Una investigación ininterrumpida de casi cuatro décadas en la Reserva Nacional Tambopata ha revelado que los árboles de la Amazonía peruana están modificando su fisiología para hacer frente a sequías cada vez más extremas. Sin embargo, esta adaptación tiene un efecto secundario alarmante: las hojas se están calentando a un ritmo significativamente mayor que el aire que las rodea. Como consecuencia, esto las pone en riesgo de un colapso térmico.
Un hito en el monitoreo científico a largo plazo
El estudio, publicado en la revista científica Global Change Biology, fue liderado por Riley Fortier (Missouri Botanical Garden) junto a un equipo que incluye a los científicos peruanos Rodolfo Vásquez Martínez, Rocío Rojas Gonzales, Luis Valenzuela Gamarra y Abel Monteagudo Mendoza del Herbario Selva Central (HOXA). La investigación logró un nivel de precisión excepcional al comparar muestras botánicas recolectadas entre 1984 y 2023 provenientes exactamente de los mismos 151 árboles.
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Durante el periodo evaluado, las condiciones ambientales en la zona de estudio sufrieron alteraciones severas:
- La temperatura local aumentó en más de 1.4 °C.
- La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se incrementó en casi un 20%.
- Se registraron temporadas secas significativamente más largas e intensas.

El dilema de la supervivencia: Conservar agua o disipar calor
Para sobrevivir a la falta de agua y a las nuevas condiciones atmosféricas, los árboles han alterado sus rasgos foliares funcionales a lo largo del tiempo. Las mediciones demostraron que los árboles han disminuido la masa foliar por área, el grosor de sus hojas, el tamaño de los estomas y su conductancia estomática máxima.
Esta reducción estructural representa un intercambio biológico de supervivencia. Al reducir sus estomas para conservar agua, las hojas pierden la capacidad de enfriarse a través de la transpiración. Como resultado, la temperatura de las hojas ha aumentado a un ritmo de 0.046 °C por año. Este valor supera el incremento de 0.036 °C anuales registrado en la temperatura del aire circundante.
Para el año 2023, la temperatura máxima promedio de estas hojas alcanzó los 37.5 °C. Esto las acerca peligrosamente al umbral térmico crítico donde la maquinaria fotosintética de las plantas empieza a fallar.
La conservación como laboratorio natural
El seguimiento detallado de estos cambios fisiológicos resalta el inmenso valor de las áreas naturales protegidas. La Reserva Nacional Tambopata, administrada por el Sernanp y adscrita al Minam, forma junto con el Parque Nacional Bahuaja-Sonene un corredor de más de 23 000 kilómetros cuadrados de ecosistemas. Además, la protección sostenida de este paisaje no solo resguarda la biodiversidad, sino que permite a los científicos mantener laboratorios vivos para entender cómo los bosques del planeta están respondiendo en tiempo real a la crisis climática global.
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