Política05 Sep 2026 | 2:26 hHéctor Béjar: “Yo soy un sobreviviente, yo no merecía estar vivo. Yo debí morir hace muchos años”

En esta conversación, el excanciller de Pedro Castillo hace un balance de la relación entre el nuevo Congreso y el gobierno de Keiko Fujimori, describe a la izquierda actual y habla de su pasado como miembro de la guerrilla del ELN.

El último libro de Béjar, "Así llegamos a esto" (Achawata, 2026), fue presentado en la FIL. | Félix Contreras/La República.Foto del autorEmilio CamachoEscucharResumenCompartir

Héctor Béjar nos recibe en su departamento de Jesús María un día antes de su cumpleaños número 91, con la memoria intacta y el hablar pausado de un hombre que pasó mucho tiempo dictando clases. Su rutina diaria es leer, escribir, tomar apuntes a mano y pintar. Un cesto con tubos de pintura y un caballete que se exhibe en un patio interior de su casa dan cuenta de esa última afición. “Es mi vicio”, dice. El excanciller de Pedro Castillo e integrante de la guerrilla del ELN escribió recientemente Así llegamos a esto (Achawata, 2026) un conjunto de ensayos breves en los que ofrece su punto de vista sobre hechos decisivos de nuestra historia. Son las reflexiones de un viejo antisistema, que por ratos se refugia en sus recuerdos y en el color.

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¿Ha escuchado al gobierno de la señora Fujimori cuando dice que las citaciones a los ministros son prematuras? ¿Qué siente cuando escucha eso?

 

Bueno, yo, como todos los peruanos que estamos más o menos enterados, sabemos que esta es una historia antigua. Es decir, no estamos frente a un gobierno reciente. Este gobierno tiene varios años de antigüedad. Si usted cuenta desde el año 90, tiene 36 años de vida.

 

Habla del sistema que impuso el fujimorismo.

 

Sí, usted tiene el primer fujimorismo, luego los que dijeron que iban a poner el segundo piso al fujimorismo, luego el tercer piso, el cuarto piso y hoy estamos ante un rascacielos.

 

Ahora, yo le preguntaba por esta actitud del fujimorismo, que pide paciencia, que no llamen a sus ministros, porque su caso fue parecido. Usted fue uno de los primeros ministros del señor Castillo que estuvo a punto de ser interpelado.

 

Sí, pero con la diferencia de que yo quería ser interpelado, pero no me dejaron ir a la interpelación.

 

Vaya, las circunstancias son parecidas. Entiendo que la citación en el Congreso era porque usted anunció que el Perú salía de lo que se llamaba el Grupo de Lima.

 

Bueno, yo anuncié algo que ya había pasado, porque el Grupo de Lima existió, como usted sabe, promovido por el presidente Kuczynski y el primer Trump. Y luego de eso hubo cambios en las presidencias, ya no estaba Piñera en Chile, por ejemplo. Y el Grupo de Lima, en la práctica, dejó de existir. Yo llegué y simplemente le canté el responso, nada más.

 

La oposición ahora mismo quiere citar al canciller Espá, porque él quiere adherir al Perú al Escudo de las Américas de Trump. Podría pasar que otro canciller sea el primer ministro citado en la nueva administración.

 

Podría ser. En realidad, a mí no me querían. Lo mío despertó la histeria de lo que se hace llamar derecha peruana.

 

Bueno, inmediatamente después de la citación aparecieron las declaraciones que usted dio en las que sostenía que la Marina había desarrollado los primeros métodos terroristas.

 

Ellos buscaron esas declaraciones, que eran muy antiguas. No eran declaraciones públicas. Era una conversación con un grupo de chicos de la Universidad de San Marcos. Y ellos extrajeron de allí una frase y la pusieron en primer plano. Antes de eso me habían acusado de ser asesino en serie, o que había matado al hermano del obispo de Huancayo. Yo nunca he estado en Huancayo, por lo menos en esa época. Había una campaña contra mí feroz.

 

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Ahora, quiero entender esta declaración sobre la Marina. ¿En verdad cree que ese instituto fue el que desarrolló los primeros métodos terroristas en el país?

 

Bueno, el terrorismo es una metodología que aplica mucha gente en muchas partes del mundo. Ahora mismo está siendo aplicada en otras partes. Y, bueno, hubo actos que la Marina aplicó en la segunda mitad de 1974. Toda la serie está en los periódicos de la época, también está en La República.

 

La República no es tan antigua.

 

Ya, entonces corrijo, borro todo. Pero ya existía Expreso, el otro Expreso.

 

Ahora, esta declaración sobre la Marina, poniéndose en los zapatos del gobierno de Castillo, era indefendible. El gobierno no podía enfrentar a dos instituciones del Estado, ¿lo tiene claro?

 

Bueno, eso tiene dos partes. Una parte son las declaraciones mismas que surgen, como le repito, de una frase pronunciada en una conferencia que no era pública. Esa es una parte del asunto. Y la otra parte era que la Marina era parte del gobierno del presidente Castillo, y los jefes de los institutos armados no tienen facultad de discusión. Sin embargo, sacaron un comunicado público. Y usaron al procurador del Estado, que debía defenderme a mí, para atacarme. Y luego se presenta el pliego interpelatorio, cuya primera pregunta era: ¿Ha conocido usted al Che Guevara?

 

Y la respuesta a esa interrogante es sí.

 

Ya no respondí nada, pero yo quería ir. No me dejaron.

 

Luego de eso, ¿qué hizo? ¿Volvió inmediatamente a San Marcos o se tomó un tiempo?

 

Luego de eso me tomé un tiempo, yo ya no estaba en San Marcos. Luego retorné a mis actividades, como hasta hoy. Editar libros, escribir, eso es lo que hago. Mire, formalmente yo soy profesor extraordinario de San Marcos. Eso significa que, por ser mayor de 70 años, ya no puedo ser un profesor a tiempo completo, pero sí puedo pedir que me den una carga académica, cosa que no he hecho, por supuesto.

 

¿Qué representa para usted San Marcos?

 

Representa todo, es mi mamá. Porque yo soy sanmarquino en todo.

 

Cuando estuvo en las aulas como maestro, ¿los muchachos le preguntaban por su experiencia en la guerrilla del ELN?

 

Claro, por supuesto, yo he hecho cursos de historia en la universidad. Y por supuesto en la historia tocábamos también esa etapa.

 

Alguna vez en, San Marcos, ¿algún colega suyo, algún profesor dijo: “Cuidado con Béjar, este hombre tiene ideas sediciosas”?

 

No, para nada. Yo tengo que reconocer que San Marcos siempre me trató con mucho cariño. Y yo en realidad me había ausentado de San Marcos muchos años. Yo abandoné San Marcos cuando terminé mis estudios allá por el año 59.

 

Y volvió en los 90.

 

Claro, regresé formalmente en esa época. Pero siempre fui muy bien recibido por todos.

 

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Y en la izquierda, ¿también ha sido bien recibido? ¿O algunos de sus compañeros han dicho: “Béjar tiene algunas ideas antiguas que no compartimos”?

 

Bueno, en una época fui muy atacado por la izquierda, cuando estaba con el presidente Velasco.

 

Cuando estaba en SINAMOS.

 

Sí, luego eso pasó, vino toda la época del fujimorismo. Y después poco a poco nos fuimos acercando hasta hoy día. Yo tengo amigos en todos los grupos en ese momento.

 

¿Y qué piensa de la izquierda actualmente? En el Congreso hay al menos cuatro grupos que se podrían reclamar de izquierda, pero creo que las diferencias más que ideológicas están en la procedencia, hay una izquierda limeña, hay una izquierda de las regiones.

 

Y además son diferentes historias y varias generaciones. Siempre he dicho que son izquierdas, no es solo una izquierda la que hay. Y, por supuesto, también hay contradicciones, hay gente buena, gente mala, gente regular, como en todos los ambientes sociales del Perú. Y en la medida en que la izquierda ha crecido, porque ha crecido muchísimo, espectacularmente según yo, eso tiene sus pros y sus contras. En la medida en que es mayor su número, también forman parte de la sociedad, y entonces hay de todo. Y las fronteras no existen, porque en la izquierda tradicional la frontera era el partido. Se juraba ser militante, se estaba ahí, sometido a un estatuto. Ahora eso ya no hay. Hay partidos, hay semipartidos, hay clubes, hay centros, hay de todo. Y de los leales ciento por ciento, como diría Vallejo, hay pocos.

 

¿Cómo diría que le fue a la izquierda en la última elección presidencial?

 

Yo creo que le fue muy bien, yo creo que ganó.

 

¿Por el recuerdo de Pedro Castillo?

 

Eso contribuyó. Mire, yo siempre he distinguido entre la izquierda política y la izquierda social. Es decir, la izquierda política son los partidos formales, inscritos, ahí están en el Congreso. La izquierda social es la gente, es el pueblo, que no necesariamente tiene ideas de izquierda, pero que en la geografía política del país está a la izquierda. Y eso último ha sido en gran parte Castillo, eso es Puno, eso son los aimaras, eso son las comunidades indígenas.

 

Bueno, pero también hay una izquierda urbana. Y no hablo de Lima, hablo de la ciudad de Ayacucho, de la ciudad del Cusco.

 

Sí, en la sierra, por supuesto. Ese conjunto de gente, según yo, descontenta, que tiene un profundo malestar con lo que está pasando, es mayoría en este momento en el Perú.

 

¿Y ese es el bolsón de la izquierda?

 

En ese bolsón actúa la izquierda. Ahora, por supuesto que ellos no son mentalmente ni ideológicamente de izquierdas. Incluso usted puede pensar hasta qué punto la izquierda política también es izquierda, porque también hay gente que refleja el problema de que, en el Perú, las ideas se han separado de la conducta. Usted tiene una conducta y unas ideas, y a veces tiene conducta, pero no tiene ideas.

 

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En 2014 tuvo un problema médico, un cáncer me parece.

 

Sí, tuve un linfoma en el abdomen. Recibí quimio todo el año y superé el tema.

 

Y aprovechó ese tiempo para escribir su libro Retorno a la Guerrilla.

 

Exactamente, sí. En cada enfermedad he escrito un libro.

 

¿Cómo?

 

Claro, porque el primer borrador de Retorno a la Guerrilla lo escribí cuando me descubrieron un huevo de parásitos en el pulmón izquierdo.

 

Caray.

 

Estuve prácticamente todo el año bajo atención médica. Fui operado el año 89, fue una operación de alta cirugía, de la cual quedé perfecto. Pero eso, como me inmovilizó, hizo que haga el primer borrador, sobre el cual trabajé ya con el cáncer.

 

Cuando presentó Retorno a la Guerrilla declaró lo siguiente: “Nunca salí de la guerrilla sentimental e intelectualmente”.

 

Exactamente.

 

¿Por qué?

 

Porque yo estoy contra el sistema, yo soy un antisistema. Así me declaro y lo he dicho siempre. Creo que el Perú tiene un sistema de pudrición absolutamente corrupto que hay que diferenciar de la sociedad. Y yo no estoy con eso. Y yo sé lo que me cuesta decir eso.

 

También llegó a decir, cuando presentó su libro, que se sentía en deuda con sus compañeros de la guerrilla.

 

Totalmente. Yo trabajo por ellos. Todo lo que hago es tratando de pensar en ellos, porque yo soy un sobreviviente, yo no merecía estar vivo. Yo debí morir hace muchos años, fui el único sobreviviente de la última guerrilla. Entonces, yo siempre digo qué pensarían ellos si yo estuviera, por ejemplo, como diputado. Se morirían de risa de mí. Me dirían...

 

…Eres un burgués.

 

No, me dirían para qué hicimos todo esto, si luego ibas a estar en el Parlamento. Por eso es que yo nunca he sido candidato a nada en el sistema, ni lo seré.

 

¿Y entonces por qué aceptó ser canciller?

 

Porque creí, como creí en la época de Velasco, que venía un proceso que podía ser revolucionario. Está claro que me equivoqué.

 

¿Qué pensaba del señor Castillo?

 

Yo no tengo una idea clara de él porque tuvimos una relación muy fugaz. Estuve solo 19 días en la Cancillería. Mire, yo pensaba en el proceso y quería ayudar a eso. Pero me equivoqué, era una cosa mucho más complicada de lo que yo pensaba.

 

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Hablando de la guerrilla, ¿cuándo fue el momento en el que se dio cuenta de que la guerrilla iba a fracasar?

 

Yo no tuve una sensación de fracaso, pero sí me di cuenta desde el comienzo, desde que pisé una comunidad campesina de verdad, que había problemas. Lo que yo pensé, y otros compañeros pensamos, era alargar nuestra estadía en el campo y generar una situación en la cual pudiéramos formar una vanguardia campesina. Es decir, yo fui cambiando la idea de guerrilla cubana que tenía al comienzo por la idea mexicana. Es decir, pensar en un campesinado armado que luche para ellos.

 

Pero los campesinos no estaban en esa misma línea de pensamiento.

 

Sí y no, nunca lo discutimos a fondo. Nuestro grupo era muy abierto, porque no éramos un partido. Pero, bueno, nos ganaron y no tuvimos tiempo. El Ejército reaccionó más rápido de lo que esperábamos y nos aniquilaron. Las guerrillas duraron muy poco, es un proceso que dura desde el 63, que empezamos, y no superamos los tres años.

 

¿Vio morir a algún compañero?

 

Sí, a un compañero, Edgardo Tello

 

Luego de que el Ejército intervino, ¿usted fue detenido?

 

El Ejército interviene, matan a todos los compañeros, no queda uno vivo. Yo escapo con otro compañero, y un par de meses después retorné a Lima. La Policía no podía creer cómo había podido llegar a Lima. Los agentes me conocían desde la época de la lucha universitaria, cuando nos vigilaba seguridad del Estado.

 

A partir del 75, después de que usted deja de trabajar con Velasco, empieza a trabajar con comunidades campesinas.

 

Claro, así es. Y formamos las ligas agrarias, las federaciones campesinas, llegamos a formar una confederación y logramos que se instale en el Congreso, lo cual era un acto simbólico tremendo, porque eran las ideas de la guerrilla puestas sobre la mesa. Porque lo que nosotros queríamos es que ese mundo campesino, que era mayoría en esa época, forme parte de una república nueva en el Perú. Para nosotros el socialismo era eso.

 

¿Y qué pensaba Sendero de la experiencia guerrillera que ustedes habían tenido?

 

Para ellos éramos unos burgueses tontos, eso éramos nosotros. Éramos unos ingenuos para ellos, que creían que la guerra había que hacerla con normas. Y la guerra es la guerra. Si vas a la guerra, vas a matar. Eso era la posición de ellos. Está escrito.

 

¿Los veían como enemigos?

 

Sí, por supuesto, porque éramos una parte de la burguesía.

 

¿Qué piensa cuando escucha eso de que la izquierda no deslindó a tiempo de Sendero, de sus ideas a favor de la lucha armada?

 

Eso es cierto. Yo creo que hubo un momento de desorientación, de sorpresa. Hubo quienes hablaban de los compañeros equivocados y todo lo demás. Ahí están los periódicos donde se dice eso. Eso sí se puede ver en La República. Como le digo, hay un primer momento de desorientación en todo el país. Fue un fenómeno nuevo para todos. Desgraciadamente fue nuevo por falta de preparación, por falta de orientación política, por falta de estudio. Porque ese mismo hecho se estaba dando en otros países en el mundo, con grupos parecidos. Es el momento en que empieza la lucha en Afganistán y en algunos países de África, eran grupos abiertamente terroristas. Y no se tuvo esa percepción. Sendero no fue un fenómeno nacional solamente.

 

Y la izquierda no estuvo atenta.

 

No estuvimos todos. El grupo mío, yo estaba en un instituto en esa época, fue uno de los primeros que reaccionó en contra. Señalamos claramente que eso era terrorismo, y que el terrorismo era inaceptable. No digo nada contra los que demoraron un poco, porque no tuvieron la culpa tampoco, pero después tuvieron que aceptar esa situación.

 

Ya que estamos hablando del pasado, también está muy presente el tema de la memoria en la discusión política. De hecho, el LUM se quiere pasar del ministerio de Cultura a Justicia.

 

Lo que digo yo es que, primero, quieren borrar la memoria, y dos, quieren inventar una nueva versión de todo. La película sobre la Universidad de Educación, sobre la matanza de los chicos en la Cantuta, es un primer ensayo. Pero eso va a continuar, sin duda. Ellos van a reescribir libros, manuales, van a hacer videos, van a hacer películas. Es lo que siempre han querido hacer y ahora lo van a hacer.

 

Y el Lugar de la Memoria es un paso más.

 

El Lugar de la memoria es un estorbo para eso. Y lo cerrarán o lo cambiarán totalmente. Será otra memoria, falsa.

 

Sacó un nuevo libro: Así llegamos a esto.

 

Sí.

 

Hay dos frases del libro que me llamaron mucho la atención: “El crimen es un compañero del poder” y “Las élites globales de hoy siguen siendo bárbaras”. Explíqueme un poco ambos conceptos.

 

Yo creo que el mundo en general, que creyó que había llegado la civilización, ha retornado a la barbarie. Estamos viviendo una época de barbarie. Es decir, años de desarrollo económico, de desarrollo social, años de construcción de un aparato de derechos humanos, han quedado inútiles. Porque los poderes grandes, los poderes que manejan el mundo, ligados al crimen, por supuesto, quieren retornar a la etapa anterior a la Revolución Francesa. Y eso lo han dicho muchas veces. La Declaración de los Derechos Humanos les sobra. En la práctica ha sido derogada. No existe. Y en ese momento no existe ley internacional. Y hay que aceptar también que lo máximo que el ser humano llegó a tener es una ley internacional a medias. Porque las Naciones Unidas nunca fueron un instrumento de decisión obligatoria. Siempre fue algo que usted si quería aceptaba y si no, lo rechazaba.

 

Es el fin de la multilateralidad.

 

Totalmente. Es el fin del multilateralismo, de lo que ellos llaman la agenda woke, de todas las conferencias de Naciones Unidas, de todo lo que significa derechos. Ellos quieren una súper oligarquía global, basada en la tecnología, la riqueza extrema y un pueblo inerme.

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