Una de las hipótesis más conocidas sobre el origen de la vida sostiene que todo comenzó alrededor de respiraderos hidrotermales alcalinos en el fondo oceánico.

Ahora, un nuevo análisis cuestiona seriamente esa idea y sostiene que esos ambientes probablemente no tenían las condiciones químicas necesarias para producir las primeras células.

El trabajo fue publicado en PNAS y revisa datos geológicos y geoquímicos acumulados durante décadas, en lugar de presentar un nuevo experimento de laboratorio.

La hipótesis de los respiraderos propone que ciertas chimeneas submarinas funcionaron como pequeñas baterías naturales, aprovechando diferencias químicas entre el agua oceánica y los fluidos calientes.

Esas diferencias habrían generado energía suficiente para impulsar reacciones químicas cada vez más complejas, hasta formar estructuras capaces de comportarse como células primitivas.

Uno de los ejemplos más famosos es Lost City, un campo hidrotermal del Atlántico descubierto en 2000, con chimeneas ricas en hidrógeno y fluidos alcalinos.

Durante años, Lost City pareció ofrecer un modelo moderno de cómo podrían haber sido algunos ambientes donde apareció la vida hace casi cuatro mil millones de años.

Sin embargo, el nuevo análisis sostiene que algunas propiedades utilizadas para apoyar esa comparación fueron medidas después de enfriar los fluidos, no bajo condiciones reales submarinas.

Cuando se consideran las temperaturas y presiones existentes dentro de los respiraderos, esos fluidos serían bastante menos alcalinos y producirían diferencias químicas mucho más débiles.

Eso importa porque la teoría necesita un fuerte contraste de acidez entre los fluidos del respiradero y el océano para crear una especie de batería química.

El análisis también señala otro problema: muchas versiones de la hipótesis requieren minerales ricos en sulfuro para formar membranas capaces de separar esas diferencias químicas.

Pero los océanos primitivos probablemente contenían muy poco sulfato y sulfuro, mientras las rocas asociadas con sistemas como Lost City también aportaban poco azufre.

Por eso, las membranas minerales necesarias para algunos modelos quizá nunca habrían existido en cantidades suficientes en aquellos respiraderos de la Tierra primitiva.

También existe una dificultad relacionada con la formación de hidrocarburos complejos, moléculas que habrían sido necesarias para construir membranas y alimentar metabolismos celulares muy simples.

Los experimentos y observaciones disponibles indican que esas reacciones podrían ser demasiado lentas bajo las temperaturas y tiempos de circulación presentes en estos sistemas submarinos.

El trabajo también propone que los respiraderos antiguos habrían sido menos duraderos y concentrados que Lost City, reduciendo todavía más las oportunidades para química prebiótica compleja.

Eso no demuestra dónde surgió la vida, ni elimina definitivamente todos los modelos hidrotermales, pero obliga a revisar varias suposiciones fundamentales utilizadas hasta ahora.

El autor considera más prometedores los lagos o estanques que se evaporaban periódicamente, donde ya se han reproducido reacciones relacionadas con ARN, proteínas y lípidos.

Aun así, esos ambientes también presentan problemas sin resolver, por lo que ninguna explicación sobre el origen de la vida puede considerarse definitivamente demostrada actualmente.

La discusión también afecta la búsqueda de vida extraterrestre, porque respiraderos submarinos en Marte, lunas heladas o exoplanetas suelen considerarse posibles lugares para encontrarla en realidad.

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