El grito en el Tahuamanu
“Estoy herido, corran, corran, son los calatos”, alcanzó a gritar un maderero mientras una flecha le atravesaba la espalda. Ocurrió en agosto de 1998, en el río Tahuamanu, cerca del Alto Purús. Aquel ataque, que terminó con un hombre muerto y un cuerpo hallado días después con el abdomen abierto y sin vísceras, marcó un punto de quiebre en la memoria reciente de Madre de Dios.
Los madereros que sobrevivieron aseguraron que un grupo de indígenas desnudos salió del bosque disparando flechas y persiguiéndolos por la ribera. “A la vuelta, vamos a la vuelta”, recuerdan haber escuchado entre los gritos de los perseguidores. Huyeron hasta sus canoas y escaparon hacia Iberia para denunciar que habían sido atacados por “los calatos”.
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Comunidad yine alerta sobre presencia de mashco piro cerca de actividades madereras en Madre de Dios
Los pueblos no contactados, como los mashco piro, son especialmente vulnerables a enfermedades comunes para las cuales no tienen inmunidad, y el contacto con personas externas puede tener consecuencias graves. (Foto: Survival International)
El término —popular, despectivo y funcional a la narrativa de los taladores ilegales— se usaba para negar la identidad de los Mashco Piro, un pueblo en aislamiento voluntario que recorría los bosques del Tahuamanu y el Alto Purús. En esos años, la fiebre de la caoba empujaba a cientos de extractores a internarse más allá de la línea imaginaria 343, en pleno territorio de tránsito de los Mashco Piro.
La versión de los madereros cambió cuando las autoridades llegaron a rescatar el cadáver. Negaron la presencia de indígenas en aislamiento y acusaron a funcionarios municipales de disfrazarse de nativos para simular un ataque. “Decían que la Municipalidad se vestía de indígenas para mostrar la presencia de ‘los calatos’”, recuerda Abraham Cardozo, entonces teniente alcalde de Iñapari.
Pero la evidencia, el cuerpo y los testimonios posteriores confirmaron que aquel encuentro fue real. Y que no sería el último.
La fiebre de la «caoba y la negación del aislamiento
A finales de los noventa, mientras la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD) preparaba la propuesta para reconocer un territorio para los Mashco Piro, los madereros ilegales presionaban para avanzar hacia el Alto Purús. “Hasta el Alto Purús o nada”, gritaba Rafael Ríos López, presidente de la Asociación de Extractores de Madera de Madre de Dios, durante las protestas de 2001 y 2002.

Negaban la existencia de indígenas en aislamiento. Negaban los ataques. Negaban las huellas. Negaban los testimonios. Negaban incluso las flechas envenenadas que atravesaban cuerpos.
La negación era estratégica: si no existían Mashco Piro, no existía territorio que proteger.
¿Quiénes son los Mashco Piro?
Los Mashco Piro pertenecen a la familia lingüística Arawak y son parte del pueblo Yine. Hablan la misma lengua, aunque con variaciones dialectales según la zona. Un informe del Ministerio de Cultura estima su población en unas 750 personas. Pero Romel Ponciano Sebastián, agente protector Yine con más de veinte años de trabajo en la zona, sostiene que podrían ser entre 5 000 y 7 000 individuos distribuidos desde el Alto Madre de Dios hasta el río Chandless, en Brasil.
Ponciano ha registrado apariciones en los cinco puestos de control de la Reserva Territorial Madre de Dios. Ha conversado con ellos, ha compartido alimentos y ha sido fotografiado junto a grupos Mashco Piro en el río Las Piedras, en una imagen publicada por The Guardian el 5 de julio de 2025.
Su testimonio es clave para entender la diversidad interna del pueblo.
Clanes y diferencias físicas
Los Mashco Piro no son un grupo homogéneo. Existen clanes con rasgos y comportamientos distintos:
- Pajamulineri: los que viven en lo alto; aparecen en Monte Salvado y el río Las Piedras.
- Manchineri: altos, delgados, de cabello lacio; “caminantes” que recorren desde Brasil hasta el Alto Purús.
- Kirineri: cabello crespo y barba; viven en el Alto Madre de Dios.
- Otros clanes ya desaparecieron.
Las diferencias se observan también en las huellas: los Mashco Piro tienen dedos largos; los Machiguenga, el dedo grande doblado; los Nawa, pies pequeños y anchos.

Agricultura, fuego y técnicas ancestrales
Contrario al mito del “pueblo nómada sin agricultura”, los Mashco Piro, según Ponciano conocen el cultivo de la papaya, maíz, yuca, plátano y caña de azúcar. Cuando visitan comunidades como Monte Salvado o Puerto Nuevo, piden estos productos.
Conservan la carne mediante ahumado lento, una técnica milenaria que han mantenido intacta. En campamentos abandonados se han encontrado restos de sachavaca, monos, sajinos y tortugas.
Armas y herramientas
Sus flechas, de 2.20 a 2.40 metros, están hechas con cañabrava y puntas de bambú, muchas veces envenenadas con toxinas de serpientes o plantas. El arco se fabrica con pijuayo o huicungo, palmera que debe tener entre 10 y 15 años para ser útil.
Para cortar estas palmeras necesitan hachas. Las obtienen de campamentos madereros o comunidades, no por robo —según Ponciano— sino por miedo al contacto directo.
Piden hachas, machetes, ollas y sogas cuando se acercan a las comunidades.
Movilidad y construcción
Sus caminatas pueden durar entre dos y cinco años. Se detienen solo en época de lluvias, cuando los ríos crecen. Descansan hasta quince días y construyen viviendas de dos aguas con barbacoas elevadas para evitar inundaciones. Cuentan el tiempo por noches: “De aquí a tres noches regresamos”.

El origen del aislamiento
El aislamiento de los Mashco Piro tiene raíces históricas profundas.
En su crónica de viaje (1920–1921), el padre José Manuel Soria Heredia describe campamentos con plantaciones de plátano, yuca y papaya en la ruta del Tahuamanu al río Yacu. Eran asentamientos abandonados tras la caída del caucho.
Beatriz Huertas, en Los pueblos indígenas en aislamiento (2010), sostiene que el cauchero Carlos Fermín Fitzcarrald capturó y esclavizó a grupos Piro Mashco en el Manu. La violencia obligó a parte de la población a huir hacia zonas remotas, dando origen al aislamiento voluntario.
La historia del caucho está marcada por masacres. La más recordada es la del Manu (1893–1894), cuando Fitzcarrald abrió la ruta del istmo y su ejército privado asesinó a cientos de Mashco Piro. El río Colorado, según testimonios orales, debe su nombre a aquella matanza: “el río se tiñó de sangre”.
En Iberia, la memoria conserva otro episodio: en 1903, tras un levantamiento contra los abusos de un cauchero español, ocho trabajadores fueron asesinados y cientos de Mashco Piro perseguidos y ejecutados en el Tahuamanu.
La Reserva Territorial Madre de Dios: una respuesta tardía
La creación de la Reserva Territorial Madre de Dios en 2002, con 816 057 hectáreas, fue la primera respuesta estatal a un siglo de violencia, esclavitud y desplazamiento.
Pero la presión extractiva no cesó. Desde 2007, los avistamientos aumentaron debido a la tala ilegal, la minería y la expansión de concesiones forestales y castañeras. Los encuentros se volvieron más frecuentes y peligrosos.
Entre 2011 y 2024 se registraron ataques mortales que revelan un patrón: los Mashco Piro reaccionan cuando se invade su territorio, cuando se les dispara o cuando se intenta fotografiarlos.
Los ataques: una cronología de advertencias ignoradas
2011: flechas en Pusanga y la muerte de Shaco Flores
El 14 de octubre de 2011, una flecha de metro y medio perforó la espalda de Jesús Kime, guardaparque harakmbut. Tuvo que dormir dos noches sentado, con la flecha incrustada, antes de ser evacuado.
El 23 de noviembre de ese mismo año, el guía matshiguenga Nicolás “Shaco” Flores acompañó al antropólogo Diego Cortijo a fotografiar a los Mashco Piro. Al día siguiente fue flechado en su casa y murió por las heridas. La foto se publicó en RTVE el 2 de enero de 2012.
2014: Monte Salvado, el ingreso masivo
El 13 de diciembre de 2014, unos 300 Mashco Piro ingresaron a Monte Salvado. Rompieron viviendas, destruyeron camas y utensilios, se llevaron alimentos y herramientas, y mataron animales domésticos. Los comuneros huyeron antes del ataque.
Fue la aparición más numerosa registrada.
2015: la muerte de Leonardo Pérez
El 1 de mayo de 2015, Leonardo Pérez Peña, estudiante matshiguenga, salió con su celular para fotografiar a los Mashco Piro pese a las advertencias. Una flecha le atravesó el pecho. Murió en el lugar.
2018: el asesinato de Víctor Zorrilla
Víctor Zorrilla, agente de protección de Diamante, fue flechado mientras pescaba con su hijo. Tenía tres heridas: espalda, abdomen y pecho. Su hijo logró escapar.
2020: Héctor Sandoval y la mutilación
El 14 de abril de 2020, Héctor Sandoval Ruiz fue flechado en Monte Salvado. Cuando los agentes recuperaron el cuerpo, faltaban las extremidades superiores.
2022: ataque en Tahuamanu
El 21 de agosto de 2022, dos trabajadores de la empresa Canales Tahuamanu SAC fueron atacados mientras pescaban. Jean Marco del Águila murió por seis flechas; Genis Huayaban sobrevivió. Días antes, los Mashco Piro habían disparado contra tractores forestales y fueron ahuyentados con escopetas.
2024: el ataque más sangriento
El 29 de agosto de 2024, seis comuneros de Diamante talaban madera en la quebrada San Juan pese a las advertencias. Los Mashco Piro regresaron y atacaron. Dos cuerpos fueron recuperados; dos comuneros siguen desaparecidos; uno sobrevivió con una flecha en la pierna.
El 24 de octubre de 2024, una comisión de FENAMAD y el Ministerio de Cultura fue atacada en el río Las Piedras. Jorge Hernani Alvarado recibió una flecha en el hombro.

La lucha por la recategorización
El 30 de septiembre de 2016, una comisión multisectorial aprobó el estudio para recategorizar la Reserva Territorial Madre de Dios como Reserva Indígena y ampliar su extensión en 240 mil hectáreas.
Pero hasta hoy no hay consenso. El Gobierno Regional de Madre de Dios, los alcaldes provinciales y dos ministerios se oponen.
Para FENAMAD, la situación es crítica. Alfredo Vargas Pío, su presidente, lo resume así:
“Si la Reserva Territorial Madre de Dios se queda en ese mismo espacio, se va a seguir concesionando, y cada vez habrá menos territorio para los Mashco Piro en aislamiento”.
La federación espera que el nuevo gobierno de Keiko Fujimori abra un diálogo real para garantizar el derecho a la vida, al territorio y a la titularidad del espacio ancestral de los Mashco Piro.
“Ustedes son malos”: la memoria del dolor
Uno de los testimonios más impactantes proviene de Romel Ponciano. En un encuentro, los Mashco Piro lo invitaron a comer carne ahumada en su campamento. Allí, uno de ellos le dijo:
“Ustedes son malos, ustedes que usan ropa son malos, han matado a nuestros hijos, a nuestras mujeres”.
La frase condensa un siglo de violencia. Un siglo de persecuciones. Un siglo de invasiones. Un siglo de encuentros forzados.
La lucha por la recategorización no es solo un trámite administrativo. Es un intento de reparar, aunque sea parcialmente, una historia marcada por el despojo.
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