A los cinco años Juan Martín Hsu, cineasta, estaba en la tienda de abarrotes de su familia, en Buenos Aires, cuando escuchó un ruido parecido a fuegos artificiales. Al voltear, encontró a su padre herido de bala. Según contó Norma Velásquez, productora de “Los caminantes de la calle”, el ataque ocurrió porque el hombre se negó a pagar extorsiones de la mafia china, preocupación diaria de autoridades argentinas. Treinta años después, aquella experiencia se cruzaría con una noticia policial sobre una banda asiática por fin capturada. Eso le daría el empujón creativo a Hsu para imaginar un largometraje.

Adaptar la realidad

“El director escribe la historia cuando lee en el periódico que una fiscal, a través de escuchas telefónicas, logró culminar una investigación y capturar a una banda china en Argentina”, explicó Velásquez en el Festival de Cine de Lima, en agosto. Hay en ese origen una suerte de espejo con la infancia de Hsu, quien siempre abarcó temas autobiográficos en su filmografía y, además, curiosea con el cine noir asiático. Antes de “Los caminantes de la calle”, dirigió “La Salada” (2014) y “Luna, representación de mi corazón” (2021), películas que transitan entre el idioma español y el chino, entre otros, como el quechua y el coreano.

En los “Los caminantes de la calle”, una fiscal argentina (interpretada por Victoria Almeida) se pone los audífonos y escucha las conversaciones en idioma chino de unos bandidos dedicados a la extorsión, los homicidios y la trata de personas en Argentina. La película, filmada en Lima y Mendoza, tuvo su estreno mundial en el reconocido Tallinn Black Nights Film Festival en Estonia e hizo un pre-estreno en el Festival Internacional de Cine de Lima antes de su llegada a cines comerciales el 27 de agosto.

Actores por accidente

Una parte de la trama sigue a Xu —encarnado por el peruano-chino Andrés Tan—, un joven que opera bajo las órdenes de Zhao, líder de la organización dedicada a la extorsión, interpretado por el actor mexicano-chino Emilio Chau—. Como parte de la red criminal, Xu recibe el encargo de trasladar a una mujer natural de China a quien llaman “La pujianesa” —papel de la debutante Yuchen Che—. Ella viaja como “cargamento” hacia otro país, no sabe cuál. Durante el trayecto, sin embargo, el joven siente remordimientos por su papel dentro de la estructura; desde ahí, la película da un giro.

Emilio Chau, de 54 años, es el actor con más experiencia en la película. Mexicano con raíces chinas, acupunturista y un hombre muy sonriente, cambió su vida cuando se enamoró en el país charra, casualmente, de una peruana. Antes de mudarse al Perú, había participado en comerciales, videos y producciones audiovisuales en México. Incluso recuerda una película donde compartió set con Diego Luna, “Solo quiero caminar”, donde obtuvo el papel de mafioso y compartió diez escenas con el actor nominación al Globo de Oro por “Andor” (Disney). “En realidad, ahí salgo del hijo de un mafioso y solo tengo dos líneas”, bromea el actor mexicano.

A Emilio, la producción de “Los caminantes de la calle” lo encontró en una fotografía de una revista, tomada durante una actividad de la comunidad china en México. Allí, él bailaba la danza del león chino al ritmo del tambor. El contacto terminó llegando hasta su consultorio, donde trabaja como acupunturista, un oficio que perfeccionó con estudios de medicina en China hace varios años.

Descubrir al actor que se lleva dentro

“Yo no sabía que era el jefe de la mafia, solo que era un jefe. Es recién ahora, que veo la película, que me doy cuenta. Cuando grabábamos, el director me decía que siempre tenía que tener cara de malo, siempre estar enojado. Y esa actitud, de hecho, está bien representada en la cultura china, mis paisanos”, agrega Chau.

El actor y director de casting Beto Benites buscó por mucho tiempo actores chinos, o latinos con aspecto asiático, capaces de tolerar la complejidad mental de un mafioso o una víctima de trata. Pero la búsqueda de personajes estaban siendo realmente difícil. Entonces, aparece Andrés Tan, contactado por un productor de la película cuando salía de una función de teatro. El joven programador de 32 años estaba sentado en una banca cuando recibió la pregunta inesperada: “¿Quieres participar en una película?”. “Todo empezó literalmente en la calle”, dice el hoy actor a Luces de El Comercio.

“En mi caso, el idioma fue un reto. Por ejemplo, Yuchen (Che) habla un dialecto, el mandarín, y yo cantonés. Para alguien que es chino de verdad, eso es muy extraño, pero, para el público latino, más o menos indiferente. Es como igualar el español al portugués. Yo le preguntaba cómo hablar en chino a ella, y ella cómo hablar en cantonés a mí; se escuchaba raro. Entonces, Pero, en lo que podía, intenté darle mi interpretación a partir de la traducción”, explica Tan.

Por su parte, Yuchen Che llegó a la película por una convocatoria en Instagram. China de nacimiento, llevaba casi cinco años viviendo en Lima y trabajaba en una empresa china de fintech (finanzas y la tecnología). Aunque bailarina amateur desde niña, nunca había pensado dedicarse a la actuación. Sus intereses estaban más cerca de los museos, la música, el baile y otras expresiones artísticas que le permitían salir de su vida cotidiana.

“Fue un poco difícil en ese momento”, explica la ahora actriz, con una pronunciación en español a medias y el semblante calmado, a este diario. “Encima, tanta gente me estaba mirando… Y yo tenía que llorar, estaba súper nerviosa. Allí fue cuando sentí que ser actor es realmente difícil. Poder expresar tu emoción”, recuerda.

Los tres actores tuvieron poco tiempo para asumir sus papeles. La actuación, por eso, se construyó desde un lugar poco convencional. Andrés explica que el director les preguntaba por sus propias historias y adaptaba los personajes a ellas. “Lo que nos hicieron a nosotros es hacer básicamente el personaje en base a nuestra personalidad real”, dice.

En el caso de Xu, eso significó no inventar por completo una personalidad, sino preguntarse: ¿Qué harías en esta situación? Así les decía el director. El rodaje demoró entre 3 semanas y 1 mes. Y, al recordarlo, hay algo más que permanece en sus testimonios: la personalidad china de la cinta. Si bien un contexto de mafias, se encontraron con el cine y sus particularidades. Esta semana, de acuerdo a la taquilla, verán si salieron con el visto bueno del público.

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