Ciencia03 Sep 2026 | 10:30 hUn comerciante vendió una cabeza disecada creyendo que era de un zorro, pero resultó ser de una especie extinta hace mucho tiempo

El ejemplar podría proporcionar información valiosa sobre la especie y la posibilidad de obtener ADN.

La supuesta "cabeza de zorro" que se compró en una subasta no era realmente un zorro. Foto: Nature ConservancyFoto del autorRenzo LozaEscucharResumenCompartir

Un comerciante adquirió en un mercado de antigüedades una extraña cabeza disecada por solo 50 libras, creyendo que era un ejemplar de zorro del siglo XIX. Sin embargo, cuando la pieza salió a subasta tiempo después, las fotografías llamaron la atención de James Cranfield, un coleccionista británico.

Al revisar las imágenes en detalle, Cranfield reconoció en el aspecto del animal los rasgos de un tilacino (Thylacinus cynocephalus), conocido como el tigre de Tasmania. La especie desapareció tras décadas de persecución y el último individuo conocido murió en un zoológico el 7 de septiembre de 1936.

"Colecciono cabezas de zorro extrañas y maravillosas, buenas, malas y feas, para mostrar las diferentes cualidades de la taxidermia a lo largo de los años y realizadas por diferentes taxidermistas", dijo Cranfield a ScienceAlert.

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¿Cómo descubrió el coleccionista que la cabeza no pertenecía a un zorro?

La primera pista apareció en la dentadura. Los zorros y otros animales relacionados poseen seis incisivos superiores, pero la pieza adquirida por Cranfield tenía ocho. Esa característica coincidía con la dentadura del tigre de Tasmania y otro coleccionista llegó a la misma conclusión. El hallazgo provocó una disputa en la subasta y elevó el precio hasta 62.600 libras, más de 85.000 dólares estadounidenses.

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La "cabeza de zorro" disecada que se vendía en la subasta. Foto: Auctiuneum

"Cuando hice clic y se abrió la imagen en tamaño más grande, fue como un rayo para mi cerebro y mis ojos: me di cuenta de que no era un zorro", dijo Cranfield. "Enseguida pensé: Eso parece un tigre de Tasmania".

Ante la posibilidad de haber pagado una cantidad por una cabeza de zorro, Cranfield solicitó radiografías y tomografías computarizadas. Los resultados despejaron sus dudas y mostraron que detrás del montaje se encontraba un cráneo auténtico.

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¿Qué revelaron las radiografías sobre el supuesto ejemplar?

Las imágenes confirmaron que se trataba de una cabeza de tilacino y revelaron un cráneo descrito como perfecto. Los expertos de la Base de Datos Internacional de Ejemplares de Tilacino (ITSD) examinaron las radiografías y señalaron que la evidencia ofrecía un respaldo diagnóstico claro para identificar al animal.

Un escaneo de la cabeza revela el interior del cráneo y lo abultada que está la frente. Foto: James Cranfield/@thetaxidermist

Un escaneo de la cabeza revela el interior del cráneo y lo abultada que está la frente. Foto: James Cranfield/@thetaxidermist

"He examinado y analizado las radiografías del espécimen, prestando especial atención al cráneo y la dentición", declaró Stephen Sleightholme, director del proyecto ITSD, a ScienceAlert. "La evidencia radiográfica proporciona un claro respaldo diagnóstico para su identificación como un tilacino".

La pieza tiene importancia porque es apenas la segunda cabeza de tilacino con montaje taxidérmico. La base de datos ITSD reúne más de 800 ejemplares, entre cráneos, esqueletos, órganos conservados en alcohol, pieles y preparaciones microscópicas. Este registro amplía el inventario.

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¿Por qué esta cabeza disecada podría ser valiosa para estudiar al tigre de Tasmania?

El ejemplar puede aportar información sobre la forma de la cabeza, el cráneo y los dientes del marsupial. Existe la posibilidad de obtener muestras de ADN a partir de las piezas dentales, con una técnica poco invasiva. Brandon Menzies, bioscientífico de la Universidad de Melbourne, explicó que su equipo puede extraer unos 100 miligramos de polvo óseo con una perforación.

El material no supondría un gran avance para la desextinción, aunque podría ampliar el conocimiento sobre la diversidad genética del tilacino. Queda por resolver cómo llegó la pieza al Reino Unido. Cranfield sospecha que pudo ser un trofeo de caza o una pieza preparada en Australia y trasladada después a Europa. El análisis de la madera del soporte podría aportar pistas sobre la procedencia. El coleccionista quiere conservar su aspecto y permitir estudios científicos sin dañar el ejemplar.

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