Ante el desborde de la criminalidad y el fortalecimiento de estructuras organizacionales de naturaleza delictiva que conspiran contra los intereses nacionales e imponen el terror con métodos despiadados, es preciso recordar que en la historia del cine hay un director que abordó el tema de la criminalidad. Scarface o Cara cortada (1932) y La ciudad sin ley (1935), de Howard Hawks. En Scarface, se critica la ley del hampa enquistada en América del Norte. En el film, el director del periódico le dice al pueblo: “Ustedes son el Gobierno. Exijan que promulguen leyes. El ejército ayudará, debemos ser realistas, luchemos contra el crimen organizado”. En La ciudad sin ley, se aborda la necesidad de tener un cuerpo regular armado para desintegrar el crimen y consolidar la concordia interior. Ambientada en la época de “la fiebre del oro” (1849-1850) en la ciudad de San Francisco, personas de toda índole se instalan en la ciudad para trabajar y enriquecerse. En ese turbio ambiente, la violencia provocada por la ingesta desproporcionada de alcohol, los asaltos y la incipiente organización criminal, trastornan la vida de las personas de buena conducta que viven en la ciudad. Ante el aumento del crimen, los ciudadanos pactan bajo el lema: “La ciudad no puede existir sin ley y orden”. En ambas películas, Hawks desentraña la naturaleza de la mentalidad criminal, penetra en la psicología del delincuente y demuestra que en una sociedad corrompida moralmente, la probabilidad de que florezca el crimen es mayor, pero además, Hawks demuestra que un cuerpo bien organizado que administre y aplique la fuerza para restaurar el orden interno y garantizar la paz pública, es indispensable.
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