La relación de Mao Zedong con los escritores de su patria siempre fue contradictoria y desconfiada. El mejor ejemplo de ello fue la Campaña de las Cien Flores. “Que florezcan cien formas de pensamiento”, dictaminó Mao al inaugurarla en 1956. Declaraba así su deseo de alentar la crítica de los intelectuales y el diálogo con ellos acerca de los problemas que aquejaban al país. La iniciativa duró algunos meses hasta que el régimen, incapaz de encajar la discrepancia que los artistas y pensadores planteaban cada vez con mayor audacia, decidió contrarrestar esa ola de libertad expresiva.
El experimento, a su entender, había ido demasiado lejos y puso en marcha el Movimiento Antiderechista, que se centró en el ataque y marginación de quienes se habían atrevido a no demostrar un entusiasmo monolítico por la Revolución China. Más de 300.000 personas cayeron en desgracia, fueron exiliadas a provincias lejanas o perdieron el derecho a publicar o a manifestarse en el debate público. Fue un antecedente de la tenebrosa Revolución Cultural, iniciada en mayo de 1966, que duró hasta la muerte del Gran Timonel.
Todos estos eventos causaron tanto daño en el arte y el pensamiento chinos que tras la llegada al poder de Deng Xiaoping surgió una oleada de textos agrupados bajo el nombre de Literatura de la Herida. Hubo dos cuentos de esa tendencia que marcaron profundamente al público: uno de ellos fue “La cicatriz” de Lu Xinhua. Cuenta la historia de una joven guardia roja que denuncia a su madre “derechista” y descubre, años después, cuando ya es demasiado tarde para reconciliarse, que la denuncia se basaba en una mentira del partido. La popularidad del relato fue tan grande que se hicieron fotocopias y se pegaron en los muros de las universidades. Más difusión alcanzó “El maestro de clase” de Liu Xinwu, narración sobre dos jóvenes víctimas de la ignorancia militante de la Revolución Cultural: una chica obediente e incapaz de pensar por sí misma y un delincuente juvenil convencido de que leer literatura extranjera era un acto subversivo.

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