Durante años, BTS avanzó como un solo cuerpo. Siete voces, siete rostros y una coreografía milimétrica detrás de una misma historia. Hasta que llegaron la pausa, el servicio militar obligatorio y los proyectos individuales. Por primera vez, cada uno tuvo que aprender a caminar sin los otros. Y luego tuvieron que aprender a volver. No exactamente al lugar que habían dejado, porque ninguno era ya el mismo.

Esta semana, mientras BTS ocupa durante cuatro noches el SoFi Stadium de Los Ángeles con su gira mundial “Arirang”, algo de esa transformación ha quedado expuesto sobre el escenario. RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jung Kook continúan ejecutando las coreografías y el espectáculo monumental que los convirtió en uno de los fenómenos musicales más importantes de su generación, pero ahora también se permiten soltarse, conversar, bromear y existir con mayor individualidad dentro del grupo.

Raíz coreana

BTS volvió este año con “Arirang”, su primer álbum grupal después de tres años y nueve meses. Son 14 canciones en las que los siete participaron activamente y que, según BIGHIT MUSIC, recogen emociones y pensamientos surgidos durante este largo periodo de separación. La compañía presentó el disco no solo como un regreso, sino como el punto de partida de la siguiente etapa del grupo.

El título tampoco parece casual. “Arirang” es una de las canciones tradicionales más representativas de Corea, y el nuevo BTS juega justamente con esa tensión: cuanto más global se vuelve su música, más visible parece hacerse el lugar del que proviene.

En Los Ángeles, esa identidad aparece incluso dentro de un espectáculo construido para enormes estadios. El crítico Mikael Wood, de Los Angeles Times, destacó cómo el concierto alterna el pop y el hip hop global de BTS con referencias visuales y musicales a la tradición coreana. En algunos momentos, los integrantes hablan mayoritariamente en coreano frente a un público que no necesariamente domina el idioma.

Es, en cierta forma, la vuelta completa de una historia que comenzó hace más de una década.

BTS pasó años intentando demostrar que una canción no necesitaba estar completamente en inglés para atravesar fronteras. Luego llegaron “Dynamite”, “Butter” y una expansión todavía mayor hacia el mercado estadounidense. Ahora, después de haber conquistado ese espacio, parecen interesados en regresar a la pregunta original: quiénes son cuando ya no necesitan demostrar que pueden pertenecer a él.

Tras la pausa

Durante esos años, cada integrante desarrolló una identidad artística propia. Jung Kook exploró el pop global; Jimin profundizó en un sonido más íntimo; V se acercó al R&B y al jazz; RM amplió su universo hacia propuestas más experimentales; J-Hope continuó explorando sus raíces en el hip hop y la danza; Jin consolidó su camino como solista y Suga profundizó el universo de Agust D.

Cuando volvieron a reunirse, por lo tanto, BTS ya no estaba compuesto únicamente por siete integrantes de una banda, sino por siete artistas que habían comprobado que podían sostenerse solos.

Tal vez por eso uno de los momentos más comentados del primer concierto en Los Ángeles no necesitó grandes efectos especiales.

El 1 de septiembre, cumpleaños número 29 de Jung Kook, sus compañeros le colocaron una corona y el estadio terminó cantándole “Happy Birthday”. Durante algunos minutos desapareció la maquinaria gigantesca de una gira mundial y quedaron solamente siete amigos riéndose sobre el escenario. La escena resume buena parte del nuevo BTS.

Próximo destino

Ese BTS llegará por primera vez al Perú en octubre. La expectativa fue suficiente para que la producción añadiera una tercera presentación en Lima. Además de los conciertos inicialmente programados para el 9 y 10 de octubre en el Estadio San Marcos, Bighit Music confirmó una nueva fecha para el 7 de octubre debido a la demanda del público.

Serán tres noches que durante años parecieron improbables para los seguidores peruanos.

Pero quizá la verdadera novedad no sea finalmente ver a BTS en Lima. Será descubrir qué BTS llegará.

Ya no son aquellos jóvenes que en 2013 cantaban sobre sus sueños mientras intentaban hacerse un lugar dentro de una industria feroz. Tampoco son exactamente las siete estrellas que conquistaron Billboard, los Grammy y los estadios antes de detenerse.

Han pasado por el éxito, la distancia, el servicio militar, carreras individuales y el extraño ejercicio de despedirse temporalmente de aquello que los convirtió en quienes eran. Ahora vuelven cargando cada uno su propia historia.

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