El Niño ya está firmemente establecido en el Pacífico tropical y los pronósticos indican que seguirá fortaleciéndose durante los próximos meses, posiblemente hasta niveles excepcionales.

La Organización Meteorológica Mundial calcula una probabilidad cercana al 100%  de que el fenómeno continúe activo hasta febrero de 2027 en el Pacífico.

Eso no significa que exista una certeza casi absoluta de un “super El Niño”, sino que es muy probable que el episodio siga presente durante varios meses más.

La intensidad también está aumentando rápidamente. En agosto, los modelos climáticos estimaban más de noventa por ciento de probabilidad de alcanzar una categoría muy fuerte.

Las temperaturas del océano Pacífico central y oriental ya superan ampliamente los valores normales, proporcionando la energía necesaria para que el fenómeno continúe intensificándose.

En algunas zonas del Pacífico tropical, la superficie del mar está más de dos grados por encima del promedio, una señal asociada con episodios intensos.

Bajo la superficie también existe una enorme reserva de agua caliente, que puede alimentar durante meses el calentamiento del océano y mantener activo El Niño.

Para América del Sur, uno de los países más expuestos es Perú, especialmente porque el calentamiento del Pacífico puede modificar fuertemente las lluvias regionales.

En la costa norte peruana aumenta el riesgo de precipitaciones intensas e inundaciones, mientras algunas zonas de los Andes podrían enfrentar escasez de agua.

Chile también podría experimentar efectos muy diferentes dependiendo de la región, con exceso de lluvias en algunas zonas y condiciones secas en otras áreas.

Estos contrastes ocurren porque El Niño altera la circulación atmosférica y desplaza los patrones normales de lluvia, pero sus efectos no son iguales en todas partes.

Un episodio muy fuerte tampoco garantiza automáticamente desastres extremos, porque las lluvias dependen de otros factores atmosféricos y oceánicos que pueden reforzar o reducir impactos.

El término “super El Niño” se usa mucho en medios, pero no corresponde a una categoría científica oficial utilizada por los principales organismos meteorológicos internacionales.

Los científicos prefieren hablar de eventos débiles, moderados o fuertes según cuánto aumente la temperatura del Pacífico y cómo responda la atmósfera durante varios meses.

La preocupación actual proviene de que los modelos muestran un fortalecimiento extraordinariamente consistente y las temperaturas oceánicas continúan aumentando mientras el fenómeno todavía no alcanza máximo.

La OMM espera que El Niño llegue a su punto más intenso hacia finales de 2026, aunque sus consecuencias podrían prolongarse durante buena parte de 2027.

Además de inundaciones y sequías, el fenómeno puede afectar agricultura, pesca, suministro de agua, salud pública e infraestructura en diferentes países de América Latina.

Perú resulta especialmente sensible porque El Niño puede calentar las aguas costeras, afectar la pesca y generar lluvias extraordinarias en regiones normalmente bastante secas.

En Chile, los impactos podrían variar entre norte y sur, obligando a prepararse simultáneamente para posibles periodos secos y episodios de precipitaciones intensas regionales.

Por ahora, las agencias meteorológicas están reforzando los sistemas de alerta temprana, porque este episodio podría convertirse en uno de los más intensos registrados desde 1950.

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