Hola, mi gente. Estoy más que agradecido con todos nuestros seguidores, que dos entregas han hecho de ‘Lateando con Puchungo’ un golazo en todas las plataformas de diario Trome, el más bravo en todos los quioscos de los barrios. Y hablando de barrio, hoy toca el gusto de estar nuevamente en el Callao, donde he juergueado delicioso y aquí vive un hermano y también mi compadre: Andrés Aurelio ‘Balán’ Gonzales.

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Nuestro invitado es tan querido en esta zona que ahorita lo vamos a enfocar. El parque era el ‘parque de la U’ (por la forma de las casas), así se llamaba en el Callao, y hoy se llama parque del personaje.

O sea, tú pones en las redes: “El parque del personaje”. Vamos a preguntarle si lo ha comprado, lo ha alquilado o qué, porque, si el hombre... ¿Cómo van a decir “el parque de tal”? No sean malos.

A latear...

La hora, la hora. A las 11 hemos quedado.

Recién llego, pe.

Pero ¿qué hora es? 11:05.

Estás facturando conmigo.

¿Qué facturando? Tú facturabas con mis pases.

Vengo de Puente Piedra, por ti nomás vengo.

Oye, Siri, quiero llegar al parque Balán González, en Gambeta, Callao.

SIRI: Obteniendo indicaciones hacia Balán González Park.

M... Mira a mi compadre. Balán González Park.

SIRI: Ruta a Balán González Park.

¡Es firme!.

SIRI: Has llegado.

Balán González Park. Mira. (Señala el teléfono).

Las personas que hemos hecho el bien aparecen. Tiene que aparecer. ¿Qué? ¿Tú creías que no?

Pensé que era broma. Yo he puesto en Waze ahorita y me sale Balán González Park. Está bien en inglés.

Cuenta. Oye, ¿y tú vas a seguir facturando conmigo?

Escúchame. ¿Cuánto? ¿Cuánto te voy a cobrar?

Tengo que cobrar. Este cobra, ¿no? Entonces, ¿cómo hacemos?

¿Cómo hacemos con los pases que te he dado para tus goles? También tienes que pagarme, ¿no? Lógico. Te mandé hasta España. Te mandé al Betis.

Te he hecho conocido por los goles.

Te he mandado a China, te he mandado al Betis.

Por mis goles se ha hecho conocido. Usted ahora tiene su programa.

Lo aman, lo aman ahí en España, en el Betis. Un equipo que subió de Segunda a Primera con él, gracias a los goles. ¿Pase de quién? De tu compadre. Su cariño, nunca. Ni una camiseta me trajo.

Pero si camiseta no nos daban, solo con la que jugábamos.

Este es el barrio de mi compadre Andrés Aurelio Balán González Luján. Este es su barrio. Justo daba la vuelta, me encontré con su hermana conversando y extrañábamos el carro de mi tío. El rojo, [__].

Ahí, el rojo inamovible, ¿no?

¡Cuántas historias, compadre!

Vamos a saludar primero.

Primero voy a saludar a la persona. Me ha hecho esperar. Ah, más chocadora, acostumbrado a las vedettes.

HERMANA DE BALÁN: Acostumbrado a las vedettes, se ha olvidado de la hermana.

Era pampa esto, cuando era pampa esto. Y peloteaba. ¿Dónde están tus arcos?

Acá eran. Ahí eran, con dos árboles. Mira, ahí están los árboles. Ah, era tierra aquí, pura tierrita.

Terracota era. Yo no quería venir porque me manchaba mis zapatillas nuevas. Sin fin. Sin fin. Gracias. ¡Cuántos recuerdos, compadre!

La verdad que giré, compadre, y justo le decía a tu hermana: “Este es el carro de tu viejito”, ¿no? Acá estaba, ¿no? El tío, mi tío, su sombrero. Una foto de mi tío, su sombrero, su sobretodo, como cuando llegó a retirarse del fútbol con la U.

P... m... Usted se tiene que olvidar, compadre.

Balán y Puchungo se divierten con sus anécdotas (Foto: @GEC)
Balán y Puchungo se divierten con sus anécdotas (Foto: @GEC)

Es que me dio risa, huevón. Me dio risa cuando apareció tu cara de huevón. Cuando lo vi a tío, me asusté. “¿Qué ha pasado?”, pensé. “¿Tú habías fallado en algo?”. Pero entraste dos minutos nomás.

Michael Jackson me quedó chico.

El Ciego Oblitas se lo comió. Se escuchaba en el Lolo.

Y como si yo tuviera muchas alternativas, voy a dejar de jugar. Lo único que sabía, lo único que sabía hacer.

¿Y sabes qué? Qué risa. Mi tío, bien abandonador. Estábamos afuera, sacó su sombrero, salió... “Tío, ¿qué fue?”. “Ese es problema de tu compadre”, me dijo. Sacó la cola más rápido.

No, él... yo lo he venido a acompañar, dijo.

Sacó la cola mi tío. Claro, se fue más rápido.

Se sacó, se sacó, compa.

Hermano, no veo a toda la familia. Tengo que saludar, compadre, tiene que ser. No me invitas, ya no quiere que venga para acá. Ahora me dice: “Vamos a Escardó”. Me lleva a Escardó. “Acá no es su barrio”, dice.

Acá vengo siempre. Teníamos el equipo de la familia.

Todos juegan bien: Javi, José, todos. El único era Cabeza de Gota, ¿no?

Ah, era nuestro refuerzo. Richard, Cabeza de Gota.

Pero tenían su equipo acá, en el barrio.

Del barrio. Aparte, la familia.

Hace tiempo se jugaba, ¿no? Con el nombre de la familia ibas a los campeonatos, ¿no?

Y acá, en el barrio, se llamaba el equipo de Gustavo Medina, en honor a un niño de acá, del equipo del barrio.

Yo me acuerdo que una vez fui a verlo jugar a ustedes y terminó toda la familia en trompeadera.

Te íbamos a jalar, pero por color no pegaba.

No pagaba, no pagaba. Y terminamos en una huasca bonita acá porque se ganó. ¡A la guerra!

¡Por favor!

Claro, pues, si era toda la familia. Iba, ¿no? Claro. Todas las hermanas, todo, con las ollas, todo.

Todo ya estaba preparado, todo para el retorno.

¡Qué rica rumba!

Ah, se juntaban todos los de acá. El equipo era el que se llamaba, como tú dices...

Gustavo Medina. Y allá, en Castilla, el barrio Huevito tenía otro equipo. Acá, los chicos de acá. Claro, Huevito es en Castilla. Nosotros somos Gambeta. Bueno, los chicos de acá, de Chichan Boys. El de allá es Estrella, se llama la Estrella del Norte. Todos los equipos, todo, todo.

Y acá está la gente de Zambrano.

Ellos son la parte de acá atrás, Gambeta Alta.

La canchita de tierra que han hecho.

Ahí, donde el amigo Lucho. Los Zambrano también tienen su equipo.

El tío también jugaba, ¿no?

El papá y los tíos. Los tíos, muy buenos. El Chueco. El otro Zambrano era defensa. Era el papá, mataba, metía más taba, el doble del chico.

Sí, yo me acuerdo. El tío era yuquero. Sí, me acuerdo que metía, metía.

Ramos, Marquito Arrasabal, Cautín.

Acá estamos nombrando gente que jugó en Boys y Calillo, allá.

Nosotros teníamos un equipo del Boys que era 90 % chalacos.

Cuando jugaban acá, ¿era fulbito?

Claro, pues.

¿Quién tiraba de nueve? Si estaba Balín, Javier estaba ahí. Claro. No, pues...

BALÁN: Javier, por edad, era primero. Yo, de sapo, alentaba. Jugaban Hugo, Javier y José. Yo tenía que esperar mi turno, yo los miraba. Después ya jugué con ellos, porque acá había unas promociones; todos jugaban muy bien.

Usted esperaba su momento.

Yo miraba, era más chibolo.

Ya no me invitas.

Desde que debes, ya no vienes.

Balán muestra parque que Puchungo parece haber olvidado (Foto: @GEC)
Balán muestra parque que Puchungo parece haber olvidado (Foto: @GEC)

¿Te acuedas de Puchunguito?

¿Qué debo?

Y tu pequeñito ya está grande también.

Habla bien.

Acá tiene un pequeño él. ¿Te acuerdas que le decíamos Puchunguito?

Bien malo eres. Nunca nada. Por acá siempre hemos lateado, siempre era tierra con mi cumpa.

Primero era tierra. Claro, eran campos así todavía, esas canchas no habían. Era tierrita y adaptadas, pues, para jugar.

Cumpa, las tiendas... Yo me acuerdo que esta tienda acá... Está la tienda todavía. Todavía la tienda de allá también.

Donde se compraban los líquidos.

No tienes... No te has robado nada todavía.

BALÁN: No, ya. Yo parte de esa tienda es de mi consumo. Ellos han crecido por todo lo que he consumido, por todas las cajas que he comprado ahí.

Compadre, te lo juro, qué bonito está. Hermoso.

Ha progresado. Hemos avanzado. Toda la gente ha avanzado.

PUCHUNGO: Ya tienen luz también.

BALÁN: Este csm... Siempre ha habido luz. Siempre. Solamente que hacíamos tipo Cuba: racionado, por ratos.

Esta es la urbanización Néstor Gambetta.

Este era el parque de la ‘U’.

Claro, lo conocían como parque de la U porque esto no estaba. Esto era chacra, ¿ya? Entonces eran las 52, 54 casas, así, tac, tac.

“Mi barrio era de estibadores”

Están contabilizadas las jatos.

Claro, eran con números. Estas dos casas de acá y las dos de allá no pertenecían a las 52. Eran 52 nomás.

Como esos lotes, pum, los tiraron y los agarraron e hicieron 54. Fueron, subieron y todo esto, que era una chacra. Entonces, también, esta gente agarró, empezó a lotizar y ya pues creció. Claro. Ya ahora somos la U cerrada.

Claro, porque esta vaina era una U, ¿no?

Acá había una chacrita... El chico Deza es de acá, a la espalda.

Y tú me dices que las 54 familias se conocen acá.

Todos. La mayoría son trabajadores del puerto, estibadores. Les correspondió a algunos padres que les den casa acá porque eran por sectores. A mi papá le tocó acá.

Yo no sabía, todos los años que he venido, cumpa. Yo no sabía que estaba separado por 52 casas. Había una rumba y todos llegaban, todos. Y no, yo decía que nadie se queja y estaban todos acá metidos. Claro. Y se mantienen las familias acá.

Ahora ya pues han quedado los nietos, podría decir los hijos, los hijos de los hijos.

Cuando tú arrancaste acá para jugar, ya la gente, los mayores, me imagino, como era cerrado, ya tenían un cuidado contigo.

Mucho, extraordinario. Acá yo puedo decir que me cuidaron bastante, me protegieron. Yo me molestaba porque quería jugar y me decían: “No, sobrino, usted está para otra cosa”. No me dejaban. Es más, venía gente para inquietarme y llevarme a jugar a las ligas, y decían que no, que yo estaba en los menores del Boys. Era un orgullo para ellos que alguien del barrio estuviera firmando. De acá han salido jugadores.

¿Y había algún tío que los juntaba?

Lamentablemente, ya hace un par de meses murió el tío Raúl Samanamú, una persona que se encargaba siempre de organizar todo y lo respetábamos. Hincha del Boys a morir. El día que debuté con el Boys... me mandan a calentar y el tío, arriba. Él, con Johnny, fueron a verme el partido del debut, en el estadio San Martín: Boys-Cristal. Yo regreso y, en la noche, los encuentro en la esquina tomando cerveza, esperándome para felicitarme. “Sobrino, de acá no paramos”, él siempre me alentaba.

El orgullo del barrio.

Seguro quería que me quede en el Boys. Pero tú sabes que en el fútbol van apareciendo mejores oportunidades. Pero siempre ese cariño muy especial.

Vamos a ver esa canchita. Esa canchita era tierra, cumpa. ¿Te acuerdas?

Tierra, tierra es poco, compadre. Era piedra y todo.

Balán y Puchungo Yáñez caminan por las calles de Gambetta  (Foto: @GEC)
Balán y Puchungo Yáñez caminan por las calles de Gambetta (Foto: @GEC)

Y era, claro, como cascajo. Tenía de todo. Pero, cumpa, yo me acuerdo de toda esta zona.

Esto era primera plana, ¿no? Planta. Una planta.

Compramos dos caos iguales del mismo color

O sea, yo para acá venir era más bravo. Nosotros siempre parábamos acá nomás.

Éramos la Unión, porque decíamos que esto era un poco más caliente, pero nunca se metieron con nosotros, pendientes de las necesidades que podíamos tener.

¿Y se agarraban barrio con barrio?

Había mucha rivalidad y tenían buenos jugadores.

Y acá me imagino que las chicas, acá en el barrio...

Que también tuve mi cuarto de hora. Tenía, compadre, que tenía, pero había mucho respeto. Claro, imagínate. Claro, imagínate.

No, si había, compadre. Yo venía y había... Tú te acuerdas, ¿no?

Me acuerdo de los mejores exponentes.

Yo sí podía chocar porque...

Usted era foráneo. Siempre la gente local admira al foráneo. Muy poco miran al de casa. Todo el mundo pensaba que mi compadre estaba ganado, pero era un blanco misio.

Compadre, cuando trajiste tu primer carro del año acá...

El Tercel.

Compramos los dos el mismo carro.

Carro fino para ese entonces.

Balán era la pesadilla de la zaga victoriana en los clásicos (Foto: @GEC)
Balán era la pesadilla de la zaga victoriana en los clásicos (Foto: @GEC)

Los dos compramos carro blanco y polarizado. ¡Más giles!

Y por poco iba a dormir la gente afuera para cuidarlo. “No, ni que lo toque nada”. Y en todos esos años, nunca, compadre, ni un arañón ni nada. La gente muy...

La gente de tu barrio que te adora.

Muy buena, muy buena. Sí, como en el tuyo, ¿no? Tú sabes, cuando íbamos a reuniones también y siempre ese respeto, ese cariño por nosotros.

Lo único, los vasos que te cayeron en carnavales. Ese fue el Conejo.

O fue el Conejo o fue Israel. Una puntería... Me bajaron el espejo.

Balán y su terror al mar: Vi pescaditos

Acá han sacado una sucursal de la Tía Trini.

La p...ga rellena. Acá hay un lugar típico en el Callao que la gente viene siempre. Se llama la Tía Trini y se llama la p...ga rellena, que es un calamar relleno de lo que tú quieras: ceviche o arroz con concha negra. Lo hace en forma de un pene y lo pone, y es famoso. No sabía.

Han puesto, han puesto. Yo también he venido y me he sorprendido porque para muy concurrido los días que hay partidos acá, en campeonato de fútbol, en las noches. Ahora ya, gracias a Dios, tienen luces para jugar.

¡Qué bonita está esta zona!

Este parquecito está bien trabajadito.

Esta es la zona de Gambeta Alta.

El parque se llama José Olaya, en homenaje al mártir. La mayoría de la gente se dedicaba a la pesca. Son del norte.

Compadre, ¿y tú por qué tan negado con el agua?

Y mira, siendo de dónde...

De acá, José Olaya, del Callao. Papá portuario y no sabe nadar. No sea abusivo.

Eso ha sido una de mis falencias. Mal. ¿Qué pasa? Que ocurrieron muchas situaciones negativas en mi vida. Cuando yo estaba chibolo, íbamos a la playa de escapados, nos escapábamos. ¿Te acuerdas? En ese tiempo tu mamá no te daba permiso. Era acá. Tenías que cruzar por el puerto. Cruzábamos todo el Puerto Nuevo, todo, hasta allá para llegar al Carpallo. ¿Tú te acuerdas de Carpallo?

Claro.

Pues entonces, compadre, veías esas situaciones, que sacaban un hue... ahogado, un huev... roto, y eso... Como yo era nervioso, era yo para que no me quería meter ni nada. Los tipos, sin saber, se metían. Yo, nada. Imagínate, yo cuidaba la ropa de los muchachos. Por ir con la gente, yo cuidaba la ropa. Mi problema era cuando se iban a la isla San Lorenzo. ¿Te acuerdas que tenías que cruzar?

Por las rocas, sí. Te cobraban.

Me caigo y no sabía ni caminar en el agua. Y ya pues, así fue. Pero negado, negado siempre.

Yo pensé que tú jodías.

No, no, no, nada. Y entonces, ya un poquito más grande, habían los paseos familiares, ¿te acuerdas?

Claro. Nos llevaron a Naplo.

Y no podíamos...

Santa Rosa, Naplo era la clásica, ¿no?

Eso, como dan en la televisión ahora, eso de Al fondo hay sitio. Así íbamos, en esos buses, con ollas. Y, compadre, empiezan a jugar vóley dentro de la playa y yo estaba ahí atrás. Me tiran un balonazo que ya no llego y yo salto. Viene la ola y un revolcón hacia adentro. Todos estaban en el vacilón, riendo. Yo estaba abajo, luchando para salir. O sea, me han pasado demasiadas cosas en el mar.

O sea que sí es cierto. Has estado ahí. O sea, no negado...

Siempre he tenido problemas con el mar. Y siempre he visto pescaditos abajo. Por eso no me gusta ni el ceviche.

Balán jugó po Alianza Lima en un clásico (Foto: @GEC)
Balán jugó po Alianza Lima en un clásico (Foto: @GEC)

Negro raro, no le gusta el ceviche.

Todas las cosas con el mar las tengo con respeto. Después, cuando hemos sido más grandes, a la Copa Libertadores, una moto acuática también...

Pero esa fue por gracioso. Estábamos en el yate.

Para sacarme la foto nomás. Estos, por graciosos, y me voy para abajo.

Para ellos está bajito. Para el que no sabe, no hay bajito.

Era bajito, compadre. El agua te llegaba aquí y aleteabas así. Para el que no sabe...

Has tenido tus traumas.

Su etapa de cocinero en Estados Unidos

¡Qué chévere que en tu zona todo el mundo se conozca! Se saludan.

Las familias tradicionales acá se identifican inmediatamente.

En la época que tú jugabas y que ibas afuera, ¿siempre volviste a tu barrio?

Siempre. Yo nunca he dejado Gambeta.

Cuando te quieren engreír en tu jato, ¿qué te preparan?

Pucha, mi plato preferido, pues, que es el ají de gallina... Un seco de pollo, para qué.

En tu familia, compadre, todos cocinan bien. Mi tía, que en paz descanse, tu hermana, todas cocinan. ¿Tú qué tal en la cocina, compadre?

Bien, pues. Y a mí me tocó también hacer eso allá. Yo fui un rato también.

Compadre, pero era de jarabe, no seas abusivo.

¿Cómo de jarabe?

Mintiendo a la gente, seguro. A prender la vaina.

¿Hervir el agua?

¿Tu fuerte?

Todo.

Balán hace su  regreso al Perú de manera triunfal  (Foto: @GEC)
Balán hace su regreso al Perú de manera triunfal (Foto: @GEC)

Este debe ser más malo cocinando.

Yo, los últimos cinco años de mi estancia allá, en Estados Unidos, estuve trabajando en un restaurante.

¿Y tú qué? Pero, ¿qué eras?

También lavaba. ¿Quién va a decir que no lavaba platos?

Pero ahí te quedaste tú.

Doble, doble función. Jugaba, jugaba lavando platos y, a la vez, hacía preparación de las ensaladas y los dressings, y me especialicé en ensalada corta.

Cortar la palta y la lechuga.

Nooo, todo con medida. Es que era un restaurante de gran nivel, no creas que era un mercadito.

¿Medidas de qué?

Medidas, pues. Que lleva cada ensalada, tanto por ciento, un porcentaje de alimentación para la gente.

Pero solo tirabas ensalada, entonces.

Todo.

Pero tírame un plato, pues. Un nombre. Me estás meciendo.

No era cocina latina, era cocina americana.

O sea, cocina latina no la conoces.

Recontra, la conozco por la familia. Te cocino un ají de gallina, un arroz con pollo, cau cau. Yo voy...

Yo soy mentiroso. Ah, pero este es más cínico. Tú ca... a Pinocho.

Yo voy recontrabien, cumpa. Te lo juro.

Pinocho se volvió de carne y hueso por tu culpa, h...n. Este, ¡qué mentiroso!

Cuando voy a ver a mis hijos, los engrío. La última vez he hecho... Bueno, yo siempre hago las entradas: las causas, una papa a la huancaína; y de fondo, pues, le hago sus estofados, su escabeche, su arroz con pollo, todas esas cosas que no comen los muchachos.

Compadre, cuando estabas allá chambeando en eso de la cocina, estabas adentro y llegaban los peruanos...

No, no, no, no, no. No era línea peruana, era línea americana.

¿Una vez llegó algún peruano y ‘te sacó’?

No, no, no. Era línea americana y de alta, sin hueso. Teníamos la mallita para el pelo, pero tenías que estar bien afeitadito. No puedes exponer los platos.

[32′17 ‘]

No tuviste la mala suerte de encontrarte, como el Coyote Rivera, que se encontró...

Era pollito... Esto no necesitaba ni, ni cómo se dice, ni propaganda, porque se vendía solo. Ahí era. Venía gente de la NBA, venían políticos fuertes de Estados Unidos. Sí, sí, muy fuerte.

Bien, compadre. No te tenía en esa.

Esta era una cantinita tradicional del barrio, de todos los años. Lamentablemente, ya falleció también el amigo Lucho, se llamaba. Acá jugabas y acá liquidabas. Pero esto era unos equipos hasta acá de música. Narraba mi tío los partidos, el tío Willy Camacho, ¿te acuerdas? Sí. Hermoso. Esto era un mundial. Bueno, después de lo de Puerto Nuevo y Chacaritas, este campeonato era muy, muy...

Cuando tú estabas de chibolo acá y ya estabas jugando en Boys, ¿los tíos te cuidaban de que no liquides?

BALÁN: Lógico. No había ni... ni salía. “Sobrino, ya vaya para la casa”. Ellos me mandaban, como familia. “Sobrino, ya es tarde”, me decían. “Las esquinas nunca han sido buenas para nada”. Y ellos eran dueños de las esquinas. “Ya, ya, hijo, ya vaya. Mañana tienes que entrenar”. Yo no sabía ni mis horarios. Pero era una forma de mandarte a la casa, que ya estaba bueno.

Cuando llegas a la U con 18 años, creo, ya llegas al barrio. Acá la gente, más de Boys.

Acá la gente se identifica con Boys. Todo esto es Boys, todo esto es Boys. La gente estaba feliz, pues, porque estaba logrando algo que para todos es soñado, ¿no? Entonces, me empiezan a decir: “Oye, sobrino, felicitaciones. A meterle”..

¿No has pensado ser alcalde?

Nos sacan todas las malucas. Toda la gente que está conmigo se voltea.

Pero acá en la zona no. Acá en la zona...

Con esta gente me he portado correcto siempre.

O sea, que cuando llegas a ser jugador de la U, piola contigo.

Muy bien. Felices.

Igual te jodían.

Cuando jugaba con el Boys, “sobrino” a todos, menos al Boys. “Sobrino”, esto siempre era...

Siempre tocaba hacer igual.

¿No te acuerdas? No podía, compadre. Fue... Yo no podía y, cuidado, tuve hasta problemas con la U porque pensaban que me dejaba y yo no podía hacerle un gol al Boys, hermano. Pasaron muchos partidos para poder...

Ah, te costaba hacerle.

Cantidad, compadre. Parecía que sabían de dónde venía yo, cuál era mi procedencia. No podía hacerle gol. Un gol le hago y me tapo así la cara, como que... Y eso me costaba la vida. Casi Gordo González me quería castigar, me quiso multar. ¿Te acuerdas que jugamos ahí, en el Estadio Nacional, y el Chino Suto Kanashiro me saca el pase y yo la empalmo? Ese fue mi primer gol.

¿Cuántos compadres tiene? ¿Cuántas comadres tiene mi compadre? Todo el barrio, ¿no?

No. Mi comadrita... Yo soy padrino, pues, de John Jairo, mi ahijado, que jugaba fútbol en Cantolao.

¿Se porta bien con el ahijado o no? Diga la verdad, señora. Diga la verdad.

Gracias, comadre.

Se dan la mano entre todos cuando pasa algo a la familia.

Ahora un poquito que se nos han ido los referentes, la gente mayor, ¿no? Entonces, los jovencitos no se conocen mucho y no están haciendo las cosas como se hacían antiguamente.

Y cuando pasa algo de eso, ustedes tienen la potestad de llamar la atención.

Sí, sí, sí, sí. Los jefes de familia siempre se han metido. Ese respeto no se perdió nunca.

‘Puchungo’ escondió a Balán en su casa tras Copa América

Acá, mientras recuerdo, cumpa, que yo no estuve. Es una historia de mi culpa bien jodida que fue, compadre. Para lo de la Copa América... Me acuerdo de que mi viejo me mandó porque habían venido y se habían subido, y mi viejo lo llevó a mi casa, a mi compadre, porque eso estaba lleno de periodistas que querían joder. Pero en ese momento acá, imagino, la gente estaba como el ají.

Imagínate.

Quisieron tirar puñete con los periodistas.

Todo, pues. Se sentían que era una injusticia. La gente mostró mucho apoyo, mucho apoyo, porque tú sabes que todo el mundo venía y decía: “¿Cómo le van a hacer eso al muchacho?”. Me acuerdo del papá del Chato Cautín, donde el señor siempre vivía también con las mejores palabras en ese momento.

Quisieron tirar puñetes. Me contaban que la gente acá se levantó, pueblo, contra los periodistas porque venían a joder. De ahí vino el indulto. ¿Fujimori nunca vino?

Fue para allá, fue para allá. Y fue ahí, coincidencia, por esa vez. ¿Te acuerdas que estaba tirando bicicleta?

Rosa Elvira Cartagena, la primera Miss Perú de color, le pide ir en bicicleta por su cuadra, por Dueñas.

Para que le puedan pavimentar sus pistas, que no había. El Chino hace la chamba, hacen la inauguración, bicicletea en su pista que le hizo a la samba y ya, imagínate. Y ahí aprovecharon. La gente le pide ahí. Ahí le pidió, pues, para que haga todo. Y ahí, en esa entrevista que él está inaugurando, mira: “Ingeniero, este señor presidente, ¿este sabe el caso de Balán González, un chico que está con un castigo? La única persona que lo puede indultar...”. Pero parece que él también estaba enterado de lo que estaba aconteciendo. “Si Balán mete un gol, yo lo indulto”. Y meto un gol de chalaca a Cristal.

¿No recuerdas quién pidió eso?

Él pidió eso.

¿Pero qué, periodista?

No.

Claro. Qué loco, ¿no? Que le pidan al presidente de la República, compadre, que está suspendido, que lo indulte y justo haces el gol a... a Miguel, ¿no?

A Miguel, Miguelito Miranda.

Claro. Y cumplió al toque.

Y cumplió al toque, a la semana. Al toque. Porque, a la siguiente semana, coincidencia, hago el gol y van ellos a buscarlo. “Y esto está... Yo cumplo mi palabra”, dice el ingeniero.

¿Lo llegaste a conocer?

No lo llegué a conocer. Él firmó porque era la única persona que había.

¿Y nunca has hablado con su hijo?

No, no hablé con Kenji ni con nadie, pero siempre agradecí, siempre agradecí, siempre agradecí...

Sería bacán juntarlo a Kenji con mi compadre.

Ya tú ya fuiste, ya has estado.

Vino al barrio también, pero muy chévere. Yo no lo conocía. Está muy bacán, compadre. Ahora tenemos una imagen de los periodistas o de estos personajes públicos, así, políticos, de lejos. Pero, barrio, si viene, se sienta contigo en la vereda, va para allá, bien chévere. Ah, sería bueno. Una nota te dando un cherry, Chino.

Porque no hablamos nunca del tema. Pues no sé cómo se enteró el papá y eso sería bonito, ¿no?

Claro, porque, claro, él paraba al costado del hombre, debe haber escuchado. Mira, yo le he tenido... y no le pregunté.

No le han preguntado: ¿cómo salió lo del indulto de Balán? Claro.

¿Cómo haces una lavadora vendiendo, compadre? Pero antes gritaban, ahora es casete. Están mintiendo, compadre.

Balán Gonzales y su canción para mamá

BALÁN: Ahí donde está el carro, algo muy, muy lindo y significativo. Ahí era donde se armaba, por decir, nuestro anfiteatro. Es ahí donde actuábamos nosotros para las madres de acá, del barrio. Hacíamos el Día de la Madre, preparábamos números y salíamos a actuar ahí. Pero ya pues, después nos han... nos han cambiado, compadre. Ahí he actuado yo, ahí he actuado.

¿De qué has actuado?

Recitaba: “Del cielo cayó una rosa...”. Yo he sido terrible. Acá me han visto actuar.

Habla bien. ¿Eras poeta?

Después he cantado La sonrisa de mamá. Me acuerdo hasta el día de hoy. Y de ahí pasamos acá al centro.

¿Cómo era La sonrisa de mamá?

“Esa flor que está naciendo, todo eso se parece a la sonrisa de mamá”.

Tú nunca saliste a actuar, compadre. Hasta eso pagaba, contrataba la vaina de tener plata. Hasta el día de hoy me la acuerdo, compadre. Y hacía payasadas. Y mi mamá, después, que me abrazaba: “Ya, siéntate, siéntate”.

Ahí, en la escalera, me sentaba yo a liquidar. Escalerita allá. Ese era mi hueco. Todo esto, llenecito de gente rumbeando y yo en la escalerita con la chica del momento.

Lo único que quiero nada más es que mi compadre haga la poesía que hizo. ¿No te acuerdas de la poesía? Pero no dices que te acuerdas... Solamente con la poesía y vamos a cerrar la conversación con su barrio.

Piensan que soy Nicomedes de Santa Cruz... (Balán recita y canta). Y, como el Chavo, la repito cinco veces.

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