El gordito Matta llegó al restaurante con hambre, pidiendo un estofado de osobuco con arroz blanco y una jarra de emoliente para la sed. Sin embargo, el verdadero protagonista era su sauna privada a más de 50 grados, donde se confesó con "María". Allí, sudando a chorros y sintiendo que este mundo moderno no le sirve porque se quedó en el siglo pasado —él es salvaje y cavernícola a mucha honra—, Matta explicó por qué loquean algunos casos. Veo hombres que sus mujeres les pusieron tremendos 'cuernos', como ese muchachito de las redes, y culpan a todos menos a la que los adornó. Mientras tanto, en el calor del sauna, cantaba una de sus piezas favoritas: 'Yo soy un mujeriego/ Pobre, muy sincero/ Con el corazón/ Me gusta la farra y las mujeres buenas/ Vivir con amigos, vaciando botellas/ Me gusta la vida, me encanta el amor/ Soy aventurero con el corazóooon…'. Recordaba su época de oro en la radio, cuando ganaba miles de dólares y viajaba por toda Sudamérica. Estaba con varias mujeres a las que llevaba a La Posada, siempre rodeado de hinchas y "chupes" con quienes consumía trago y comida en juergas de varios días en La Trinchera. Confesó entonces: Estaba loco de lujuria. Las quería poseer a todas. Recuérdese que se casó de noche en una iglesia del Centro de Lima, pero esa misma mañana estuvo con su "trampita" en su 'telo' favorito. Por eso ahora huye de las tóxicas: Soy pecador. En la vida hay que estar preparado para todo: desde comer lenguado o lomo fino, hasta tu pan con huevo frito. El hombre debe ser parador, así como en el amor; el tramposo gana y pierde en la calle. Hay que tener cuidado para hacer sus cosas y no regalarles oportunidades a quienes los ampayen. He tenido mujeres locas: una quiso incendiar mi carrito rojo, conocido como 'la sartén'; otra me metía pepas en la comida para quedarme dormido y no salir. La más loca era la 'Burrier', que se paraba en la puerta de La Posada para impedirme ir a mi casa. Veo a causas que están sufriendo por el engaño, pero les aconsejo que no perdonen: pegarla siendo buenos comprensivos no corre. No se puede dormir con el enemigo. Las cosas son simples en la vida: blanco o negro, es o no es, me amas o no, estás conmigo, me sigues o más pallares con tallarines. A la casa solo se lleva a una mujer decente. Ahora me timbran para que cuente mis historias en un podcast, pero los caballeros no tienen memoria; nunca doy nombres. Pucha, ese señor Pancholón es un cochino y sinvergüenza y encima se pone a dar consejos. Me voy, cuídense.

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