Al atender la videollamada, Edward Furlong está sentado frente a un cuadro en el que un hombre con cabeza de cubo Rubik se dispara. Saluda, hace una pausa, busca la palabra exacta y da un sorbo a su cerveza. Tiene 49 años, pero basta pronunciar el nombre de John Connor para que su mirada viaje treinta y cinco años atrás, hasta 1991, cuando se convirtió en uno de los rostros más reconocibles del cine de ciencia ficción. Ahora, “Terminator 2: El juicio final” vuelve a las salas de cine, y con ella regresa, de algún modo, aquel muchacho.

En la película, John no era todavía un héroe, sino un adolescente rebelde que vivía con padres adoptivos mientras su madre, Sarah Connor, permanecía internada en un hospital psiquiátrico. Hasta que dos máquinas llegaron del futuro a buscarlo: una para matarlo y la otra —un T-800 interpretado por Arnold Schwarzenegger— para protegerlo. Detrás de la cámara estaba James Cameron, que convirtió la secuela de “The Terminator” en una apuesta de 102 millones de dólares.

Furlong junto a Arnold Schwarzenegger en una de las escenas de “Terminator 2”, donde John Connor establece una relación decisiva con el T-800 enviado para protegerlo.
Furlong junto a Arnold Schwarzenegger en una de las escenas de “Terminator 2”, donde John Connor establece una relación decisiva con el T-800 enviado para protegerlo.

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