por Redacción RPP
Francis Clifford Smith, el hombre que desafió la silla eléctrica 8 veces
Falleció el pasado 25 de junio a los 101 años en una residencia segura de Rocky Hill, Connecticut. Su muerte por causas naturales cierra un capítulo histórico: pasó 76 años tras las rejas por el asesinato de un vigilante nocturno ocurrido en 1949. Smith murió siempre jurando su inocencia y se convirtió en símbolo de la longevidad carcelaria en EE.UU..
Su caso, que vivió décadas en el olvido hasta ser redescubierto por un funcionario judicial en 2012, representa una de las trayectorias más inusuales en la historia criminal del país. Reconocido como uno de los reos con más tiempo de permanencia en el sistema penitenciario estadounidense, su vida quedó ligada para siempre a la silla eléctrica de la prisión de Wethersfield.
Allí fue sentenciado a morir en 1950 por un crimen que negó hasta el final. A lo largo de cuatro años, el recluso recibió ocho suspensiones de ejecución, llegando a experimentar en múltiples ocasiones el ritual de la última cena y las visitas finales del capellán.
El episodio más crítico ocurrió el 7 de junio de 1954: Smith ya tenía la cabeza afeitada para la colocación de los electrodos cuando su sentencia fue conmutada a cadena perpetua apenas dos horas antes de la hora fijada. Ese día, que estuvo al borde del abismo, marcó el fin de un proceso de muerte aplazado una y otra vez durante años.
"Te cocina. Te cocina", repetía Smith con insistencia en sus últimos años, al evocar el artefacto de ejecución que tanto temía. Según relató Annalisa Quinn para The Boston Globe Magazine, este miedo primario lo acompañó incluso cuando su salud mental comenzó a deteriorarse por la avanzada edad.
El trauma de haber estado tan cerca de la muerte en ocho ocasiones distintas marcó su comportamiento durante las siete décadas siguientes que pasó en instituciones correccionales. Allí, se le llegó a conocer como "el hombre de los pájaros de Osborn" por su costumbre de esconder pan para alimentar a las aves.
"He estado encerrado toda mi vida", declaró Smith al diario The Boston Globe en una de sus últimas entrevistas, confirmando la percepción de una vida sin libertad.
Aunque un supuesto cómplice implicó a Smith en un acuerdo con la fiscalía, el caso estuvo rodeado de dudas desde el inicio debido a que el testigo principal se retractó de su testimonio y el cómplice afirmó haber sido golpeado por las autoridades para señalar a Smith.
Sombras sobre el veredicto y confesiones tardías
El crimen por el que fue condenado ocurrió el 23 de julio de 1949, durante un robo en el Indian Harbor Yacht Club de Greenwich, donde el vigilante Grover Hart fue asesinado a tiros.
A pesar del acuerdo con la fiscalía firmado por un supuesto cómplice que lo vinculaba al hecho, las sombras sobre el veredicto persistieron. El caso estuvo rodeado de dudas desde el inicio debido a que el testigo principal se retractó de su testimonio y el cómplice afirmó haber sido golpeado por las autoridades para señalar a Smith.
Smith mantuvo siempre la certeza de su inocencia, a pesar de las presiones judiciales. Su historia es un recordatorio de los errores del sistema penal estadounidense en décadas pasadas.
A pesar de que el oficial Leo F. Carroll, quien lo detuvo personalmente, abogó por su vida asegurando: «Estoy seguro de que no mató a Grover Hart», el sistema judicial nunca le otorgó un nuevo juicio ni lo exoneró.
En 1953, David Blumetti confesó desde una prisión en Alabama ser el verdadero autor del disparo, asegurando que Smith no estuvo presente en el lugar. Sin embargo, la Junta de Indultos nunca revirtió esta condena inicial.
Smith mantuvo su postura desafiante ante el sistema hasta el final. Rechazó varias veces la posibilidad de asistir a audiencias de libertad condicional durante las décadas de 1980 y 1990, pues lo consideraba una admisión implícita de culpabilidad.
"Estoy aquí sin ninguna prueba.", declaró Smith en 2023, insistiendo en la falta de evidencia sólida que sustentara su encarcelamiento tras esquivar la silla eléctrica 8 veces durante 76 años.
El ocaso en una residencia de máxima seguridad
Sus últimos años transcurrieron en 60 West, un centro especializado para exreclusos con necesidades médicas complejas y problemas de demencia. Allí vivió en una unidad segura, recibiendo cuidados paliativos.
Lejos del entorno carcelario tradicional que habitó desde que fue enviado a una escuela reformatoria a los 10 años, Smith vivió su vejez acompañado únicamente por enfermeros. Su familia —compuesta por sus padres, tres hermanas y dos hermanos— fue desapareciendo o perdiendo contacto con él a medida que pasaban los años.
Al momento de su partida definitiva, no quedó nadie más cerca de él además del personal sanitario encargado de sus cuidados en la residencia. A los 101 años, el hombre que siempre juró ser inocente finalmente murió tras una vida marcada por la injusticia y la reclusión perpetua.
David Skoczulek, portavoz del centro donde residía el detenido, aclaró en exclusiva para la cadena británica BBC que "En esencia, murió de vejez". Tras su fallecimiento, se incineró el cuerpo de Francis Clifford Smith sin realizar un funeral público. Así concluyó una vida que transcurrió casi en su totalidad bajo la custodia del Estado, poniendo fin a 76 años de prisión.
Comentarios 1
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta