Somos 650 millones de personas tan parecidas que nuestros países se comportan casi como esas familias donde un hermanito trae la gripe del colegio y pocos días después todos están estornudando.
Cuando hablamos de América Latina, solemos pensar primero en cuánto se diferencian los peruanos de los argentinos y estos de los mexicanos, de los bolivianos y brasileños. Hablamos de los acentos diferentes, de su comida y sobre si juegan bien al fútbol o al béisbol.
Pero si le damos una mirada amplia y positiva a nuestra historia, descubriremos que somos una unidad mucho mayor de lo que creemos. Si bien hasta la llegada de los conquistadores europeos existían en nuestra región culturas diversas, como los mayas y los incas, con la conquista todo comenzó a unificarse.
Allí todos comenzamos a hablar castellano o portugués, que es su primo hermano, y a mezclar nuestras tradiciones con la cultura ibérica. Luego, en el 1800, en un periodo muy corto, todos los países, desde México hasta Chile – el Perú, el último – nos independizamos y nos convertimos en repúblicas.
Y luego de esa independencia, todos sufrimos las mismas dificultades económicas, inestabilidad política y caudillismos. Viendo más cerca, ya algunos podrán recordarlo, en el siglo XX, casi al mismo momento en casi todos los países, los gobiernos militares extendieron por la región. Los coroneles en Brasil, Velasco en Perú, Videla en Argentina y etcétera. Y luego a todos nos llegó la crisis de deuda externa y de la hiperinflación.
Esa que hizo que casi todos cambiáramos de moneda dos o tres veces. El cruzeiro, el cruzado y el real en Brasil, como el sol, el inti y el nuevo sol en Perú. Y después, casi juntos otra vez, vinieron las reformas económicas. La apertura comercial con Alberto Fujimori aquí, pero con César Gaviria en Colombia, entre muchos otros. Y más recientemente otra coincidencia.
Luego de que muchos países giraran hacia la izquierda, con gobiernos como el de López Obrador, Lula y Pedro Castillo, hoy observamos un nuevo movimiento electoral hacia opciones de centro y centro derecha en Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, entre otros. La coincidencia histórica es impresionante.
Europa tiene países cuyas historias, imperios, religiones, guerras y sistemas políticos siguieron caminos muy distintos. Y en Asia, las diferencias son todavía mayores. En América Latina, en cambio, somos 650 millones de personas tan parecidas que nuestros países se comportan casi como esas familias donde un hermanito trae la gripe del colegio y pocos días después todos están estornudando.
Si somos tan parecidos, ¿qué podríamos hacer usted y yo, paisano a paisano, para convertir esa cercanía en más comercio, inversión y más oportunidades para todos? Porque tal vez América Latina no necesita inventar su unidad, simplemente necesita darle una mirada positiva a su realidad y darse cuenta de que esa unidad ya la tiene.
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La Mirada Positiva Rolando Arellano CuevaComparte esta noticia
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