Cultural06 Sep 2026 | 9:30 hLo nuevo de Nick Horny: “Dickens y Prince”

Hornby tiene la gran cualidad de hacer de la dimensión emocional humana, y de sus inevitables frivolidades existenciales, una experiencia literaria signada por el goce y la seriedad.

Nick Hornby. Foto: AFP.Foto del autorGabriel Ruiz OrtegaEscucharResumenCompartir

En tiempos marcados por el oscurantismo discursivo, en los que se cree que se suena más consistente exponiendo una ensalada de conceptos que se olvidarán en un cuarto de hora, hace bien, pero muy bien, leer a autores de reconocida calidad literaria que escriben no solo para conseguir reconocimiento (fin lícito en todo ámbito de la vida, por cierto, siempre y cuando no se juegue chueco), sino principalmente conexión con el lector.

Una de esas plumas privilegiadas es el escritor británico Nick Hornby. Novelista, ensayista y guionista, Hornby tiene en su haber varias novelas que todo buen lector debe leer. Mencionaré dos: Fiebre en las gradas (1992) y Alta fidelidad (1995). El fútbol, la crisis de la madurez masculina, lo pop, el cine y la música son las bases con las que ha forjado una poética que lo ha hecho célebre en el mundo. Hornby tiene la gran cualidad de hacer de la dimensión emocional humana, y de sus inevitables frivolidades existenciales, una experiencia literaria signada por el goce y la seriedad.

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"Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular". Imagen: Difusión.

"Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular". Imagen: Difusión.

Su último libro es un ensayo titulado Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular (2022/Anagrama, 2026). Uno desde la literatura. Y el otro desde la música. Cualquiera podría preguntarse qué los podría unir, y más allá de los parecidos que Hornby encuentra en ellos, como la hiperproductividad creativa (Prince, a saber, se encerraba temporadas enteras solo para componer sin preocuparse por lanzar un nuevo álbum), la pobreza de la que provenían y que les impidió tener una relación frontal con el manejo de la fama y el dinero, y el hecho de que los dos hayan muerto a los 58 años (aunque a Prince le faltaba poco más de un mes para cumplirlos), es el acercamiento de Hornby al lector mediante una postura horizontal en donde no duda en decir lo que no sabe y lo que cree saber, entablando de esta manera un diálogo cómplice con el que consigue que el lector quiera saber más de sus referencias empleadas.

Hornby deja muy en claro que el ensayo, antes que exhibición de conocimiento, es especulación e impresión. Todo un discípulo de Michel de Montaigne.

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