a agua potable ni saneamiento básico.
La tuberculosis es otro desafío crítico. La ONG advierte que la falta de equipos para realizar análisis oportunos genera diagnósticos tardíos. También la situación se agrava en las comunidades más alejadas, donde la falta de medicamentos interrumpe los tratamientos, los cuales requieren de un seguimiento constante y a largo plazo.
Tecnología y educación como respuesta
Para hacer frente a la crisis neonatal, la asociación ha implementado el programa ‘Vidas de Peso’. Este programa introduce incubadoras fabricadas con tecnología de impresión 3D en los centros sanitarios de la zona. Además de proveer equipos nuevos, los técnicos de la ONG se han dedicado a reparar incubadoras abandonadas y a buscar soluciones seguras para tratar condiciones como la ictericia. Así, evitan que los bebés sean expuestos a métodos rústicos que generan excesivo calor.
La intervención de Charcos y Semillas también tiene un fuerte componente social. A través de la Casa de la Cultura Charcos y Semillas, ubicada en el sector de Navarriada (distrito de Manantay), y la construcción de escuelas locales, la organización busca articular la salud con la educación comunitaria.

Una cooperación con empatía y visión a largo plazo
Cano fue enfática al señalar que el trabajo social en la Amazonía requiere continuidad y pertinencia cultural. «Un proyecto sin continuidad, sin fondos establecidos y un objetivo claro a largo plazo no hace nada», afirmó. Destacó que las acciones basadas solo en «buena voluntad» pueden ser contraproducentes si no hay planificación.
Para lograrlo, instó a entender el contexto local despojándose de los prejuicios occidentales. «A mí me cuesta después de nueve años quitarme mis gafas de europea y ver la realidad», confesó. Así, se refería a temas complejos como el abandono infantil, donde es vital discernir cuándo ocurre por extrema necesidad y cuándo por negligencia.
El reto para este «2026
De cara al cierre del presente año y mirando al futuro, el proyecto ‘Rao Hiri’ continuará con sus campañas médicas y el mantenimiento de equipos. Sin embargo, su meta principal es capacitar al personal sanitario local y empoderar a las propias comunidades indígenas. El objetivo final es claro: lograr que la población local asuma la gestión de estos proyectos. Así, se asegura que el derecho a la salud no se detenga allí donde se acaba el asfalto.
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