Este Búho lee que algunos internautas están comparando la terrible tragedia sucedida en Nepal y Tíbet, con cerca de 400 muertos y más de mil desparecidos, con lo que vivimos los peruanos hace 56 años en el Callejón de Huaylas, donde un aluvión despareció la ciudad de Yungay y se calcularon más de 70 mil fallecidos.Por las cifras es evidente que lo ocurrido en la sierra del Perú el 31 de mayo de 1970 fue ¡mucho peor! La naturaleza nos castigó cruelmente.
Y resultó tan impredecible que solo queda estar preparados. Se produjo un domingo, con las familias reunidas en casa a las tres de la tarde, pues ese día pasaron por televisión, a la una de la tarde, la inauguración del Mundial de México con el partido entre el anfitrión y la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Revisando los archivos periodísticos veo que un tabloide popular de la época tituló a grandes páginas ‘¡Aplaca tu ira, Señor!’. Un periodista de esos tiempos me comenta que ese día Humberto Martínez Morosini, del noticiero ‘El Panamericano’, fue el que dio las primeras informaciones. Las comunicaciones habían colapsado en la zona del desastre.
No había electricidad en todo el Callejón de Huaylas y hasta en Chimbote, de donde provenían las noticias del interior del Callejón: Caraz, Huaraz, pero de Yungay nadie informaba nada. En el país se vivía la euforia mundialista, la de esa gran selección de México 70, y la blanquirroja se alistaba para jugar el 2 de junio su primer partido ante Bulgaria.
La tarde del debut, jugando con camiseta roja y un crespón negro, los muchachos estaban desmoralizados. A don ‘Pepe’ Brandariz, jefe del equipo, se le ocurrió una idea. Llenó de tierra el jardín del estadio de León y antes de que salgan a la cancha les gritó: ‘¡Esta es tierra que acaba de llegar de Perú!’. Los jugadores la besaron, se la pasaron por la cara, alguno hasta probó un poco y, como por encanto, salieron renovados y ganamos 3 a 2.
En Lima, periodistas como el recordado Javier Ascuez, de El Comercio, con 25 años, y su fotógrafo José Michilot se aventuraron a ir al lugar del epicentro. Primero llegaron a una Chimbote dañada. Allí les dijeron que todo el Callejón de Huaylas estaba destruido. No había ningún camino y fueron los primeros hombres de prensa en llegar a Yungay, desde Casma, caminando días, cruzando la helada cordillera.
Sus testimonios gráficos de Huaraz, la primera ciudad a la que llegaron, fueron desgarradores. Pero aún les faltaba ver lo peor. Seguramente los intrépidos Ascuez y Michilot se encontraron a un jovencito futuro actor, Rodolfo Carrión, ‘Felpudini’, en aquella ciudad que parecía que le había caído una bomba atómica y con nubes de polvo que no permitían ver nada.
El carismático ‘Felpu’, lamentablemente ya fallecido, vivió en carne propia el terremoto en su epicentro, su ciudad natal Huaraz, y recuerda aquella tarde trágica: ‘A las tres de ese día estaba duchándome porque tenía ensayo con mi grupo de teatro de aficionados. De un momento a otro todo comenzó a desmoronarse, las losetas se reventaron, entonces salí corriendo a un patio grande donde había una intensidad de polvo. Estaba desnudo.
Mi amigo Marco Rodríguez me dio ropa para vestirme. Cuando empezamos a avanzar escuchamos a personas enterradas pidiendo auxilio y escarbábamos para rescatarlas. A mi enamorada no pude salvarla, tuve que llevarla en mi hombro hasta el cementerio’. Terribles historias. ¡Participen en los simulacros de terremotos! No es cosa de juego. Apago el televisor.
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