El escritor chileno conversó con La República sobre Ushuaia, su última novela que tiene a una mujer como protagonista, y su fe en el nuevo público, específicamente el conformado por jóvenes que no leen lo que generaciones precedentes leían, pero que están leyendo más sobre temas vinculados con la sensibilidad del mundo de hoy. Hacia ellos se dirige Fuguet.
Alberto Fuguett estuvo en Lima durante la última edición de la FIL y presentó su última novela, Ushuaia (un destino melodramático), vía Tusquets. Esta obra experimental, que no debería ser vista como tal, aunque suene contradictorio, exhibe la gran cualidad de ser entretenida en sus coordenadas. El autor chileno aborda la relación entre una madre y su hijo mediante un arco temporal que va desde los años 70 a la actualidad, lo que le permite poner en bandeja una serie de recursos formales y desplegar nuevos discursos en diálogo con el mundo de hoy. Ushuaia, cuyo título es símbolo del fin del mundo o de despedida, igualmente es una firma más de la independencia de Fuguet como escritor.
-Ushuaia es una novela con una estructura coral; es fragmentaria, con vueltas al pasado y regresos al presente. Usas esta estructura para contar la historia de Leticia y su hijo Bruno. Creo que el mérito mayor yace en que el lector no siente este andamiaje estructural.
-Yo he leído el boom y creo que puede ser aprovechado. Se pueden hacer cosas experimentales y hacerlas pop. No es hacer algo que nadie entienda. Estamos en el siglo XXI, hay mucha tecnología. Por ejemplo, hoy Andy Warhol es el faro que ilumina. Ahora están haciendo un remake con la hija de Andie McDowell de Posesión de Andrzej Żuławski. Era en una película imposible de ver en su tiempo. Lo que te quiero decir es que lo que era de vanguardia y cine de arte duro, ya no lo es. Yo siento que muchos de mis colegas se quedaron atrás.
Fuguet destaca que el libro conecta con nuevos públicos porque viene entreteniendo a lectores jóvenes que leen menos los clásicos de generaciones anteriores pero sí temas vinculados con la sensibilidad del mundo actual. El escritor chileno asegura que no se trata de hacer algo incomprensible, sino de aprovechar lo leído en el boom para crear obras experimentales y pop. En su opinión, Andy Warhol es el faro iluminador actual debido a la gran tecnología presente en el siglo XXI. Menciona también el remake con la hija de Andie McDowell sobre Posesión, una película de Andrzej Żuławski que era imposible de ver en su época. Para él, lo que antes era vanguardia y cine de arte duro ya no lo es hoy. Esto le hace sentir que muchos colegas se quedaron atrás en esta evolución del medio cultural.
-¿Incluso los de McOndo? -Hagamos una lista. Luego que conversamos el año pasado, salió un libro de un chico australiano sobre McOndo. Se presentó en marzo y es un libro a favor del movimiento. Hoy la gente está viviendo a cuatro tiempos. Estamos en el siglo XXI y eso es algo que he aprendido de un tiempo a esta parte. Los lectores de ahora son del siglo XXI. Hay que conectar con el siglo XXI y no lamentar el XX. -Ushuaia es un libro experimental, pero a la vez conservador. -Sí. Ushuaia es como esa película que quiere llegar al público y ganar un Oscar también. Y es una novela que se puede leer en el metro. Eso es un punto a favor. Pero lo loco, Gabriel, es que mucha gente considera que soy un genio cuando no lo soy. Es que está tan mal el ambiente, sobre todo del premio Alfaguara y todo ese mundo; está tan mal lo que se considera literario. Es tal como se ha escindido la literatura comercial juvenil o pop de lo serio, como que no hay nada en medio. Y yo creo que sí hay un mundo en medio. -¿A qué crees que se deba esa falta de riesgo? Existen unos chicos, unos hombres canosos que se creen que están ahí cuidando un legado y que no están conectados al mundo. Por otro lado, me parece que hay una literatura que apuesta solo por la historia, sin prosa, que solo cuenta romances y que está conquistando muchos lectores. Pero no sé si son grandes libros. Yo sí felicito que se lean. Uno de los motivos por los que salió este libro es que me di cuenta de que mis alumnos leen, pero no leen lo que yo leía o lo que tú probablemente lees. Y leen bastante trash. ¿Cuáles son los temas trash que les gustan? Romance, vida contemporánea… Ushuaia salió de cosas personales, pero yo quería que me leyera otro público y no necesariamente mis lectores duros.
"Ushuaia (un destino melodramático)" (Tusquets). Precio: S/. 79.90. Imagen: Difusión.
-Desde Ciertos chicos, tu novela anterior, percibo que vas a la caza de nuevos públicos a pesar…
-A pesar de mi edad, la novela Ushuaia no es un viaje al pasado, sino una herramienta para hablar del presente a través de dos personajes peculiares: una madre y su hijo. Leticia encarna a las mujeres de los ochenta; lavaba platos, veía telenovelas y ocultaba un pasado complejo. Sin embargo, la realidad era distinta: bailaban, salían con varios chicos y vivían intensamente. Es irónico que "Self Control", una canción de Laura Branigan considerada basura en su época por negar el control, hoy sea un himno feminista. Hoy esa letra sería pura polémica.
-La obra también aborda una desaparición: la de Bruno. Se trata de una novela política disfrazada.
Bruno es un pata que intenta hallarse en el mundo, posee un blog inexistente y anhela contar historias. Es un escritor que busca expresarse, no aceptación. Muchos jóvenes se han sentido identificados con este "freak" que ve películas raras. La conexión fue real.
-¿Cuál crees que es el peligro para un escritor hoy?
-Lo que sí es muy peligroso para todos los escritores es la fama mediática. Hay muchas maneras de perderse: están las drogas, las redes, la política o estar ligado a un partido político. Hay casos trágicos como Gustavo Escanlar, quien se perdió muy pronto por meterse a la tele.
Leticia vive en Maipú, un lugar que Fuguet compara con el San Miguel de Lima, pero le faltaba espesor cultural. El autor quiso transformar ese barrio en un suburbio universal presente en todos los países del mundo. Aunque se ha escrito mucho sobre padres, nadie ha explorado suficientemente a nuestras madres, quienes también tuvieron sueños y deseos; muchas criaron solas a sus hijos.
Leticia y Bruno mantienen una relación complicada, intentando entenderse mutuamente. Por esta novela, muchas mujeres han contactado al autor para decir que se identifican con Leticia. Él quería explorar por qué algunas mujeres tienen afinidad con hombres raros o aquellos que gustan de hombres heterosexuales pero perdedores.
"No quiero hacerme cargo de mi autocontrol", reza la letra que resuena en los personajes. Bruno escribe y busca su voz propia en un entorno hostil. La historia refleja la lucha interna de quienes intentan sobrevivir y expresarse sin ser consumidos por el sistema o la fama instantánea.
Fuguet insiste en que, aunque la novela tenga una carga política fuerte, su núcleo son las relaciones humanas y los sueños truncados. Maipú se convierte así en un espejo de las periferias globales, donde la cultura oficial no llega con fuerza. La madre Leticia representa esa resistencia silenciosa frente a la soledad y el abandono.
En última instancia, el autor advierte sobre los riesgos de la exposición pública para quienes escriben. La televisión y las redes sociales pueden ser tumbas rápidas para la carrera literaria si no se tiene cuidado. Es un recordatorio valioso en una era donde la inmediatez amenaza con aniquilar la profundidad del arte.
Bruno, por su parte, sigue escribiendo a pesar de que nadie lea su blog. Su obsesión es contar historias, no ser famoso. Eso lo diferencia de los personajes que sucumben ante la vanidad o las adicciones modernas.
-¿Qué te gusta de la literatura peruana fuera de Vargas Llosa y Oswaldo Reynoso?
—Me gusta lo peruano, aunque todo el mundo me vende otros autores. Al final de la calle, de Óscar Malca, es un ejemplo que disfruto.
-No solo en Perú, pero está pasando esto: percibo que a los escritores los están tomando en cuenta más por sus ideas políticas que por su literatura.
—Sí. Eso es lo único que importa actualmente; no importan tus libros. Este escritor es uno de los nuestros y además escribe, es un intelectual. Necesitamos un intelectual en el mundo. A mí, eso no me importa. Y creo que no es nuevo. Lo que sí creo es que ahora hay una oportunidad para quebrar todo eso. Es como en Parque Jurásico, la vida se abre camino. No siempre uno va a leer lo que te dice tal diario. Siempre va a haber escritores oficiales, pero soy de la idea de que existe algo más allá de lo que te ofrecen. El escritor tiene que encontrar su lugar.
-¿Qué te pasa cuando un editorial decide no publicar tu libro?
—Yo salí de Penguin porque escribí de Carlos Fuentes. Ningún escritor se merece la censura. A lo más que me digan es que mi libro es malo, que no te llamó la atención lo que escribí. Claro, me puede doler un poco, pero no es censura. Leí hace poco, en una tesis que se escribió sobre mí, que yo era el punching ball de la literatura. Se dijo que Fuguet es la única persona a la que se puede odiar con total y absoluta transparencia y certeza para poder expurgar todas las culpas neoliberales de nosotros. Eso se dijo. En cambio, es más difícil atacar a alguien que es aburrido, pero es una buena persona; esta persona es además comunista y es feminista; en cambio, este es maricón.
—¿Crees que la censura ha cambiado con la llegada de redes sociales?
—Ahora hay muchas voces. Antes era más cerrado. Pero la libertad de expresión es clave para el desarrollo cultural de cualquier país. Si no permitimos que se critique, cómo vamos a avanzar como sociedad? La literatura debe ser un espacio de debate y confrontación de ideas.
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