En el norte, el “enemigo” puede ser el agua. En la sierra, la falta de ella. En la costa centro-sur, el calor. Y en la selva, las plagas. El Niño vuelve a poner en evidencia que un mismo fenómeno genera amenazas distintas según el lugar donde cae.

El norte está en el “centro” del efecto

De acuerdo con el documento oficial de la cartera, el FEN en el agro peruano se proyecta en dos etapas críticas. La primera fase abarca de julio a noviembre de 2026 y se caracteriza por el estrés térmico. La segunda etapa va de diciembre de 2026 a marzo de 2027 y coincide con la ventana de mayores despachos y cosechas del sector.

Frente a este panorama, “el segundo semestre constituye el periodo de mayor exposición económica para las agroexportaciones. Históricamente, el 37% del valor exportado se concentra en el primer semestre y el 63% en el segundo; por tanto, el desempeño de las campañas comprendidas entre julio de 2026 y enero de 2027 será determinante para el resultado anual, se puede leer en el informe.

Al respecto, una fuente cercana al sector le explicó a Gestión que la costa norte sufrirá con mayor fuerza el impacto de la alteración climática. Destacó que las circunstancias actuales se asemejan sobre todo a las del evento de 1997-1998. Aunque no significa que los daños vayan a ser iguales, sirve como una referencia.

En efecto, Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), mencionó que la costa norte registraría probablemente la mayor contingencia porque se debe mirar la cadena completa: floración, rendimiento, calidad, cosecha, empaque, transporte, puerto, exportación y además la logística de frío. “Es decir, incluso si el cultivo logra producir, una interrupción logística puede impedir que el producto llegue al mercado en condiciones de exportación”, expresó.

Asimismo, Diego Sotomayor, director de Gestión de Investigación de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), calificó a la costa norte como la más vulnerable. El incremento térmico, detalló, provoca un desfase en la polinización de la fruta, lo que resulta en una menor cantidad de la misma. Además, el calor extremo impide que el producto logre desarrollarse por completo. Apuntó, así, al arroz, que requiere riego por inundación controlada. Si las precipitaciones causan una inundación excesiva, este grano se pierde.

Para ambos voceros, entre los productos más expuestos figuran el mango y la uva de Piura; el limón Tahití y el arroz de Piura y Lambayeque; el arándano de Lambayeque, La Libertad y Áncash; el banano de Piura y Tumbes; y el espárrago de La Libertad.

En uva y arándano, el exceso de humedad eleva el riesgo de cracking, Botrytis, pudriciones y pérdida de firmeza.

Arándanos ante un escenario climático adverso. El FEN suma presión sobre un cultivo clave para las agroexportaciones peruanas. (Foto: Pexels)
Arándanos ante un escenario climático adverso. El FEN suma presión sobre un cultivo clave para las agroexportaciones peruanas. (Foto: Pexels)
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Desde el “termómetro” hasta las plagas

La huella en la costa centro-sur “comienza con temperaturas elevadas durante julio-noviembre, que pueden afectar procesos fisiológicos como la floración, antesis y cuajado”, precisó Amaro.

“Los cultivos particularmente relevantes son palta, uva, sobre todo en Ica, espárrago, cítricos y cebolla. En la palta, por ejemplo, el estrés térmico puede provocar aborto floral, menor fecundación y afectar la producción de la siguiente campaña”, enumeró.

En la uva, el exceso de humedad es capaz de generar cracking, hongos y pérdida de firmeza; en el espárrago, las temperaturas elevadas acelerarían el crecimiento de los turiones y afectarían la condición para exportación como fresco. Agregó: “Los problemas en carreteras e infraestructura pueden añadir un efecto logístico sobre una producción que ya viene afectada por factores climáticos”.

En la sierra, en cambio, el impacto climático dominante es la sequía, comunicó Sotomayor. El cultivo más afectado es la papa porque es un tubérculo que se siembra bajo el sistema de secano, lo que significa que depende exclusivamente del agua de las lluvias para ser regado.

Este escenario pone en riesgo la seguridad alimentaria de los agricultores locales, quienes, a diferencia de los agroexportadores de la costa, cultivan sus productos para su propio sustento.

“En zonas como Puno, Ayacucho y Apurímac existe riesgo de déficit hídrico y heladas. Los cultivos más expuestos incluyen quinua, papa, cebada y maíz amiláceo. En particular, la quinua puede verse afectada durante las siembras previstas para octubre-diciembre de 2026, comprometiendo la oferta de 2027″, enlistó Amaro.

En la selva, las lluvias extremas y los huaicos aumentan el caudal de los ríos y destruyen carreteras, lo que impide que los alimentos producidos en esta zona lleguen a abastecer a la costa. Adicionalmente, el exceso de humedad eleva el riesgo de aparición de plagas y enfermedades, un problema que se aborda poco en la discusión pública.

“Los cultivos particularmente expuestos son café y cacao, además del banano y el jengibre. En café, las principales zonas productoras (Cajamarca, Junín, San Martín y Amazonas) pueden enfrentar condiciones más favorables para la roya amarilla debido al incremento de temperatura y humedad. En cacao, especialmente en San Martín y Ucayali, el incremento de humedad puede favorecer enfermedades como moniliasis y fitóftora”, dijo el vocero de AGAP.

¿Qué elementos de la canasta agroexportable peruana registran mayor alarma frente al FEN?
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