Estudio revela que la culpa, el miedo, el estigma y la propia percepción del cuerpo pueden retrasar la búsqueda de ayuda médica. Investigadores identificaron ocho formas distintas de vivir con sobrepeso y obesidad.
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Daniela OrellanaEscucharResumenCompartirNo siempre quien tiene sobrepeso u obesidad considera que tiene un problema de peso. Un estudio antropológico realizado en el Perú encontró que uno de cada cuatro participantes cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) correspondía a sobrepeso u obesidad se percibía con un peso normal o no sabía cómo definir su situación. La investigación plantea que detrás de esta diferencia entre la condición objetiva y la percepción personal existen factores culturales, emocionales y sociales que pueden influir incluso en la decisión de acudir al médico.
El estudio, impulsado por Adium Perú y desarrollado por el antropólogo Roberto Guarnieri y su equipo, buscó conocer cómo viven las personas adultas el sobrepeso y la obesidad. Para ello se realizaron observaciones de campo y netnográficas, encuestas y entrevistas en profundidad. El resultado fue la identificación de ocho formas de relacionarse con el exceso de peso, desde quienes lo viven con culpa y vergüenza hasta quienes lo incorporan como parte de su identidad corporal.
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El peso que no se reconoce
Uno de los principales hallazgos está relacionado con la autopercepción. Una persona puede presentar un IMC correspondiente a sobrepeso u obesidad y, sin embargo, no considerarse en esa condición. Para Guarnieri, esto no puede entenderse únicamente como una cuestión individual.
El antropólogo explica que en el Perú la comida tiene significados que van mucho más allá de la alimentación. Puede representar cariño, hospitalidad, celebración o bienestar. En determinados entornos familiares, servir más comida o repetir el plato incluso puede interpretarse como una muestra de afecto.
A ello se suma la transformación de los hábitos de consumo. Según el investigador, para algunos sectores sociales el mayor acceso a restaurantes, delivery y determinados productos alimenticios puede asociarse con la idea de progreso y bienestar. De esta manera, el peso corporal termina siendo interpretado dentro de un contexto cultural en el que comer también significa disfrutar, compartir y demostrar éxito.
Ocho maneras de vivir con obesidad
El estudio identificó ocho perfiles o “nanonichos”. No se trata de categorías rígidas: una misma persona puede identificarse con más de uno o cambiar de perfil durante su vida.
Están los “Culpados silenciosos”, quienes reconocen su aumento de peso, pero lo viven desde la vergüenza, la culpa y el autojuicio. También aparecen los “Curvys”, que aceptan e incluso reivindican su cuerpo y no necesariamente consideran el exceso de peso como una enfermedad.
Los “Frustrados” son aquellos que han realizado múltiples intentos para bajar de peso y temen volver a fracasar. Los “Body positive” defienden la aceptación corporal y pueden haber desarrollado una fuerte resistencia frente a cualquier comentario que interpreten como un juicio sobre su cuerpo.
Otros perfiles son los “Conscientes”, que comienzan a preocuparse cuando el exceso de peso empieza a afectar su salud; los “Visibles”, cuya principal motivación es mejorar su apariencia; los “Temerosos”, que reconocen el problema, pero postergan la búsqueda de ayuda por miedo; y quienes fueron denominados “El médico soy yo”, personas que investigan por su cuenta y toman decisiones sobre su salud con un alto grado de autonomía.
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El miedo también aleja del consultorio
La percepción del cuerpo no es la única barrera. Entre los participantes con IMC correspondiente a sobrepeso u obesidad, cerca de siete de cada diez manifestaron alguna preocupación o temor frente a la consulta médica. El miedo a recibir información difícil de procesar, indicaciones consideradas imposibles de cumplir o experiencias negativas previas puede terminar postergando la atención.
La médica internista y diabetóloga Mayra Guerrero señala que el estigma también afecta la relación entre el paciente y el profesional. Una persona puede acudir al consultorio por otra enfermedad y evitar hablar sobre su peso por temor a ser juzgada. Del mismo modo, algunos médicos pueden encontrar dificultades para abordar el tema sin generar rechazo.
Guerrero considera especialmente complejos los perfiles “Body positive” y “Curvy”, pues en ambos casos el peso está estrechamente vinculado con la identidad y la percepción personal. La estrategia, sostiene, no debería reducirse a hablar de kilos, sino centrarse en la salud y en las necesidades particulares del paciente.
Más allá de la balanza
Para la especialista, abordar la obesidad requiere dejar atrás la idea de que se trata simplemente de una falta de voluntad. Alimentación, actividad física, sueño, salud mental y antecedentes personales pueden formar parte del problema y, por ello, el tratamiento requiere un enfoque multidisciplinario.
El propio estudio muestra que 60,3% de los participantes con sobrepeso u obesidad se identificó con la idea de que el problema corresponde a “salud, no estética”, mientras que 62,7% expresó una posición de “aceptarme sí, pero sin negar riesgos de salud”.
La investigación plantea así un desafío para la sociedad y para el sistema sanitario: hablar de obesidad sin reducir a la persona a su peso. Para Guarnieri, comprender las distintas experiencias puede ayudar a reemplazar la culpa y el juicio por información y acompañamiento.
El mensaje central del estudio es que reconocer el problema no significa aceptar una etiqueta ni someterse a estándares estéticos. Significa abrir una conversación sobre la salud. Y, para una persona que durante años ha evitado hablar de su peso, esa conversación puede ser el primer paso.
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