La portada, el desgaste del sello y ese leve chirrido que marca la aguja son detalles que el streaming no puede replicar. Hay discos que se buscan antes de escucharlos; su estado físico forma parte de una experiencia única. Lejos de haber desaparecido, este formato ha despertado a nuevas generaciones dispuestas a descubrirlo.

Vinilo

Esa persistencia será el foco del Día del Vinilo, una celebración que se llevará a cabo los días 29 y 30 de agosto en el Hotel Naia de Miraflores. Esta fecha coincide con la conmemoración internacional establecida cada 12 de agosto, un homenaje nacido en California en 2002 para valorar su papel en la conservación de la memoria musical.

Desde entonces, lo que antes se consideraba una reliquia ha vuelto a convertirse en objeto de deseo entre coleccionistas y oyentes jóvenes. El evento es parte del Tour del Disco, iniciativa que periódicamente reúne aficionados y expertos en Lima y Arequipa.

La cita no solo busca encontrar ediciones largamente buscadas; la organización, liderada por Discos Eternos y Alta Fidelidad con el patrocinio de la Cámara Peruana del Disco, propone algo más profundo. Seis discotiendas de distintas regiones del país participarán, pero el núcleo del programa son 15 DJ sets y escuchas guiadas diseñadas para detenerse en los sonidos y las historias ocultas tras cada álbum.

Sacar un disco de su funda, colocarlo sobre el plato y dejar que la música llene una habitación es un ritual particular. Obliga a escuchar de otra manera: un álbum completo, una canción por lado y una pausa necesaria para cambiar la cara del disco. Quizá allí reside parte de su renovado atractivo.

Día del Vinilo tendrá entrada libre, ofreciendo dos días para recorrer discos y descubrir sonidos en tiempos de música instantánea. Es la prueba de que, hoy, todavía hay quienes prefieren que una canción llegue girando a 33 revoluciones por minuto. La programación invita a detenerse, a tocar el disco con las manos y comprobar que la experiencia analógica sigue viva.

El evento busca reunir a 14 discotiendas de distintas partes del país, creando un espacio donde los coleccionistas puedan compartir su pasión. Más allá de la búsqueda de objetos físicos, es una invitación a valorar el proceso: el ritual de escuchar desde el principio hasta el final, sin saltos ni pausas automáticas.

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