Para formar adultos empáticos y responsables, es vital enseñar a los niños a reconocer sus fallos desde temprana edad. La psicóloga Lizeth Limas explica que pedir perdón no debe ser solo una palabra vacía, sino que siempre debe ir acompañada de buenas acciones. «Con este último paso, las disculpas dejan de ser vacías y se convierten en una responsabilidad», subraya la experta, quien añade que así los pequeños aprenden que cada acto trae consecuencias.
1. NO LO ACUSES. El primer paso es preguntar qué ocurrió en lugar de señalar al niño o usar etiquetas como mentiroso o malcriado.
2. HAZ PREGUNTAS. Interroga sobre sus emociones y pensamientos: ¿Qué estabas sintiendo? ¿En qué pensabas? Esto ayuda a identificar la raíz del comportamiento.
3. RECONOCE A LOS AFECTADOS. Continúa el diálogo para que identifique quién fue lastimado por su acción, manteniendo siempre la paciencia y la comprensión.
4. BUSCA CÓMO SOLUCIONARLO. Pregunta: «¿Qué podemos hacer para remediarlo?». Esto enseña que la disculpa implica demostrar con gestos cómo se arregla el daño, haciendo consciente al niño de sus actos.
Los padres deben evitar gritar o juzgar a su hijo, pues esto genera miedo y vergüenza, impidiendo que admita lo hecho. «Deben centrarse en la conducta, no en la persona», aclara Limas.
Finalmente, un consejo clave: si tu hijo está alterado, espera a que se tranquilice. Un momento de calma facilita que pueda escuchar, entender y participar activamente en la búsqueda de una solución conjunta.
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