Hugo Santa María, doctor en Economía por la Washington University in Saint Louis, analiza el escenario económico nacional frente al impacto electoral. La economía peruana creció alrededor del 3% en 2025 y se estima que repetiría ese resultado este año de elecciones. Si nada catastrófico ocurre en las votaciones, creceremos más de 3%. Y, la variable que más le gusta ver a Santa María es la demanda interna, pues lo haría en casi 4%.

Entonces, una actitud en los inversionistas de esperar o desacelerar no se ve tan difundida como en procesos electorales previos. Consultados nuestros clientes sobre las estrategias que implementarán en el periodo electoral, un porcentaje realmente bajo, solo entre 15% y 16%, dicen que pondrá algunas acciones en stand by: desacelerar la inversión o la contratación de personal.

No obstante, el lado negativo es evidente. El impulso de los precios de exportación es muy importante, es mucho mayor, por ejemplo, al que ha recibido Chile u otros vecinos. Entonces, el punto central es que crecemos, pero debería ser más. Con estos niveles de precios, y una política y Estado mínimamente funcionales, Perú podría haber llegado a crecer un 5%.

Hugo Santa María, doctor en Economía por la Washington University in Saint Louis, analiza la economía nacional en medio del impacto electoral. | GEC

Bajo el título de "Impacto del Gobierno actual", se indaga sobre la gestión del presidente José Jerí y sus acciones sobre la economía. El economista señala que [el presidente] dio una buena primera impresión, pero después se fue deteriorando. En lo económico, un mérito de su equipo fue recuperar en las conversaciones el valor de algunos temas que se habían perdido: resaltó la importancia de la inversión privada y del trabajo conjunto entre Estado y privados ante la brecha de infraestructura.

Además, criticó severamente la eficiencia de las inversiones que viene realizando el Estado, desde hace años, tanto a nivel del servicio público, como el desarrollo de infraestructura. El Estado está perdiendo la vergüenza sobre lo que hace con cada sol que le damos, según la postura crítica del analista.

Además, se inició el largo camino —ojalá que termine— para solucionar la hemorragia de Petroperú, poniendo sobre la mesa la necesidad de mantener un manejo fiscal ordenado y protegido de la influencia política.

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¿Cómo ha golpeado o podría golpear el ánimo de los inversionistas el nuevo escándalo [“Chifagate”] que involucra al presidente?

Percibo a los empresarios, a los que operan aquí y a los que lo siguen de afuera, tomando todo esto con bastante calma. En los últimos años vivimos permanentemente en crisis política; dicho de otra manera, estamos “estables” en inestabilidad política.

Como una “normalización” del deterioro político...

Normalizar suena a que la situación se ve con indiferencia y no lo creo. Lo que creo es que se ve con calma: manejan distintos escenarios y reconocen que no se pueden quedar parados, ni personas ni empresas, a esperar que las cosas se solucionen. Hay que seguir avanzando. Es como una aceptación de que esta es la cancha en la que nos toca jugar.

¿Las elecciones ya escalaron como preocupación?

Si bien es el elemento externo que más les preocupa a los inversionistas, las expectativas siguen positivas. Tanto las empresas como las personas han decidido seguir avanzando y no esperar a que el Perú se arregle. El Índice de Confianza del Consumidor de Apoyo Consultoría presenta que el porcentaje de las familias que piensa que su economía va a mejorar está en un nivel muy alto, comparado con el histórico.

No obstante, el porcentaje de personas que piensa que el Perú va a mejorar, sigue bajo. Hemos separado nuestro propio optimismo respecto al del país.

Aunque suele ser una pregunta recurrente, a estas alturas parece ya no parecer tan claro: ¿economía y política van por cuerdas separadas?

Hablamos de la calma electoral y cómo la política se ha divorciado de la economía, pero hay matices: ese divorcio es muy aparente. Responde a la estabilidad macro, pero no con capacidad del país para crecer. Estamos resignándonos a que tenemos un país que resiste, que es resiliente, pero tenemos que aspirar a tener un país que avanza más rápido.

Mal manejo de impuestos recaudados

Regresando al panorama fiscal, se logró la meta del déficit. Si bien para lograrlo hubo algunas medidas de austeridad, ¿se orientaron bien o pudo hacerse más? Se busca dar señales correctas. Si hacemos sumas y restas, [las acciones realizadas] son de bajo impacto, pero el mensaje es correcto.

Más allá de ajustes fiscales, para el manejo que hace el Estado de nuestro dinero se requiere, primero, un choque institucional enorme para protegerlo nuevamente de la politiquería. También se necesita un choque de eficiencia gigantesco. No solo seguir el porcentaje de ejecución. Necesitamos un Estado que recupere un poco de responsabilidad y vergüenza frente a sus ciudadanos.

Cumplimos la meta [de déficit] porque la recaudación que recibimos por los precios de metales altos fue muy fuerte. Además, aumentó el gasto corriente, pero "trituramos" el gasto en inversión. Se está dirigiendo el gasto a algunos ámbitos, pero sin mejorar el servicio. El sector público recibe aumentos, pero no se ve una mejora en el trabajo que hacen.

Siento que el Estado peruano está perdiendo un poco la vergüenza sobre lo que hace con cada sol que los peruanos, con mucho esfuerzo, le damos.

La lupa en Petroperú

Todas las disfuncionalidades del Estado que frenan el avance de la inversión pública persisten. Dar solución a ellas podría ser una buena herencia, pero casos como la carretera central muestran lo contrario: una reestructuración lenta y difícil donde aún no conocemos el camino final. Se ha dado un primer paso positivo, pero todo está en planeamiento y estamos lejos del esfuerzo concluido.

No obstante, existen riesgos graves. Hemos visto proyectos de ley para blindar a Petroperú contra este cambio. Además, existe el peligro de politizar la empresa, que históricamente funcionó como "caja [chica]". Esta situación otorgó beneficios inauditos en un contexto de toma de decisiones terrible. El costo de oportunidad es gigantesco: con los fondos gastados, podríamos haber avanzado en otra línea de metro o hecho buena parte de la nueva Carretera Central.

¿Cuál es la preocupación?

Petroperú tiene bonos en el mercado. Es crucial entender cómo esta reestructuración conversa con ellos durante su ejecución. El informe de Moody's ya insinuó sobre ese riesgo, lo cual se agrava si no se corrige la disfuncionalidad sistémica.

Moody's le rebajó la calificación crediticia a Petroperú, en medio de su proceso de reorganización.  (Imagen: Andina)

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