Norkys, una de las marcas más consolidadas del pollo a la brasa en Perú, ha vuelto a ser foco de atención tras circular en redes sociales un rumor sobre su nueva propiedad y expansión internacional. La cadena asegura que fue adquirida por The Carlyle Group, un fondo de inversión estadounidense, y que este cambio impulsó la apertura de locales fuera del país. ¿Es esta información veraz? A continuación, repasamos los datos clave.

La narrativa sobre la venta sugiere que el fondo invirtió para acelerar el crecimiento global de la empresa. De hecho, ya es posible encontrar establecimientos bajo la marca en Madrid, capital española. Uno de estos puntos se ubica en el distrito de Vallecas y otro está siendo promocionado en la zona de Quintana. Más recientemente, en junio de 2025, las redes oficiales del restaurante confirmaron la inminente apertura de un nuevo local en Marqués de Vadillo. La oferta gastronómica mantiene su esencia: pollo a la brasa y otros platos típicos de la cocina peruana.

Sin embargo, para entender el contexto actual es necesario mirar hacia atrás. Todo comenzó en 1976, cuando la familia Tamashiro, de origen japonés, inauguró su primer restaurante en el número 648 de la avenida Abancay, dentro del Cercado de Lima. Con el paso de las décadas, el negocio creció significativamente y se consolidó como una cadena nacional.

Hoy, Norkys tiene presencia en importantes ciudades peruanas además de la capital, incluyendo Chiclayo, Trujillo, Ica, Arequipa y Huancayo. A pesar de que ahora responde a un grupo financiero extranjero tras la compra realizada a Kiyotake Tamashiro, la identidad del negocio se mantiene intacta. El menú sigue destacando por su tradición gastronómica local.

Este escenario plantea una pregunta interesante: ¿la pollería más grande del Perú ya no es peruana? Aunque los dueños sean internacionales, el corazón de la marca y sus platos bandera siguen siendo profundamente peruanos. La historia de Norkys demuestra cómo un emprendimiento familiar fundado hace casi cinco décadas ha logrado trascender fronteras sin perder su esencia culinaria original.

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