Giorgio di Giovanni es un muy buen pintor que, a mi juicio, debería tener una presencia mayor en nuestra escena artística. Pudiera ser que sus otras ocupaciones se lo hayan impedido; sin embargo, tiene el mérito de haber encontrado desde hace tiempo un lenguaje propio.
Formado en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde actualmente ejerce la docencia, su pintura se ha mantenido fiel a determinadas preocupaciones: la forma, el espacio, el dibujo y, de manera muy particular, el color. Son los elementos con los que ha ido construyendo un universo propio, fácilmente identificable.
Su nueva exposición lleva un título bastante preciso: Canto gutural. Aparecen personajes, animales y formas que no siempre podemos identificar y que conviven en espacios que tampoco pretenden ser reales. Al artista, más que preocuparle que comprendamos lo que vemos, parece interesarle aquello que cada cuadro puede despertar en nosotros, dejando que la imaginación se gatille ante cada estallido sobre la superficie.

En este propósito, el color tiene una importancia fundamental. Rojos, rosados, verdes y turquesas ocupan grandes extensiones de la superficie. Podemos tener la sensación de que existe una narración oculta, pero aquí no hay una historia que necesitemos reconstruir. La pintura no tiene por qué contarlo todo ni decirnos cómo debemos mirarla. Todo depende de nuestra percepción.
Ocurre que, en un momento en que demasiadas obras necesitan de un discurso que las justifique, Di Giovanni sigue confiando en la pintura, en el dibujo, en el color y en aquello que una imagen puede provocar sin necesidad de explicarlo. Tampoco necesita demostrar su dominio del oficio. Lo tiene. Puede deformar, simplificar y alterar las figuras porque su conocimiento de la pintura le permite hacerlo sin perder el control sobre ellas.

Bienvenida esa libertad creativa, que está lejos de ser sinónimo de caos. Di Giovanni puede llevar la deformación de sus figuras hasta extremos inquietantes sin necesidad de convertirlas en algo reconocible. No importa tanto saber qué son como aquello que pueden provocar en nosotros. Basta con que perturben nuestra mirada y activen la imaginación. Después de todo, los monstruos también nos pertenecen. O quizá esas criaturas no sean otra cosa que nosotros mismos vistos a través de él.
Canto gutural permite volver a mirar a un artista que ha estado menos presente de lo que debería. No está buscando tardíamente un lenguaje. Lo tiene desde hace tiempo. Quizá lo que faltaba era volver a verlo.
Giorgio di Giovanni. Canto gutural. Galería Fórum, Av. Larco 1150, sótano, Miraflores. Hasta el 26 de septiembre.
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