Tras ser rescatada de la playa, Leah Stewart fue hospitalizada de emergencia, inducida a coma y sometida a múltiples operaciones por la gravedad de sus lesiones.
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Kevin Charalla NájeraEscucharResumenCompartirLeah Stewart, una maestra de primaria de 34 años, sobrevivió al ataque de un tiburón blanco de aproximadamente cuatro metros mientras nadaba en la playa de Coogee, en Sídney. El animal la mordió en el brazo y el muslo, la arrastró bajo el agua y le provocó heridas de extrema gravedad, según relató en una entrevista con 60 Minutes Australia.
En medio del ataque, Stewart encontró una razón para seguir luchando: su hija August. “En mi cabeza pensaba: ‘No me vas a alejar de mi hija’”, recordó. La mujer comenzó entonces a golpear repetidamente al tiburón hasta conseguir que la soltara, una experiencia que describió como “luchar contra un dinosaurio”, de acuerdo con el mismo testimonio.
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El tiburon blanco es uno de los depredadores más grandes del mundo.

El momento en que quedó cara a cara con el tiburón blanco
Acababa de terminar su habitual baño matutino y regresaba hacia la orilla cuando escuchó un grito detrás de ella. Al girarse, vio una enorme aleta y comprendió que no se trataba de un delfín. “Nunca en mi vida había gritado tan fuerte y con tanta desesperación”, relató en 60 Minutes Australia.
La situación empeoró rápidamente cuando el animal se acercó a pocos metros. Stewart contó que llegó a verlo a unos 30 centímetros de distancia: “Estábamos cara a cara”. También recordó sus “ojos pequeños y negros” y aseguró que “su boca era tan grande como mi muslo”, mientras el tiburón se aproximaba con las mandíbulas abiertas.

¿Qué decisión tomó durante el ataque?
A pesar del peligro, Stewart aseguró que intentó mantener la calma y tomó una decisión extrema. “En ese momento pensé: ‘Bueno, ¿qué extremidad estoy dispuesta a perder?’”, contó. Como es diestra, decidió utilizar el brazo izquierdo para defenderse y lanzó un golpe contra el animal.
El tiburón mordió ese brazo y le causó lesiones muy graves antes de sujetarla de la pierna y arrastrarla bajo el agua. “Pensé: ‘Esto es todo, así es como voy a morir’”, recordó.
Stewart comparó el enfrentamiento con pegarle a una pared de ladrillos, pero continuó golpeando al tiburón hasta que finalmente logró liberarse. “Debí haberle dado un golpe muy bueno y por eso me dejó ir”, explicó. Tras ser soltada, consiguió volver a la superficie y avanzar hacia la orilla.
“Fue lo más difícil del mundo, pero logré salir de allí”, señaló. El ataque ocurrió muy cerca de la playa, en una zona donde muchos bañistas se sentirían seguros. Otros nadadores consiguieron sacarla del agua y trasladarla hasta la arena, mientras el tiburón continuaba rondando la bahía.
Casi una docena de cirugías y una recuperación que obligó a aprender a caminar otra vez
Una circunstancia decisiva fue la presencia en la playa de Ian Ferguson, médico especialista en traumatología y atención prehospitalaria, quien ayudó a atenderla inmediatamente. “Había tanta sangre que resultaba bastante obvio que sería algo serio”, contó el especialista y reconoció que inicialmente dudó que Stewart pudiera sobrevivir.
Leah fue trasladada al hospital, inducida a un coma y sometida a casi una docena de cirugías. Finalmente, los médicos tuvieron que amputarle el brazo izquierdo y las lesiones en el muslo la obligaron a aprender a caminar nuevamente.
Pese a las secuelas, Stewart rechaza ser recordada únicamente como una víctima: “Soy la mujer que le dio un puñetazo al tiburón en la cara”, afirmó.
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