Un experimento revela que los parientes evolutivos más cercanos del ser humano también poseen una notable capacidad para recordar a otros individuos.
Chimpancés y bonobos pueden conservar recuerdos de antiguos compañeros durante décadas, según un estudio de la Universidad Johns Hopkins. La investigación analizó la atención visual de 26 individuos mediante cámaras infrarrojas de seguimiento ocular. El equipo dirigido por el psicólogo comparativo Christopher Krupenye y la autora principal, Laura Simone Lewis, presentó fotografías a estos primates de zoológicos y santuarios. Cada pareja incluía el rostro de un antiguo compañero y el de un ejemplar desconocido.
Las cámaras registraron la dirección de la mirada durante tres segundos. Los resultados mostraron una tendencia: los primates dedicaron entre un 11% y un 14% más de tiempo a los rostros de antiguos compañeros que a los de desconocidos. Algunos habían permanecido fuera de su entorno durante décadas. Louise destacó dentro del conjunto. En 2019, Lewis y sus colegas presentaron a la bonoba fotografías durante ocho pruebas.
El caso correspondió a Louise, una bonoba de 46 años que había convivido con su hermana Loretta y su sobrino Erin. Tras más de dos décadas de separación, Louise mostró mayor atención hacia sus fotografías que hacia las de individuos desconocidos. Según los autores, este comportamiento es compatible con el reconocimiento de individuos conocidos tras una larga separación.
Antes de su traslado desde el zoológico de San Diego al Santuario de Kumamoto, en Japón, en 1992, había convivido con Loretta y Erin. La investigación analizó la atención visual mediante cámaras infrarrojas de seguimiento ocular para 26 individuos, según el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. Unos científicos pusieron dos tazas frente a un primate y el animal hizo algo que se creía exclusivo de los humanos, demostrando una memoria social capaz de durar décadas.
La memoria de los simios trasciende el parentesco
Los datos revelan que el interés no se limita a los lazos familiares. Chimpancés y bonobos mostraron mayor atención por individuos con quienes mantuvieron relaciones sociales positivas, como sesiones de acicalamiento o periodos de descanso en proximidad. La intensidad de esos vínculos parece asociarse directamente al tiempo dedicado a observar sus rostros.
Este patrón sugiere que los grandes simios conservan información sobre la identidad de un individuo y la relación que mantuvieron con él, alineándose con observaciones de primatólogos que regresan tras años a los mismos zoológicos y santuarios. El hallazgo amplía el conocimiento sobre las capacidades cognitivas de nuestros parientes más cercanos.
Dado que estos animales suelen alcanzar entre 40 y 60 años en cautividad, una memoria social que persista durante décadas podría abarcar buena parte de su vida. Este resultado aporta elementos cruciales para el debate sobre el bienestar animal.
Si conservan recuerdos de familiares y compañeros durante años, las separaciones entre individuos con vínculos podrían tener consecuencias significativas. Por ello, conviene considerar cuidadosamente los traslados entre instituciones, santuarios y programas de reproducción al momento de planificar futuros movimientos.
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