El pie diabético puede comenzar con una lesión aparentemente menor y evolucionar hasta comprometer tendones, articulaciones o huesos. El riesgo aumenta cuando existe pérdida de sensibilidad y problemas de circulación, dos condiciones que pueden hacer que una herida pase inadvertida durante días.
El cirujano plástico reconstructivo Enrique Chau Ramos, especialista en heridas, pie diabético, cicatrización y regeneración de piel, de Skin Medical, advierte que uno de los principales peligros es que el paciente camine durante días sobre una ampolla o una herida sin darse cuenta. La pérdida de sensibilidad causada por el daño neurológico puede hacer que una lesión avance sin provocar el dolor que normalmente llevaría a buscar atención.
En Perú, más de 2,8 millones de personas viven con diabetes y otras 6,4 millones presentan prediabetes. En este contexto, la prevención y la identificación temprana de las lesiones adquieren especial importancia.
El problema puede comenzar antes de la herida
Una de las dificultades del pie diabético es que el deterioro no necesariamente empieza con una úlcera visible. Resequedad, callosidades, fisuras, deformidades o cambios en la temperatura y coloración de la piel pueden advertir que existe un problema.
La ausencia de dolor tampoco debe interpretarse como una señal tranquilizadora. Cuando la sensibilidad protectora está reducida, el paciente puede no percibir una ampolla provocada por el calzado, una pequeña cortadura o una zona sometida a presión constante.
Entre las señales que requieren atención se encuentran:
- Callosidades gruesas, endurecidas o con cambios de color.
- Fisuras en los talones, resequedad intensa o descamación.
- Ampollas, cortes, uñas encarnadas o lesiones provocadas por el calzado.
- Hormigueo, ardor, adormecimiento o pérdida de sensibilidad.
- Cambios de temperatura, coloración, inflamación o enrojecimiento.
- Deformidades en los dedos o zonas de presión al caminar.
- Heridas que no disminuyen de tamaño, presentan secreción, mal olor o tejido oscuro.
Pie diabético: una lesión pequeña puede profundizarse
Una herida que inicialmente parece superficial puede aumentar de tamaño y comprometer tejidos cada vez más profundos. Si la circulación es deficiente, el aporte de oxígeno disminuye y la capacidad de cicatrización se deteriora.
A ello se suma el riesgo de infección. Cuando esta se extiende y compromete tejidos que ya no pueden recuperarse, el cuadro puede llegar a requerir la amputación de un dedo, parte del pie o incluso de una extremidad para evitar complicaciones mayores.
Por eso, Chau Ramos, señala que la evaluación temprana resulta fundamental. No basta con observar la superficie de la lesión: también es necesario determinar su profundidad, el estado de la circulación, la presencia de infección y las posibilidades reales de cicatrización.
Las herramientas de evaluación pueden incluir mediciones computarizadas para seguir la evolución de la herida y estudios especializados del flujo sanguíneo y las condiciones del tejido. El objetivo es establecer si la lesión está evolucionando favorablemente o si requiere modificar la estrategia de tratamiento.
El tratamiento depende de cada caso
El manejo del pie diabético no consiste únicamente en cubrir una herida. El tratamiento debe considerar su profundidad, la existencia de tejido dañado o infección, la circulación sanguínea, el control de la glucosa y las condiciones generales del paciente.
Según el caso, pueden ser necesarios procedimientos para retirar tejido no viable, controlar la carga bacteriana y favorecer la cicatrización. Los tratamientos y tecnologías utilizados deben responder a las características de cada lesión y ser indicados después de una evaluación médica.
El seguimiento también es determinante. Una herida que aparentemente mejora puede estancarse o volver a abrirse si persisten las condiciones que originaron el daño.
La prevención empieza en casa
Las personas con diabetes deben revisar sus pies diariamente, especialmente las plantas, talones, dedos y espacios entre ellos. La recomendación también incluye evitar caminar descalzo, incluso dentro del hogar, y utilizar calzado amplio que no genere puntos de presión.
Los callos no deben cortarse por cuenta propia ni tratarse con productos corrosivos sin indicación profesional. También es importante utilizar medias que no compriman y mantener bajo control la glucosa, la presión arterial, la nutrición y otras enfermedades asociadas.
Una evaluación periódica permite determinar el nivel de riesgo. Para personas con pérdida de sensibilidad, mala circulación, deformidades, enfermedad renal o antecedentes de úlceras y amputaciones, los controles pueden requerirse con mayor frecuencia.
La señal de alarma no tiene que ser una herida profunda. Una ampolla, una fisura, un cambio de color, inflamación, secreción o una zona oscura pueden justificar una consulta.
Detectar el problema cuando todavía es pequeño puede evitar que una lesión localizada termine comprometiendo la movilidad y la independencia del paciente.
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