Los efectos del fenómeno de El Niño no se concentran únicamente en la costa y la sierra. En la selva alta, las lluvias intensas pueden provocar deslizamientos en laderas, mientras que las sequías prolongadas reducen la humedad de los suelos y elevan las condiciones favorables para la ocurrencia de incendios.
Frente a este escenario, el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), entidad adscrita al Ministerio del Ambiente, desarrolla en San Martín una serie de acciones que combinan investigación científica, biotecnología, restauración de ecosistemas y monitoreo ambiental.
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Según Héctor Guerra Arévalo, especialista en Sistemas Agroforestales del IIAP, la intensidad de los impactos está relacionada con las características del terreno y con el nivel de intervención que ha sufrido el bosque. En zonas deforestadas, la pérdida de raíces disminuye la capacidad del suelo para mantenerse estable frente a lluvias intensas.
Bioinsumos para proteger la agricultura familiar
Las sequías también representan una amenaza para ecosistemas que ya se encuentran bajo presión, entre ellos los bosques estacionalmente secos del Huallaga Central. A ello se suman los riesgos que enfrentan los cultivos por la pérdida de nutrientes del suelo y la proliferación de plagas.
Como parte de su respuesta, el IIAP promueve el uso de biofertilizantes elaborados con microorganismos de montaña y hongos micorrízicos. También trabaja con controladores biológicos como los hongos Trichoderma y Beauveria bassiana, además de biocidas de origen vegetal utilizados para proteger cultivos como el cacao.

La estrategia incorpora además sistemas agroforestales que combinan árboles con cultivos agrícolas. A ello se suma la producción de hongos comestibles como una alternativa para generar ingresos cuando las condiciones climáticas afectan las cosechas.
Drones para recuperar zonas afectadas por incendios
En áreas donde el fuego ya ha deteriorado la cobertura vegetal, el IIAP utiliza drones para acelerar los procesos de recuperación. Estos equipos dispersan esferas que contienen semillas de especies nativas sobre laderas afectadas.
El uso de esta tecnología permite llegar a terrenos de difícil acceso y avanzar en la restauración antes del inicio de periodos de lluvias intensas, que pueden incrementar la erosión y el deterioro de las zonas dañadas.
ADN ambiental para vigilar ríos y fuentes de agua
El trabajo preventivo también alcanza a las cuencas hidrográficas. En la cuenca del Mayo, los investigadores utilizan ADN ambiental, conocido como eDNA, una técnica que permite detectar el material genético que los organismos dejan en el agua y obtener información sobre la biodiversidad presente en esos ecosistemas.
En el río Yuracyacu también se desarrollan acciones para recuperar fajas marginales y proteger las fuentes de agua. Estas intervenciones buscan favorecer a especies sensibles a las variaciones de humedad, entre ellas anfibios y peces nativos.
Las medidas forman parte de una estrategia que toma como referencia los escenarios de riesgo elaborados por el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) y canalizados por el Ministerio del Ambiente con miras al verano de 2027. El objetivo es fortalecer la prevención mediante el uso conjunto de información satelital, biotecnología y manejo de cuencas, reduciendo así los impactos sobre los ecosistemas y los medios de vida de las comunidades amazónicas.
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