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En el Perú, el Niño tiene memoria política. Cambian los presidentes, los ministros y los planes de emergencia. Las lluvias, en cambio, vuelven a encontrar los mismos ríos, quebradas y ciudades vulnerables. Tras los eventos de 1982-83, 1997-98 y 2017, el fenómeno dejó de ser solo una alteración climática para convertirse en una prueba de gestión. Cada regreso obliga al Estado a preguntarse cuánto de lo aprendido logró convertir en prevención. El próximo examen ya tiene fecha. El ENFEN mantiene la alerta y proyecta para el verano 2026-2027 un Niño costero de magnitud entre fuerte y extraordinaria. Para el Pacífico central prevé condiciones entre fuertes y muy fuertes. El país que recibirá al papa León XIV en noviembre podría enfrentar, pocas semanas después, uno de los escenarios climáticos más exigentes de las últimas décadas.

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