Este material innovador permite su eliminación y reciclaje más fácil, sin necesidad de procesos químicos adicionales.

Los residuos plásticos representan uno de los grandes desafíos ambientales de la actualidad, ya que su resistencia y larga duración favorecen la acumulación de materiales como el polietileno, más producido del mundo, en bolsas y envases de uso cotidiano. Ante este problema, científicos de la Universidad de Surrey, en Reino Unido, desarrollaron un polímero experimental con un comportamiento poco habitual que plantea una nueva estrategia para fabricar materiales más fáciles de retirar y procesar.

El nuevo material recibe el nombre de poli(1,2-ditiolano), un polímero formado por unidades de 1,2-ditiolano, moléculas que contienen carbono, hidrógeno y dos átomos de azufre unidos entre sí. Su principal particularidad reside en los enlaces de azufre, cuya naturaleza reversible facilita la separación de las cadenas del material. A diferencia de muchos plásticos convencionales, esta estructura permite que el polímero se transforme en gas mediante calor y después vuelva a formar el mismo material cuando la temperatura desciende.

"Hemos demostrado que es posible crear un material que se comporta de una forma muy diferente: puede transformarse en vapor a temperaturas relativamente bajas antes de reconstruirse de forma natural como el mismo polímero", explicó Peter Roth, ingeniero químico de la Universidad de Surrey. El estudio, publicado en la revista Macromolecules, confirma que el compuesto sublima a unos 90 °C, es decir, pasa directamente del estado sólido al gaseoso sin atravesar una fase líquida.

Este comportamiento constituye el primer ejemplo conocido de un polímero con esta característica. El material puede pasar de sólido a gas a una temperatura relativamente baja y, después, recuperar su forma sólida al enfriarse, lo que facilita enormemente su gestión. Al no requerir procesos químicos adicionales para su eliminación, esta tecnología ofrece una solución prometedora frente a la crisis de los plásticos tradicionales.

Para validar su aplicación práctica, el equipo sometió el material a un filtro de papel enrollado. El polímero generó una capa impermeable sobre la superficie; posteriormente, una fuente de calor eliminó este recubrimiento sin necesidad de procesos químicos extra. A pesar del cambio cromático en el papel, recuperó su capacidad original para absorber agua.

No solo se elimina el plástico aplicado, sino que también permite recuperar el propio material. Al volver a enfriarse, sus componentes se reorganizan formando nuevamente el polímero sólido, abriendo la vía para su reutilización inmediata.

Una tecnología experimental con potencial para el reciclaje y la industria

Los investigadores ven utilidad en este comportamiento para recubrimientos que mejoren el aislamiento, la lubricación y la resistencia frente a humedad, corrosión y desgaste. Asimismo, exploraron su capacidad para facilitar la separación de aditivos presentes en los plásticos.

Como prueba concreta, incorporaron un colorante rojo de Nilo al polímero. El calentamiento permitió retirar el tinte en una sola etapa, evitando los tratamientos químicos adicionales que suelen requerir ciertos componentes en procesos tradicionales.

"La parte emocionante es que hemos demostrado un principio que antes no estaba disponible", afirmó Touseef Kazmi, ingeniero químico y autor principal del estudio. "Si aprendemos a adaptar esta química, podría dar lugar a nuevos materiales más fáciles de aplicar, retirar y reciclar que muchos de los plásticos actuales".

No obstante, el equipo aclara un punto fundamental: este compuesto todavía no constituye un sustituto de los plásticos convencionales ni representa una solución inmediata al problema mundial de los residuos.

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