Un niño de tres años duerme sobre una nube plástica. A su alrededor, catorce pantallas permanecen encendidas y despliegan imágenes de guerras, protestas, desplazamientos, datos ambientales y las promesas de un cambio mundial. Mientras el cuerpo descansa, la tecnología continúa activa. Registra, observa, procesa. Esa escena pertenece a “Tierra Prometida”, la instalación inmersiva de Cristina Planas que se presenta en Socorro Polivalente.

La obra plantea desde el inicio una tensión entre la fragilidad de ese cuerpo pequeño y una estructura tecnológica que parece no detenerse. El visitante puede intervenir en ella con un gesto sencillo: colocar un dedo sobre un sensor para que su pulso sea registrado y convertido en sonido.

Un sensor permite al visitante registrar sus pulsaciones y convertirlas en sonido, integrando el cuerpo humano al sistema tecnológico de la obra. (Créditos: Morfi Jiménez)
Un sensor permite al visitante registrar sus pulsaciones y convertirlas en sonido, integrando el cuerpo humano al sistema tecnológico de la obra. (Créditos: Morfi Jiménez) / Morfi_Jimenez

Leer artículo completo en elcomercio.pe →