Japón impulsa dos iniciativas estratégicas en el remoto islote del Pacífico, Minamitorishima: asegurar minerales críticos para su industria y explorar la viabilidad de un cementerio nuclear.

Esta formación coralina, de apenas 1,5 kilómetros cuadrados y reducida elevación oceánica, se ubica a 1.950 kilómetros de Tokio como el enclave más oriental del país. Actualmente solo alberga personal militar y meteorológico, sin habitantes civiles permanentes. Sin embargo, su relevancia trasciende lo administrativo: otorga al archipiélago una zona económica exclusiva de 430.000 kilómetros cuadrados, según reportó el Gobierno Metropolitano tokiota.

La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional detalla que el perímetro acuático del islote posee depósitos minerales esenciales para la industria de vehículos eléctricos, semiconductores y tecnología militar. Durante febrero de 2026, la embarcación científica Chikyu extrajo lodo con estos insumos a casi 6.000 metros bajo el mar. Las muestras revelaron presencia de itrio, gadolinio y disprosio, componentes vitales para motores eléctricos, imanes térmicos y aeroespaciales.

"Es un primer paso hacia la industrialización de tierras raras producidas en Japón", afirmó la primera ministra Sanae Takaichi tras las maniobras, citada por Associated Press. En paralelo, las autoridades niponas examinan la posibilidad de albergar allí residuos de alta radiactividad. Aunque el plan permanece conceptual sin autorizaciones definitivas, genera preocupación en la comunidad científica y ecologistas debido a los riesgos ambientales potenciales.

El territorio está en la mira de Tokio para transformar su matriz energética y fortalecer la resiliencia de sus cadenas de suministro. Japón busca consolidar su dominio sobre estos recursos estratégicos en medio del océano Pacífico, donde la pequeña isla esconde tierras raras a gran profundidad.

Japón busca desafiar el dominio chino en el mercado global de tierras raras, aunque no pretenda desplazar a Pekín de inmediato. Para mitigar su vulnerabilidad ante posibles bloqueos de exportación, el archipiélago nipónico planea ejecutar pruebas a mayor escala en 2027, con la meta de iniciar la explotación comercial en 2028. Esta estrategia constante busca asegurar un suministro propio del recurso vital.

¿Cómo evalúa Japón a Minamitorishima como almacén nuclear?

La lejanía geográfica de la isla impulsó su estudio para albergar un depósito geológico de residuos. En marzo de 2026, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria pidió al alcalde Masaaki Shibuya revisar la documentación del terreno. El funcionario apoyó iniciar el trámite, aunque aclaró que "la decisión debe adoptarse bajo responsabilidad del Gobierno central".

En mayo, la Organización de Gestión de Residuos Nucleares (NUMO) inició un estudio bibliográfico para examinar mapas, fallas y actividad volcánica sin perforar. Este es el filtro inicial de un proceso que requiere análisis de campo posteriores. La entidad confirmó que "tomará en cuenta cinco condiciones planteadas por la alcaldía y mantendrá espacios de diálogo con la comunidad".

Sin embargo, el proyecto enfrenta objeciones por la fragilidad ecológica del enclave, la complejidad del transporte marítimo radiactivo y erupciones cercanas. El Centro de Información Nuclear de Ciudadanos alertó sobre dudas geológicas, mientras expertos locales exigen evaluaciones ambientales rigurosas. Por ello, el país no confirmó la construcción del repositorio definitivo; únicamente determina si el enclave supera las etapas iniciales de evaluación.

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