La contaminación por mercurio asociada a la minería ilegal de oro en Madre de Dios no termina en los lugares donde se extrae el mineral. Una investigación sintetizada por el Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA), realizada en colaboración con la Universidad de Toronto, muestra que este metal también es liberado al aire durante etapas posteriores de la cadena del oro y puede alcanzar centros poblados y ecosistemas ubicados fuera de las áreas de extracción.
Los resultados indican que, en poblados mineros donde funcionan tiendas de compra y venta de oro, aproximadamente el 93 % del mercurio presente en el aire proviene de la actividad minera. La principal explicación se encuentra en la quema final que se realiza antes de comercializar el oro, un proceso mediante el cual se eliminan residuos de mercurio y que, cuando no cuenta con mecanismos adecuados para capturar los vapores, puede liberar el contaminante directamente a la atmósfera.
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El hallazgo constituye la primera evidencia presentada por la campaña “La Factura de la Minería Ilegal”, impulsada por el Observatorio de Minería Ilegal (OMI). La iniciativa busca visibilizar los costos ambientales, sociales, económicos y de seguridad que permanecen en los territorios incluso después de que el oro extraído abandona la Amazonía.
Laberinto registra concentraciones de hasta 5000 ng/m³
Uno de los casos más críticos identificados corresponde al centro poblado de Laberinto, en Madre de Dios. Cerca de establecimientos dedicados a la compra y venta de oro se registraron concentraciones de mercurio de hasta 5000 nanogramos por metro cúbico (ng/m³). La cifra supera ampliamente el valor de referencia señalado para el hemisferio sur, de 1 ng/m³.

En estos establecimientos se realiza el denominado refogado del oro para retirar los residuos de mercurio que todavía permanecen en el material. El problema aparece cuando la quema se desarrolla sin sistemas capaces de capturar los vapores generados durante el procedimiento. Bajo esas condiciones, el mercurio puede pasar directamente al aire de los centros poblados donde el oro es procesado y comercializado.
La situación también fue observada en Mazuko, donde se registraron concentraciones de hasta 270 ng/m³ en las inmediaciones de establecimientos vinculados a la comercialización del oro. Los resultados permiten observar que el problema no se encuentra restringido a campamentos, riberas o zonas intervenidas por la extracción, sino que puede extenderse a localidades conectadas con las etapas posteriores de la actividad minera.
El mercurio también alcanza los bosques cercanos
La investigación muestra además que la contaminación atmosférica puede desplazarse fuera de los principales puntos de procesamiento. En bosques próximos a zonas donde se desarrolla minería ilegal, hasta el 75 % del mercurio detectado en el aire puede provenir de esta actividad, según los análisis difundidos por CINCIA.
La vegetación desempeña un papel importante dentro de ese proceso. Del mercurio atribuido a la actividad minera en estos ambientes, las plantas pueden capturar hasta un 30 %. Este resultado evidencia que las emisiones generadas alrededor de la minería de oro pueden movilizarse hacia otros espacios y entrar en contacto con ecosistemas que no necesariamente se encuentran dentro de las áreas directamente excavadas o deforestadas.
El impacto, por tanto, no puede evaluarse únicamente a partir de la superficie transformada por la extracción. La presencia de mercurio en el aire introduce otra dimensión del problema: una sustancia liberada en un punto determinado puede desplazarse y terminar depositándose o siendo retenida en componentes naturales situados a cierta distancia de la actividad que la originó.
Una cadena de impactos que continúa después de la extracción
El mercurio es el primer tema abordado por la campaña del OMI, pero la organización advierte que representa solo una parte de los costos relacionados con la minería ilegal. A esta contaminación se suman la transformación del territorio, degradación de ecosistemas, pérdida de biodiversidad, afectación de medios de vida, riesgos para las poblaciones y los recursos que posteriormente deben destinarse a la recuperación de las áreas afectadas.

La problemática también está conectada con economías ilícitas e inseguridad en territorios amazónicos. Por ello, el planteamiento de la campaña es que las intervenciones no se concentren exclusivamente en los lugares donde se extrae el oro, sino que consideren las diferentes cadenas y estructuras que permiten que la actividad continúe, entre ellas los espacios donde el mineral es procesado y comercializado.
En medio del cambio de gobierno y de la definición de nuevas prioridades nacionales, el Observatorio de Minería Ilegal busca que estas evidencias formen parte de las decisiones públicas sobre el problema. Los resultados, sostiene la iniciativa, pueden servir para identificar las principales fuentes de emisión de mercurio, diseñar medidas que reduzcan su liberación, reforzar el monitoreo de su presencia en el aire y comprender de qué manera el contaminante se transfiere hacia otros componentes del ambiente.
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