Una mala calificación no necesariamente significa que un niño no estudió lo suficiente. Detrás de una caída en el rendimiento escolar pueden existir dificultades de aprendizaje, problemas emocionales, conflictos familiares, bullying, falta de sueño e incluso problemas de visión.
La Academia Americana de Pediatría reconoce que el bajo desempeño escolar puede estar relacionado con múltiples factores, entre ellos ansiedad, depresión, dificultades de adaptación, acoso escolar, problemas familiares, trastornos del sueño y alteraciones de la visión o audición.
Por ello, antes de recurrir al castigo, los padres deberían observar si existen otros cambios en el comportamiento del menor.
Rebeca Cahui, psicóloga de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), sostiene que una nota debe analizarse dentro de un contexto más amplio.
“Una mala nota no debe analizarse de manera aislada. Existen señales que pueden ayudar a los padres a determinar si se trata de una dificultad puntual o de un problema que requiere mayor atención”, advierte.
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¿Cuándo las malas notas pueden ser una señal de alerta?
Según Cahui, los padres deberían prestar mayor atención cuando el descenso académico aparece acompañado de cambios de ánimo, irritabilidad, aislamiento social o problemas de conducta tanto en casa como en el colegio.
Si, en cambio, las bajas calificaciones son temporales, afectan únicamente uno o dos cursos relacionados o coinciden con algún problema físico puntual, la situación podría requerir una intervención más específica.
Lo importante es identificar si se trata de un episodio aislado o de un patrón que se mantiene durante varias semanas.
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El rendimiento escolar también refleja cómo se siente el niño
El desempeño académico y el estado emocional pueden estar estrechamente relacionados. Durante la infancia y la adolescencia, las dificultades familiares, sociales o escolares pueden manifestarse mediante cambios en la concentración, la motivación y la conducta.
El bullying, por ejemplo, puede repercutir negativamente en el rendimiento académico y en la salud emocional de los estudiantes.
“No se debe asumir automáticamente que los problemas de concentración corresponden al TDAH. La falta de sueño, el estrés y la ansiedad pueden producir síntomas similares”, explica Cahui.
La especialista añade que también influyen algunos hábitos de estudio: no tener horarios establecidos, comenzar a estudiar únicamente antes de un examen, postergar las tareas, mantener materiales desorganizados o utilizar técnicas poco efectivas.
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Evitar comparaciones entre hermanos y compañeros
La reacción de los padres frente a las calificaciones también puede influir en la manera en que el menor enfrenta sus dificultades.
Cahui recomienda evitar comparaciones con hermanos, amigos o compañeros de clase, debido a que pueden afectar la autoestima y generar frustración.
“Tampoco es recomendable comparar al menor con sus hermanos, compañeros u otros estudiantes porque se afecta su autoestima, genera frustración y vergüenza, disminuye su motivación para aprender y provoca falta de confianza o sentimientos de rivalidad”, sostiene.
En lugar de centrar la conversación únicamente en el resultado de un examen, la especialista propone conocer qué ocurrió durante el proceso.
¿Qué hacer ante una mala calificación?
El primer paso debería ser escuchar antes de castigar.
Los padres pueden preguntar al menor qué piensa sobre la nota, qué dificultades encontró, si intentó resolverlas y si considera que existe algún problema que está interfiriendo con su aprendizaje.
Durante esa conversación resulta importante permitir que el niño explique lo sucedido sin interrupciones constantes.
“Después de escuchar al menor, corresponde analizar qué soluciones son viables y acompañarlo en el proceso”, señala Cahui.
Revisar sueño, visión, estrés y posibles problemas de aprendizaje
Cuando las malas calificaciones se repiten, la familia puede ampliar la revisión más allá de los hábitos de estudio.
Los problemas de visión y audición, las alteraciones del sueño, las dificultades emocionales y determinados trastornos del aprendizaje pueden interferir con el desempeño escolar.
También conviene conversar con profesores y tutores para determinar si el cambio se presenta únicamente en casa o si también existen señales dentro del aula.
Esta información puede ayudar a identificar cuándo resulta conveniente solicitar orientación de un psicólogo, pediatra u otro profesional especializado.
Cómo crear mejores condiciones para estudiar
En casa, los padres pueden ayudar organizando las actividades diarias, fijando horarios razonables y proporcionando un espacio adecuado para realizar tareas y estudiar.
También es recomendable reducir las distracciones durante esos periodos y establecer reglas claras sobre el uso de celulares, tabletas, videojuegos y otros dispositivos.
La supervisión no implica realizar las tareas por el menor, sino acompañarlo para que progresivamente pueda organizarse y asumir sus propias responsabilidades.
Cuando se requiere apoyo académico adicional, la familia puede evaluar clases de refuerzo u otras estrategias junto con el colegio.
Dormir bien también influye en el desempeño escolar
El descanso forma parte de los factores que deben observarse cuando aparece una caída en las notas.
Los malos hábitos de sueño y determinados trastornos relacionados con el descanso pueden afectar el funcionamiento escolar.
Por ello, además de organizar los horarios de estudio, resulta conveniente revisar a qué hora duerme el menor, cuánto descansa y si utiliza dispositivos electrónicos hasta altas horas de la noche.
Reconocer el esfuerzo, no solo la calificación
El acompañamiento también supone reconocer los avances alcanzados durante el proceso.
Palabras positivas, reconocimiento al esfuerzo y metas realistas pueden contribuir a mantener la motivación sin convertir cada evaluación en una fuente de presión.
Si después de una mejora aparece nuevamente una mala nota, la especialista recomienda evitar reacciones desproporcionadas y revisar qué cambió.
“Más que convertir una mala calificación en un motivo de castigo, el reto para los padres consiste en entender qué está ocurriendo detrás de ella”, concluye Cahui.
Escuchar, observar y dialogar permiten identificar si el estudiante simplemente necesita mejorar sus hábitos o si existe una dificultad emocional, académica, social o física que requiere atención adicional.
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