Opinión
La batalla por la memoria: verdad objetiva, patria e identidad frente a la hegemonía del relato oficialLee la columna de Raúl Allain
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18 segundos agoon
05/09/2026By
Raúl Allain
Hay tardes en Lima en las que el aire gris no solo pesa en los pulmones, sino en la conciencia. Aunque transité mi infancia durante los convulsos años noventa, guardo grabado el impacto de crecer en una sociedad acechada por la barbarie; para el año 2000 era apenas un niño de diez años, pero plenamente consciente del eco de la zozobra nacional. Por eso, me causa una profunda indigestión intelectual caminar hoy por ciertas galerías académicas o revisar textos de divulgación y descubrir que la historia de nuestra patria ha sido insidiosamente destilada, empaquetada y reescrita bajo la mirada tuerta de un progresismo que pretende imponer una memoria oficial monolítica.
Se nos ha querido convencer de que cuestionar esa «verdad institucionalizada» es un acto de negacionismo. Nada más falso. Defiendo categóricamente que existe un derecho humano fundamental a la memoria histórica, pero a una memoria fundada en la verdad objetiva, no en la mitología ideológica ni en el secuestro de la narrativa reciente. En el Perú actual, la izquierda ha logrado erigir una hegemonía cultural —en el sentido más gramsciano del término— que busca victimizar a los victimarios y, en el mismo acto, criminalizar a las instituciones tutelares de la Patria.
Esta operación no es un fenómeno aislado ni una ocurrencia criolla; responde a un patrón que se repite en América Latina. Lo hemos visto en la región: comisiones de la verdad y organismos de derechos humanos que, con el pretexto de sanar heridas, terminan construyendo un libreto maniqueo donde el Estado democrático es siempre el villano sistemático, y las organizaciones subversivas que empuñaron las armas contra campesinos, autoridades e inocentes son retratadas como trágicos «actores políticos» impulsados por la desigualdad social. De Chile a Colombia, la izquierda regional ha instrumentalizado la memoria para desarmar moralmente a la sociedad civil y a las Fuerzas Armadas, abriendo el camino para la captura del poder simbólico y político.
En el caso peruano, el fenómeno ha alcanzado matices alarmantes. Recuerdo con absoluta nitidez mis años de formación universitaria en San Marcos, donde presencié de primera mano cómo, en las aulas y pasillos de la facultad, ciertos sectores acomodaban el lenguaje para matizar la barbarie. Ya no se hablaba de «terrorismo sangriento» o «fanatismo totalitario», sino de un eufemístico «conflicto armado interno». Esa sutil peripecia semántica no es inofensiva: homologa el accionar cobarde de Sendero Luminoso y el MRTA —que masacraron comunidades enteras como Lucanamarca o la Selva Central— con la respuesta legítima de un Estado en defensa de su subsistencia.
Sin embargo, haber estudiado en las aulas de la Decana de América representa para mí un profundo orgullo profesional y académico. Formarme en San Marcos me otorgó la solvencia intelectual, el rigor sociológico y el conocimiento directo del terreno para debatir este tema conscientemente, sin intermediarios ni anteojeras ideológicas. Fue precisamente en el fragor de sus debates donde comprendí que el espíritu sanmarquino auténtico no consiste en doblegarse ante el dogma dominante de turno, sino en confrontar las ideas con sentido crítico, valentía analítica y un compromiso irrenunciable con la verdad histórica de nuestra patria.
A partir de esa manipulación semántica articulada en el ámbito académico, la narrativa progresista logró descentrar la culpa y relativizar la barbarie. Los verdaderos genocidas terminaron revestidos de cierto aire de inocencia trágica o reducidos a simples consecuencias inevitables de las brechas sociales. En contraste, nuestros policías y militares —aquellos jóvenes de provincia que pusieron el pecho para que hoy sigamos teniendo una república— pasaron a la condición de sospechosos permanentes. Se ha pretendido borrar el heroísmo de la operación Chavín de Huántar o el abnegado sacrificio de las rondas campesinas para reemplazarlos por una culpa colectiva que esteriliza el orgullo patrio.
Este esfuerzo de lavado ideológico desbordó rápidamente el ámbito universitario para infiltrarse en el sistema educativo nacional y en el circuito artístico financiado con fondos públicos. Se financiaron películas, exposiciones y textos escolares donde los sanguinarios mandos terroristas aparecían retratados como figuras idealizadas o víctimas incomprendidas de un sistema cruel. En contraposición, las patrullas del Ejército y de la Policía Nacional eran presentadas en las aulas como fuerzas invasoras y opresoras. Se buscaba, con calculadora paciencia, que las nuevas generaciones crecieran sintiendo vergüenza de los uniformes que salvaron a la República.
La trampa conceptual detrás de este relato estriba en manipular la compasión humana para anestesiar la razón. Al equiparar el dolor de los familiares de las víctimas del terrorismo con la desazón de los deudos de los propios delincuentes subversivos muertos en combate, el progresismo borró intencionadamente la frontera moral entre el bien y el mal. No todo dolor equivale a inocencia, y mezclar en un mismo altar simbólico al héroe que dio la vida por la patria con el criminal que detonó un coche bomba es una aberración social. Esa falsa equidad destruye el cimiento ético sobre el que debe sostenerse toda sociedad civilizada.
Paralelamente, presenciamos la consolidación de un próspero circuito de oenegés y consultorías que convirtieron el dogma de la «memoria fragmentada» en un lucrativo medio de vida. Para estos sectores caviares, mantener viva la estigmatización contra nuestras fuerzas de orden no es solo un objetivo ideológico, sino un modelo de negocio institucional. Financiamientos internacionales y consultorías estatales perpetuas han dependido durante décadas de alimentar un juicio sumario e infinito contra las instituciones de la patria, bloqueando cualquier intento genuino de cierre de heridas o reconciliación real.
Cuando una sociedad acepta que su pasado sea dictado por una burocracia ideologizada, la noción misma de ciudadanía se debilita hasta resquebrajarse. La verdad objetiva exige documentar los hechos con rigor empírico, sin edulcorar los métodos del terror ni atenuar la crueldad premeditada de sus ideólogos. Al secuestrar la memoria, la izquierda privó a los peruanos del derecho a entender por qué triunfamos como nación frente al totalitarismo, sustituyendo la gesta heroica de la pacificación por un letargo de autocompasión y rencor social desintegrador.
Por esta razón, la respuesta de una derecha moderna, patriótica y con vocación de futuro no puede reducirse a meros cálculos contables ni a discursos tecnocráticos de gestión. El debate económico es fundamental, sin duda, pero resulta inútil si se pierde la batalla por las ideas y la cultura. La derecha tiene el imperativo histórico de asumir la defensa activa de la memoria histórica con convicción, demostrando que la paz y la prosperidad no son accidentes del destino, sino el fruto directo del orden institucional, el estado de derecho y la victoria sobre la subversión.
Frente a esta hegemonía, la postura de una derecha consecuente y moderna no debe ser el silencio ni la complacencia, sino la defensa frontal de la verdad, el patriotismo y la identidad nacional. Durante años, la derecha peruana cometió el error táctico de descuidar el terreno cultural, enfocándose exclusivamente en la gestión económica y el pragmatismo de las cifras. Pero los números no construyen nación ni alimentan el espíritu. La cultura y la historia son el alma de un pueblo, y si se cede la narración del pasado, se entrega sin combatir el diseño del futuro.
Defender la verdad histórica no significa encubrir excesos individualizados, pues la justicia debe caer con todo su peso sobre cualquiera que viole la ley. Significa defender la legitimidad moral de la República y de sus instituciones. La verdadera reconciliación nacional solo puede erigirse sobre la base de la verdad objetiva y la justicia; jamás sobre la distorsión del relato oficial impuesta por una elite burocrática que lucra con el dogma de los derechos humanos mientras vulnera el derecho de las grandes mayorías a honrar a sus verdaderos héroes.
Una patria fuerte necesita mirarse al espejo con orgullo, reconociendo el valor intrínseco de sus instituciones tutelares. El patriotismo no es un vestigio del pasado ni un concepto obsoleto; es el pegamento moral que cohesiona a una comunidad diversa frente a las amenazas de la descomposición social y el populismo demagógico. Reivindicar el papel de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional en la pacificación del Perú es un acto de estricta justicia histórica y un requisito indispensable para devolverle la confianza y el respeto a la autoridad en nuestra vida cotidiana.
Desmontar la hegemonía del relato oficial abre puertas hacia una estabilidad democrática firme y duradera. Cuando los ciudadanos comparten una visión clara de quiénes fueron sus agresores y quiénes sus defensores, se fortalece la confianza en las normas y en la convivencia pacífica. La verdadera reconciliación exige sanar el tejido social reconociendo la verdad completa, sin omisiones interesadas ni matices ideológicos, permitiendo que la justicia actúe con ecuanimidad y que el Estado recupere su solvencia moral frente a las futuras generaciones.
Este rescate de la identidad nacional proyecta enormes oportunidades para el desarrollo integral del Perú. Un país consciente de su historia, que honra su libertad y protege la legitimidad de sus instituciones, transmite seguridad jurídica, orden y previsibilidad tanto a sus ciudadanos como al mundo exterior. La fortaleza cultural de una nación es la mejor garantía contra las aventuras autoritarias y el desorden institucional, convirtiéndose en la piedra angular sobre la cual se edifica una sociedad próspera, libre y auténticamente soberana.
Recuperar la memoria es recuperar la identidad. Un país que avergüenza a sus jóvenes de su historia y de sus fuerzas de orden es una nación condenada a la fragmentación social y a la inestabilidad democrática. La derecha tiene hoy la oportunidad histórica y el deber moral de ofrecer una narrativa de cohesión y esperanza: el patriotismo no como una consigna vacía, sino como el reconocimiento de una herencia común, de un orgullo legítimo por la pacificación del país y por la capacidad del pueblo peruano de vencer a la barbarie sin capitular ante el absolutismo.
Es hora de desmontar los dogmas del progresismo caviar que han monopolizado la memoria. La verdad no pertenece a ninguna oenegé ni a comisiones con sesgo ideológico; pertenece a los ciudadanos que sufrieron el terrorismo y a quienes lo derrotaron en el campo de batalla y en la inteligencia policial. Solo restituyendo el respeto por nuestras instituciones tutelares y consolidando una identidad nacional firme, cimentada en la verdad histórica, podremos garantizar la estabilidad, la paz social y la libertad para las futuras generaciones de peruanos.
Comentarios Related Topics:batalla por la memoriapatria Don't MissEl ciudadano Hunter: un recuerdo en el centenario de su fallecimiento
Raúl Allain
Raúl Allain. Escritor, poeta, editor y sociólogo peruano (Lima, 1989). Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido incluido en antologías como Antología de poetas críticos (Cisnegro, México DF, 2019), Antología décimo aniversario de Lord Byron Ediciones (Liber Factory - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2013), Veinte poetas: muestra de poesía contemporánea (I.F.D. Editor; Lima, 2010), Poesía y narrativa hispanoamericana actual (Visión Libros - Lord Byron Ediciones, Madrid, 2010), Abofeteando a un cadáver (Bizarro Ediciones - Centro Cultural de España, 2007), entre otras. Sus textos aparecen en diversos medios literarios tanto nacionales como internacionales. Actualmente preside el Instituto Peruano de la Juventud (IPJ) y dirige el sello independiente Río Negro. Ha publicado Poéticas, Poiesis hispanoamericana: selección de poesía contemporánea, Eros & Tánatos: poesía y arte contemporáneos, entre otras antologías, ¡Yo no hice nada!: Sobre la idiosincrasia peruana, ¡Palaciego In Memoriam!: Selección de textos de Humberto Pinedo, así como el ensayo La cientificidad del consciente (Editorial Emooby, 2011). Premio Mundial a la Excelencia Cultural y Premio Mundial el Águila Internacional a la Excelencia Sociológica de la Unión Hispanomundial de Escritores (UHE).
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Opinión
El ciudadano Hunter: un recuerdo en el centenario de su fallecimientoLee la columna de Hélard Fuentes Pastor
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1 día agoon
04/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por: Hélard Fuentes Pastor
El pasado tiene misteriosas maneras de esconder a sus personajes. A veces los oculta entre las páginas de un periódico, en la inscripción que aún llevan esos artilugios que encontramos en las casas de antigüedades o en el nombre de una calle, de un parque, que ha sobrevivido al olvido. La historia, sin embargo, no desaparece: simplemente deja de ser buscada hasta que llega el momento propicio para volver sobre sus huellas. En esa tarea se ha internado Nexmi Daza Arenas, una periodista entusiasta y profundamente arequipeña, de esas que llevan con orgullo la insignia del alfeñique y que, por llevarla, se sienten acaso doblemente arequipeñas.
Aquel persistente interés de Nexmi Daza por los personajes locales —a los que dedicó varias crónicas y entrevistas en su quehacer periodístico— la condujo a un personaje cuya trayectoria transcurrió entre las postrimerías del siglo XIX y los primeros años del XX. Un hombre que, de no ser por su tupida barba, difícilmente podríamos reconocer entre los innumerables rostros que, con sus obras e ideales, hicieron de Arequipa y del Perú un lugar mejor. Y es que son tantos aquellos hombres y mujeres dignos de recuerdo que no alcanzan las páginas para contar sus hazañas ni para reconocer, en cada una de ellas, los valores que dieron sentido a sus vidas. Uno de ellos fue Jacobo Dickson Hunter.
Hunter —como terminaría popularizándose— no era, pues, un desconocido para sus contemporáneos. Su figura había alcanzado ya cierto reconocimiento a pocos años de su fallecimiento, al punto de celebrar, un 8 de septiembre de 1937, con relativa pomposidad el primer centenario de su nacimiento. La ceremonia fue presidida por el alcalde de la Municipalidad de Arequipa y tuvo entre sus principales intervenciones al distinguido Gustavo Corzo Masías, quien por entonces ejercía como concejal.
Son pocos los que, un siglo después, encuentran un segundo motivo para ser recordados. Hunter es uno de ellos. A la celebración del centenario natalicio se suma ahora, gracias a la agudeza y perseverancia de Nexmi, la conmemoración de los cien años de su fallecimiento, un 1 de septiembre de 1926. Y se realizó de la mejor manera: con la publicación de un libro que, a lo largo de más de un centenar de páginas, no solo reconstruye su historia de vida y la de sus antepasados escoceses —dando a conocer hasta el significado de los nombres y apellidos—, también se adentra en el distrito arequipeño que lleva su nombre.
Durante muchos años del siglo XX se creyó —y así lo sostuvo incluso el propio Hunter— que Jacobo había nacido en Edimburgo. Así lo consignó también el padre Santiago Martínez (1940) en su obra sobre los directores de la Beneficencia, como «Ecumburgo». La investigación de Nexmi Daza permitió, sin embargo, precisar el lugar de nacimiento: Madison, en los Estados Unidos, a orillas del río Ohio. El dato tiene algo de ironía. Aquel médico, pese a haber nacido lejos de Escocia, hizo de su ascendencia una parte esencial de su identidad.
Jacobo D. Hunter fue un médico afamado, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Agustín y miembro de la Beneficencia. Pero no bastaba con ser buen maestro o mejor cirujano. En él había algo que trascendía los títulos: la calidad humana de un hombre que quedó vinculado a la revista Escocia, en cuyas páginas hoy podemos atesorar la prosa de Francisco Mostajo.
Al parecer, era un hombre sencillo, poco dado a los elogios o a los grandes decires. Acaso nunca imaginó que sería la Ciudad Blanca la que, tiempo después, guardaría para siempre aquel corazón que palpitó al servicio de los demás, en uno de los pabellones del Cementerio de la Apacheta. Mucho menos pudo pensar que sería Nexmi Daza quien recogería su historia en un libro que comenzó a gestarse, quizá, como una inquietud juvenil que la llevó a fotografiar hermosos paisajes al noroeste europeo. Ella fue, al menos desde 2012 —hasta donde hemos explorado—, una de las principales difusoras de sus logros, incluidos los profesionales:
—¡Que publicó un artículo sobre la disentería! ¡Que estudió los abscesos hepáticos y propuso tratarlos mediante procedimientos antisépticos!… ¡Que demostró su destreza en las operaciones!
Como aquella intervención que La Bolsa —un periódico antiguo— calificó de «diestra» y que salvó la vida de una muchacha, esposa de un zapatero, al extraer de su vientre a una criatura que llevaba tres días muerta, en 1885.
Pero aquel amor por Arequipa, ciudad donde hizo su hogar y terminó por consolidarse como persona, se remonta a mediados de 1861, mientras convalidaba sus estudios en la Universidad de San Marcos, en Lima. Se cuenta que unos comerciantes extranjeros le ofrecieron trabajar en aquella ciudad, acaso porque ya conocían su experiencia cuando prestó sus servicios en el vapor Lima. Un registro de 1923, conservado en el Fondo de Prefectura del Archivo Regional de Arequipa (L. 1, Partida 173), permite corroborar algunos datos de su permanencia en el país: señala que este ciudadano había ingresado por un tiempo indefinido. Para entonces, Hunter frisaba ya la edad sexagenaria y tenía su domicilio en la calle Guañamarca 306 —hoy Rivero—, además de otras propiedades. No en vano, años antes había cedido terrenos para la apertura de un nuevo camino entre Tingo y Socabaya, en 1894.
¡Las hazañas son numerosas!
Pero Nexmi nos ha enseñado que no basta con decir que Hunter estudió en la prestigiosa Universidad de Edimburgo —como también se presume en la Guía de Oro de Arequipa de 1944— ni que trabajó junto al célebre médico Joseph Lister; que cultivó amistad y tuvo una polémica con un joven Edmundo Escomel, en torno a la naturaleza de una mortífera enfermedad (Héctor Valdivia, 2000). Tampoco basta con decir que fue perseverante, que quedó huérfano, o que, radicado en Arequipa, recorría las calles a caballo de silla para atender a los enfermos (Juan G. Carpio Muñoz). Ni que promovió la higiene en niños o atendió a pacientes de escasos recursos y prestó gratuitamente sus servicios como médico legista.
Una historia de vida, en realidad, no termina con la enumeración de los hechos que la componen. Se completa cuando esa existencia vuelve a hacerse presente en las generaciones que la sucedieron; cuando sus actos dejan de ser únicamente materia de archivo y se incorporan, de algún modo, al tránsito cotidiano de quienes habitan el lugar que atesora sus recuerdos.
Por eso, no basta con que el nombre de Hunter haya terminado designando una urbanización. Tampoco con celebrar su existencia, repetir sus hazañas médicas, sus estudios o los episodios que dieron prestigio a su trayectoria. Quizá lo verdaderamente importante sea preguntarnos qué queda de aquellos principios en una ciudad o un país que, un siglo después de su muerte, continúa recordándolo. En tiempos de violencia, de desentendimiento mutuo y de creciente enajenamiento social, acaso valga la pena volver la mirada hacia aquella disposición suya para atender al prójimo, no para imitar los gestos de otrora, sino para reconocer que algunas formas de humanidad no envejecen.
Eso es, quizá, lo que ha encontrado Nexmi Daza Arenas al volver sobre la vida de Hunter.
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Cómo potenciar los aprendizajes desde la primera infancia: El método Glenn Doman en Educación InicialLee l a columna de Marisol Verónica Giordano Silva
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1 día agoon
04/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Marisol Verónica Giordano Silva
La Educación Inicial constituye la etapa fundamental del desarrollo integral de los niños. En los primeros años de vida se construyen aprendizajes que serán la base para posteriores experiencias educativas. Como maestras de Educación Inicial, tenemos el desafío de ofrecer experiencias significativas, afectivas, lúdicas y respetuosas de los ritmos y características de cada niño.
Resulta importante conocer los aportes de Glenn Doman, quien desarrolló propuestas de estimulación temprana orientadas a aprovechar las posibilidades de aprendizaje de los niños mediante estímulos breves, claros, repetitivos y significativos. Su propuesta es especialmente conocida por el trabajo con palabras, imágenes, sonidos y otros estímulos que buscan favorecer la atención, la memoria y la asociación.
El valor de conocer el método Doman, para la Educación Inicial, no está en convertirlo en una fórmula para enseñar a leer precozmente, sino en rescatar aquellos recursos que pueden enriquecer las experiencias pedagógicas. En Educación Inicial, el niño aprende principalmente a través del juego, el movimiento, la exploración, la interacción, el lenguaje, el arte y el contacto con su entorno.
Las tarjetas de palabras, por ejemplo, pueden utilizarse como un recurso complementario para acercar a los niños al lenguaje escrito. Palabras relacionadas con su familia, sus compañeros, los animales, los alimentos, los juguetes o los espacios del aula pueden convertirse en oportunidades para observar, conversar, relacionar, interpretar y construir significados.
De esta manera, una palabra como “MAMÁ”, “AGUA”, “CASA” o “PELOTA” deja de ser simplemente un término que el niño debe memorizar y se convierte en parte de una experiencia significativa.
En el I Ciclo, donde los niños se encuentran en una etapa de intenso desarrollo sensorial, motor, comunicativo y socioafectivo, los principios de estimulación utilizados en propuestas como la de Doman pueden favorecer experiencias de observación, escucha, reconocimiento, interacción y enriquecimiento del lenguaje, siempre respetando el ritmo individual.
En el II Ciclo, especialmente a los 3, 4 y 5 años, estos recursos pueden articularse con experiencias de lectura compartida, cuentos, canciones, juegos de palabras, imágenes, dramatizaciones y situaciones cotidianas de comunicación.
El objetivo no debe ser que todos los niños aprendan a leer convencionalmente a una determinada edad. Lo verdaderamente importante es que desarrollen progresivamente el interés por los textos, amplíen su vocabulario, comprendan mensajes, expresen sus ideas y descubran que el lenguaje escrito cumple una función comunicativa.
Así, con el método Doman, tenemos una aplicación pedagógica adecuada que aporta oportunidades para fortalecer la atención y observación; el desarrollo del lenguaje oral; la ampliación del vocabulario; la memoria y asociación; la comprensión de significados; el interés por el lenguaje escrito; la discriminación visual y auditiva; la expresión y comunicación; la participación activa en experiencias de aprendizaje.
Pero, estos posibles aportes deben entenderse dentro de una propuesta pedagógica integral, pues una tarjeta por sí sola no genera aprendizaje significativo, pues solo será la intervención de la docente de Inicial, el contexto, la interacción y la experiencia del niño los ingredientes que convierte un recurso en una verdadera oportunidad educativa.
Lamentablemente, el método Glenn Doman no constituye una metodología oficial del Ministerio de Educación del Perú, pero su posible consideración en el Currículo Nacional podría comprenderse desde una perspectiva complementaria y articulada con los principios y enfoques de la Educación Inicial que promueve el MINEDU, ya que dicho currículo orienta el trabajo hacia el desarrollo de competencias y reconoce al niño como protagonista de sus aprendizajes.
En ese sentido, cualquier estrategia inspirada en Doman debe adaptarse a las características, necesidades e intereses de los niños y vincularse con situaciones reales y significativas de aprendizaje. Pues más que enseñar temprano, se debe enseñar con sentido. No pos mucho amanecer, se amanece más temprano, reza el adagio popular. Como maestra de Educación Inicial, considero que uno de los mayores desafíos no consiste simplemente en lograr que un niño reconozca muchas palabras, sino en conseguir que quiera comunicarse, que desee escuchar, que piense al preguntar, descubrir, imaginar, crear, aprender y leer.
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Mientras el crimen mata, el gobierno de Keiko sigue mirandoÓscar Arriola sigue enquistado en la PNP gracias a una ley que el propio fujimorismo aprobó. Mientras sus ministros de Interior y Defensa parecen buscar respuestas debajo de las piedras, Keiko Fujimori prefiere los TikToks y recomendar cómo cuidar el cutis. Un mes después, su gobierno sigue sin mostrar un plan nacional contra el crimen.
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1 día agoon
04/09/2026By
Luis Felipe Alpaca
Hace poco más de un mes comenzó un gobierno que asumió en medio del descontento de buena parte de la población. A grandes rasgos, Keiko Fujimori no era la candidata más deseada por más del 80% de los votantes peruanos. No olvidemos que en la primera vuelta apenas alcanzó el 17% de los votos válidos y que, en el balotaje electoral, terminó ganándole con las justas a otro indeseable, Roberto Sánchez, quien tuvo el atrevimiento de soñar durante unas semanas que podía ser presidente.
Pero aquí lo relevante no es el análisis electoral, sino las acciones inmediatas que todavía no emprende la señora presidenta. El partido de gobierno ha empezado todo un trámite burocrático para, supuestamente, emprender medidas destinadas a atender la salud, el fenómeno del Niño, la educación y la seguridad nacional. Es decir, pide facultades al Congreso como si el Ejecutivo no tuviera herramientas suficientes para comenzar a gobernar.
Y ahora el debate se concentra en los recientes asesinatos de cuatro personas que viajaban en la camioneta de un comerciante minero en Trujillo, quien fue secuestrado y posteriormente liberado. Se especula que la Policía estaría detrás de estos hechos porque existen elementos suficientes para investigar si hubo policías involucrados, colaboración policial o filtración de información, especialmente por el uso de indumentaria policial y la forma en que se ejecutó el ataque.
¿Por qué los asesinos llevaban uniformes similares a los del GRECCO para interceptar al comerciante de Pataz Jenss Lara y sus acompañantes? ¿Por qué tenían armas largas y actuaron con semejante coordinación? ¿De dónde obtuvieron las prendas policiales y cómo conocían el procedimiento operativo para realizar una falsa intervención policial? Son preguntas que no pueden responderse en una conferencia de prensa, frente a cinco detenidos puestos delante de las cámaras.
Por otro lado, el ministro de Defensa que nada sabe del sector se dio el lujo de interrogar a un joven presentado como supuesto sospechoso. Y el ministro del Interior, después de estos hechos sangrientos, estuvo ausente porque dijo encontrarse atendiendo asuntos familiares de salud. Sin embargo, el show continuó y se presentó a un grupo de retacos como los sospechosos. ¿Acaso creen que los peruanos somos estúpidos?
Lo más lamentable es que ahora el debate público se concentra en esclarecer este asesinato que, al parecer, vincula a organizaciones criminales con hegemonía en el norte del país, a la Policía y probablemente a grupos de la minería ilegal en Pataz. Sin embargo, ¿cuántas semanas o meses nos pasaremos viendo noticias relacionadas con este crimen en el norte?
Así ha ocurrido durante años. Acribillan a civiles y la prensa acelera la cobertura, los titulares se llenan de sangre y durante unos días o semanas todos hablan de seguridad. Pero después, como siempre, llega el silencio—aquí no pasó nada—el crimen permanece y el Estado vuelve a dormir.
Pasó en marzo de 2025 con el asesinato del cantante de cumbia ‘El Russo’ Paul Flores. Pasó luego en octubre pasado con el atentado contra el grupo Aguamarina, en el Círculo Militar de Chorrillos, y por eso, a los dos días—como para tapar el parche—el Congreso vacó a la indeseable de Chalhuanca.
Mientras tanto, no se ve el verdadero problema: medidas urgentes para combatir la criminalidad. Claro que sabemos que en un mes no se puede erradicar el crimen. Pero, por lo menos, ya se pueden tomar las primeras acciones y medidas públicas para iniciar una guerra frontal contra los extorsionadores y bandas criminales.
El debate público no debería girar únicamente en torno a esclarecer los hechos sangrientos del último fin de semana. Es hora de convocar a la sociedad civil, expertos, policías probos y experimentados en retiro y profesionales en criminalística e inteligencia para iniciar, de una vez por todas, un debate nacional que permita dictar medidas drásticas. Ya.
Pero, en lugar de eso, hace unas semanas vimos a una presidenta haciendo un TikTok y dando consejos sobre cómo conservar el cutis. ¿Por qué? Porque ya se evidenció que el Gobierno de Fuerza Popular no tiene un plan nacional de lucha contra el crimen.
Mientras tanto, tenemos a un Óscar Arriola enquistado en la Policía, gracias a que el propio fujimorismo aprobó en 2022 la Ley N.º 31570, que garantiza dos años al jefe de la PNP, y ahora pretende modificarla para poder sacar a Arriola.
Y aquí vale recordar la frase de Nayib Bukele en Costa Rica, que podría pintar de cuerpo entero lo que ocurre en nuestro país: “Si un Estado no vence a la criminalidad es porque el Estado es cómplice, o porque partes del Estado son cómplices.”
Un año antes, además, había señalado en su red social: “Cuando un gobierno no combate efectivamente la criminalidad, no es porque no tenga la capacidad de hacerlo, sino porque los cómplices de los criminales son los que están en el gobierno.”
Son palabras duras, pero en nuestro país todos los días asesinan, extorsionan y secuestran, mientras el Estado responde con trámites, discursos, conferencias y TikToks, demostrando no solo una feroz incapacidad de este Gobierno para enfrentar al crimen; sino, indiferencia total. ¿cuánto tiempo más vamos a permitir que quienes deberían combatir a los criminales sigan mirando hacia otro lado? Porque cuando el Estado no actúa ni reprime, el delincuente se siente en su casa e interpreta el silencio y la impunidad como permiso. Y un país que permite que el terror gobierne sus calles, termina descubriendo que el crimen se ha sentado en la mesa del poder.
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Diputado Yataco y la minería en NascaLee la columna de Edwin Cavello
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2 días agoon
04/09/2026By
Edwin Cavello Limas
En el Perú tenemos una extraordinaria capacidad para convertir lo absurdo en política pública. Basta que una actividad genere empleo para que, de pronto, todas las restricciones parezcan exageraciones de algún arqueólogo. El diputado José Yataco acaba de aportar su cuota a esta tradición nacional.
El parlamentario de Obras sostiene que en Nasca existen muchas familias que viven de la minería artesanal. Hasta ahí, nadie podría discutir la necesidad de escuchar a esas familias. El problema comienza cuando la frase parece convertirse en una licencia para mirar hacia otro lado cuando la minería se acerca peligrosamente a las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa.
Porque una cosa es defender a quienes necesitan trabajar y otra, bastante distinta, es defender que cualquier territorio pueda convertirse en zona de extracción. Si seguimos esa lógica, quizá mañana alguien proponga instalar una cantera en Machu Picchu porque alrededor hay familias que necesitan empleo. Y, si funciona el argumento, pasado mañana tendremos un estacionamiento frente a la Plaza de Armas del Cusco para dinamizar la economía local.
Yataco ha anunciado que durante su semana de representación podría reunirse con el ministro de Cultura, Alberto Beingolea, en Nasca. Excelente. Sería todavía mejor que la reunión no termine en la clásica fotografía de rigor, tres apretones de manos y una promesa de “articulación interinstitucional”, esa fórmula mágica con la que en el Estado se archivan los problemas sin resolverlos.
La realidad es menos fotogénica. Lima Gris ha corroborado la presencia de actividad minera en sectores cercanos a los geoglifos y el abandono de hitos colocados precisamente para proteger las áreas arqueológicas. El caso de la ladera de los Camélidos debería bastar para entender que aquí no estamos hablando de alguna fantasía.
Yataco dice que la minería es “prácticamente la actividad que mucho contribuye al desarrollo del país”. Puede ser. Pero el desarrollo también consiste en saber qué cosas no deben tocarse.
Las Líneas de Nasca no son un terreno vacío esperando comprador. No son una chacra ni un descampado con vocación minera. Son la huella de una civilización que sobrevivió siglos y que nosotros podríamos destruir en unas cuantas décadas.
Finalmente, me pregunto: ¿quiénes habrán financiado la campaña del diputado en Ica?
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Sexo adolescente y muerte en el Campamento Miasma (2026)Lee la columnade Mario Castro Cobos
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2 días agoon
04/09/2026By
Mario Castro Cobos
Con esta película de Jane Schoenbrun; queer, pop, encantadora, brillante, se me vino a la mente al instante ese payaso lacaniano y comunista -llamado Zizek- y también filósofo, con la muy realista idea, además de ser especialmente agradable, que afirma que, sin ficciones, la realidad (cosa que hablando más o menos en serio nadie sabe muy bien qué es) se derrumba, se viene abajo… Más aún (lo digo a riesgo de caer en una nota molesta de color local) si vives en Perú, añadiré, donde, en cine (y no solo en cine) la idea de realismo -hipócrita encima, para colmo- llega a un grado alucinante de idiotez patológica.
Me deleita que sea nada menos que la máxima utilidad (y el máximo placer que pueden dar) las ficciones lo que se celebra aquí sin cesar. Giro tras giro, escena tras escena, capa tras capa, no vemos más que eso: pero ojo, son fantasías intensamente vividas. ¿No será que las realidades se crean? Y no solo se reciben. Así que la metaficción no está en el aire: es quien cree que puede escapar de la ficción quien está soñando al creer que no está soñando.
Si una definición posible de trauma es la de recibir demasiada información… quizá la solución es permanecer dentro del feto (Sloterdijk diría esfera), vivir dentro de la ficción, y claro, de nuevo la pregunta es si se puede vivir en otra parte, así que la película apuesta y se solaza en estar cerca del agujero primordial de donde nacen o salen todas las historias y todos los mundos. Quizá no demasiado cerca, ya que el agujero (pequeña o gran muerte) puede tragarte. O será que quieres ser tragado, para ver si luego hay más…
En los ya clásicos análisis de personajes asesinos (tipo Masacre en Texas) se nos advierte que son niños que desviaron el poderoso flujo de su energía sexual por otro camino. En ese sentido, qué gran mérito hay en esta película integradora, que no niega lo más oscuro sino que lo abraza amorosamente en una fiesta de emoción, buen humor, música y muerte. ¡Hay que ver y aprender cómo lo hace!
¡Qué nostalgia tan fresca y tan viva, por paradójico que suene! Parecería extraño afirmar que esta película es dulce, pero es verdad. Por una erótica de la sangre y los fluidos…
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Opinión
Cusco Verde y Vigilante: La Refundación Ética y Ecológica del Sur AndinoLe la columna de T’ika Luizar Obregón
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2 días agoon
03/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por: T’ika Luizar Obregón*
El Cusco no necesita más promesas de cemento improvisado ni discursos huecos en tiempo electoral. Nuestra Región atraviesa una crisis histórica de corrupción institucional, de abandono del patrimonio tangible e intangible y de indolencia ante el cambio climático que exigen una urgente respuesta frontal, valiente y profundamente arraigada en la identidad andina. Tal y como luchamos en el caso Sheraton por la Defensa de nuestros Andenes Incas.
Se hace normal ver un Gobierno Regional tratado como botín presupuestal al servicio de intereses subalternos con recursos ejecutados a cuentagotas o que terminan sepultados en investigaciones fiscales camino a la prescripción e impunidad, mientras crece la precarización agrícola, el estrés hídrico y la postergación energética. Es hora de asumir con determinación una propuesta de gobierno que combine la solvencia legal, la defensa firme del patrimonio cultural, la economía sostenible y la transición ecologista e inclusiva.
1. Blindaje Patrimonial y Conectividad Global
Hablar de desarrollo regional mientras se tolera la depredación del legado histórico con autoridades que permiten y fomentan atentados urbanísticos, ecológicos, que aceptan el despojo de sitios sagrados y la mercantilización del espacio público es incoherente. Desde la Región estableceremos una fiscalización territorial estricta, erradicando la impunidad en todos estos casos y por supuesto de las infraestructuras que transgreden el centro histórico y las zonas arqueológicas. Esta preservación incluye la cultura viva, saberes ancestrales y la valorización del Quechua desde la gestión Regional.
Sin embargo, la preservación cultural debe articularse con la competitividad del siglo XXI: debemos conectar nuestra producción —granos andinos, café de La Convención, paltas y artesanías— con el Megapuerto de Chancay mediante redes logísticas y centros de acopio regional, garantizando que el pequeño y mediano productor sea el verdadero beneficiario.
2. Seguridad Energética: Gasoducto Sur y Energía Solar
Es indignante e inaceptable que el Cusco, cuna del recurso gasífero de Camisea, continúe pagando el combustible a precios elevados mientras se fortalece la infraestructura de la costa. Exigimos y lideraremos el destrabe definitivo del Gasoducto Sur Peruano como un anhelo histórico, así será la prioridad estratégica energética de soberanía y seguridad regional.
Complementariamente, impulsaremos la instalación masiva de paneles de energía solar en comunidades rurales y urbanas para reducir costos y garantizar luz limpia a cada hogar. La soberanía energética, combinando nuestro gas con la fuerza del sol andino, es la verdadera clave para industrializar nuestra región sin contaminar.

3. Emergencia Hídrica y Adaptación Climática
Ante la innegable emergencia hídrica decretada en el Sur del país, agudizada por el Fenómeno El Niño y las sequías recurrentes, no prometeremos abundancia irreal. Gobernar exige gestionar la escasez con rigor técnico.
“Ante la sequía y la emergencia hídrica en el Sur, gobernar el Cusco exige gestionar con rigor la escasez, sembrar agua en las alturas y garantizar la soberanía energética para defender la vida y la producción de nuestros pueblos.”
Nuestra prioridad será la resiliencia hídrica: siembra y cosecha de agua, riego tecnificado para la agricultura familiar, protección de cabeceras de cuenca y reforestación masiva con especies nativas para asegurar la producción regional.
4. Un Llamado a Florecer: Tu Voto por un Cusco Dignificado
La fiscalización comunitaria, legal y digital será el pilar de nuestra gestión. Impondremos transparencia total con audiencias públicas vinculantes y descentralizaremos el presupuesto hacia las provincias más postergadas. Asimismo, impulsaremos el turismo comunitario e crearemos el Fondo Regional de Innovación Verde para financiar a nuestros jóvenes profesionales y emprendedores rurales.
Hermanos y hermanas del Cusco, no dejemos que nos roben la esperanza ni el futuro de nuestros hijos. Este voto no es solo para elegir una autoridad, es un acto de valentía y dignidad para defender nuestra tierra, nuestras aguas y nuestra historia.
Te invito a sumarte con fe y firmeza a este proyecto Verde y Vigilante: ¡juntos haremos que el Cusco vuelva a florecer desde sus raíces! Voy con la V de la Vida.
Qosqo T´ikarinanpaq.
_______________________________
Abogada, ex Decana del Colegio de Abogados del Cusco, Ex Vice Presidenta de la Junta Nacional de Colegios de Abogados del Perú y defensora del patrimonio cultural.
Candidata al Gobierno Regional del Cusco por el Partido Demócrata Verde.
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El adiós a Lionel, el adiós a MessiLee la columna de Julio Aguilar
Published
3 días agoon
03/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Julio Aguilar
Aquellos que arrugan el rostro pensando en la última imagen de Messi desolado en la cancha del MetLife Stadium, tras perder la final del Mundial 2026 ante España obcecados acaso por un fanatismo ciego y urdiendo teorías conspirativas , harán bien en abandonar esta despedida. Una despedida que abrazará al rosarino como ídolo contemporáneo y no al hombre que tenía la obligación de ser la continuación de Maradona. Porque Messi no jugó al fútbol para ser Maradona ni para ser el nuevo caudillo argentino; jugó al fútbol porque le divertía hacerlo, no por simple obligación.
Lo digo porque Lio fue una víctima. ¿De quién? ¿De mí, de usted? No lo sé. Tal vez de las críticas y los ataques que se le hicieron sin piedad alguna durante casi toda su carrera, sobre todo en Argentina, en donde se le pidió ser el salvador del balompié nacional que parecía hundirse bajo el peso de ser el nuevo gigante dormido. Al no ser capaz de cumplir las expectativas de todos nosotros, lo juzgamos, lo crucificamos y se le tachó de antipatria, de pecho frío y de cometer el peor de los pecados: no ser Maradona.
El cúmulo de la carga emocional fue tan grande que el ’10’ amenazó con dejar la selección tras lo que fue el fracaso de la final de la Copa América Centenario en 2016. Afortunadamente, la vida —tan impredecible como justa— supo recompensar el esfuerzo y la persistencia del niño que solo deseaba ganar algo con su país. Dos Copas América, una Finalissima y un campeonato del mundo fueron el premio a tan extraordinaria carrera. Lo que este hombre le dio al fútbol es extraordinario.
Hoy, a más de un mes de aquel partido en Nueva York y con la tragedia de la muerte de su padre de por medio, la Pulga el barrilete cósmico de la generación Z anuncia su retiro de la Selección Argentina, cerrando el círculo que comenzó hace dos décadas en el Mundial de Alemania con ese gol ante Serbia y Montenegro. En la carta que mostró esta mañana escribió: «Me vacié; ya no tengo nada más para dar». Hay un sinsabor que encierran estas palabras porque se va estando en lo más alto de su carrera, con posibilidades de seguir jugando quizá unos cuantos partidos u otra Copa América. Esto lo hace aún más doloroso porque jugó el último Mundial por petición de Jorge, su papá, y en parte negándose a aceptar que el tiempo pasa para todos, incluso para los héroes. Si el fútbol es universal, Messi también lo es; e inequívocamente argentino.
Me embarga cierta melancolía saber que mi ídolo se va. No conozco un fútbol sin Messi; costará mucho ver un partido de Argentina y saber que no estará en la cancha, ver que alguien más lleva la 10 en su espalda. A diferencia del 2016, no se va con la frente marchita: se va ganando, con el cariño de la gente, habiendo cumplido el sueño del pibe. Se marcha vencido por la naturaleza de la vida y no por cobardía; no necesita ya justificar el peso de una camiseta que parecía maldita. Peleó y ganó.
Como dijo Cerati: «Tardó en llegar, pero al final hubo recompensa».
Las gestas del Maracaná, de Wembley y de Lusail no son más que el epílogo perfecto que celebran a un artista formidable, el Miguel Ángel del fútbol. En la admiración y en la pena caben distintos tipos de emoción. Hoy hasta la pelota, el juguete más comunitario que existe, se sentirá más sola y llorará desconsolada a su dueño.
Adiós, gran Capitán.
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Keiko jugando con las muñecasLee la columna de Tino Santander Joo
Published
3 días agoon
02/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Tino Santander Joo
Keiko, sigue jugando a las muñecas. Indudablemente, ya no usa las de plástico de los años noventa ni tiene un Kent rubio y de ojos claros; ahora tiene a un Kent cholo como Juan Sheput y a un “Chicho bello” como Belaunde Llosa. Con ellos busca proyectar la imagen de una “mamá buena” y tolerante, haciendo aparecer que sus muñequitos son los únicos que siempre tomarán el té y serán obedientes con los tíos de los grupos de poder económico que gobiernan el país.
En Puno, los comerciantes de Juliaca están atentos a los mensajes y videos en las redes sociales quieren ver a “la Keiko” mimetizada de campesina comunera, de madre soltera, de mujer trabajadora o de obrera minera. Además, siempre está rodeada de sus muñecos, a quienes cortésmente les da disposiciones inmediatas sobre las amplias demandas populares y regionales. Keiko no ha cambiado sus muñecas por las redes sociales, como diría Freud; al contrario, sigue jugando como una niña o una púber desorientada que no sabe dónde está parada. Si utilizáramos una metáfora futbolística, diríamos que es “equipo chico” que quiere jugar en la Champions League cuando solo está para segunda división de la liga local.
Mientras tanto, en Puerto Maldonado, caminando por la trocha carrozable que lleva al aeropuerto, escuchamos en la radio al ministro Cuba, quien celebra que el PBI creció 3%, no se da cuenta de que es una burbuja, porque, la construcción y el consumo limeño y de las grandes ciudades oculta que la producción regional (agro y pesca e incluso minería) están estancados por el abandono estatal y el clima. No dice que el 85% de los peruanos viven en la informalidad, que más de diez millones de peruanos no tienen agua ni desagüe. Además, condena el gasto social, porque rompe las reglas fiscales, tratando de quedar bien con los organismos internacionales manejados por la tecnocracia norteamericana.
La minería es la garantía para elevar el gasto social y podría hacernos crecer a un ritmo del 7% anual. Sin embargo, debemos tener claro que no podemos seguir exportando solo piedras; es urgente generar valor agregado mediante la construcción de una planta metalúrgica en Espinar, Cusco. Además, se requiere un protocolo de inversión social claro que otorgue verdadera licencia social a los proyectos mineros. Este debe consistir en entregar a las comunidades, municipios y otras instituciones estatales el 12% de la inversión total del proyecto. Esto marcaría el inicio de una inversión social pública real y evitaría la confusión generada por los Estudios de Impacto Ambiental (EIA), los cuales pretenden que las empresas sustituyan al Estado en todas sus obligaciones, creando falsas expectativas en las comunidades y pueblos donde se produce la inversión.
Mientras los muñecos de Keiko juegan a la ronda, el lobo del oligopolio bancario sigue cobrando las tasas de interés más altas de Hispanoamérica, el monopolio de la salud se ríe del ministro del sector, las medicinas son carísimas; los diputados y senadores permanecen preocupados únicamente por sus oficinas y prebendas. Nada ha cambiado en el Parlamento: sigue siendo un ente burocrático y corrupto.
Finalmente, la lucha contra el crimen organizado no es una pelea callejera contra el lumpen urbano; se trata de que el Estado recupere la soberanía en los inmensos territorios ocupados por la minería ilegal, el narcotráfico y la tala ilegal. Hoy no hay nada de eso. El ministro del Interior está asustado: no habla, no opina, no existe. Solo sabemos de él por un retrato suyo colgado en alguna comisaría abandonada.
Recuerdo estos versos del poeta Salvador del Río: “Gobernar es un té de porcelana, / mientras el lobo cobra los intereses / y el Perú se desangra en la trocha”. El poeta acierta. La política actual es un juego infantil, ciego y sordo frente al terrorismo de los bancos y ante el abandono en el que viven millones de compatriotas. No olviden que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista.
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