Los hallazgos incluyen herramientas textiles, fragmentos óseos y evidencias de intercambio comercial, revelando la dinámica económica y social de esa civilización preinca.

Un equipo de arqueólogos de la Universidad Nacional Santiago Antúnez de Mayolo (Unasam), liderado por el docente Ilder Cruz Mostacero, halló recintos habitacionales, zonas de producción, corrales y recintos religiosos a 4.200 metros sobre el nivel del mar en la Cordillera Negra, Áncash. Según la Agencia Andina, esos vestigios pertenecen a la cultura Huaylas durante el periodo Intermedio Tardío y revelan la organización social de una civilización preinca cuya economía dependía del pastoreo de camélidos.

La intervención arqueológica desenterró fragmentos óseos humanos, osamentas de fauna local, pigmentación roja, reservas alimenticias y herramientas dedicadas al trabajo textil. La investigación busca profundizar en la rutina cotidiana de esta comunidad prehispánica, así como en sus relaciones posteriores con el Estado inca y la sociedad colonial temprana, precisó la entidad informativa estatal.

¿Qué reveló el hallazgo arqueológico de la cultura Huaylas en Áncash?

Los recientes trabajos de excavación en tres sectores del complejo arqueológico Áncash revelaron sectores de ocupación pastoril con viviendas y almacenes. "Son áreas de pastores de la cultura Huaylas; estamos encontrando todo el comportamiento doméstico, entre viviendas y áreas donde están almacenando sus productos", explicó Cruz a la Agencia Andina. Entre las estructuras destaca una cocina que albergaba un depósito empedrado sobre la roca madre.

Los recientes trabajos de excavación en la Cordillera Negra también destaparon herramientas de trabajo textil, restos de fauna y evidencia de interacciones comerciales. Foto: Agencia Andina La roca riolita encontrada no es local, lo que demuestra un intercambio de insumos desde territorios lejanos hacia el sitio arqueológico en la Cordillera Negra. Cruz explicó que los investigadores recuperaron piruros decorados para hilado e instrumentos líticos para procesar lana, sumando puntas de proyectil compuestas por dicha roca. En este contexto, se hallaron vestigios de maíz y oca quemada, un cultivo inusual a más de 4.200 metros de altura en esa zona cordillerana alta. Dentro del almacén también aparecieron restos de fauna y evidencia clara de interacciones comerciales que marcaron el pasado de estas comunidades. El ámbito funerario incluyó un entierro secundario con mandíbulas, fémures y piezas óseas humanas fragmentadas junto a osamentas de camélidos dentro de un abrigo rocoso pintado en rojo. Cruz destacó que las amplias construcciones desprovistas de residuos funcionaron como plazas ceremoniales, aclarando: "Están limpios, no son espacios de producción ni mucho menos domésticos". Este diseño confirma que las poblaciones andinas gestionaron el paisaje mediante espacios delimitados para la producción, residencia, culto y administración colectiva. Los recintos descubiertos muestran una organización territorial compleja dividida en sectores funerarios, rituales y administrativos con avenidas planificadas. A esas estructuras se añaden viviendas, depósitos, talleres de transformación y corrales. Así, la arquitectura prehispánica transforma nuestra visión sobre las comunidades pastoriles al revelar un ordenamiento social sofisticado y planificado que integraba ritos y economía en una sola unidad funcional dentro del territorio altoandino. Las excavaciones permitieron identificar viviendas y espacios destinados al almacenamiento y procesamiento de productos. Foto: Agencia Andina

Los trabajos arqueológicos en Áncash, ubicados a más de 4.200 metros de altura, revelan una secuencia ocupacional que abarca desde la época precolombina hasta el siglo XVII con elementos coloniales tempranos. Las excavaciones permitieron identificar viviendas y espacios destinados al almacenamiento y procesamiento de productos. "Los pastores descendían para obtener productos agrícolas y entregaban a cambio carne, lana o fibras procesadas", plantea el investigador Pablo Cruz respecto al cultivo imposible de maíz en esta altitud extrema. La presencia continua finalizó con las reducciones poblacionales y la evangelización española, procesos que desplazaron a los habitantes hacia valles bajos. Dado que los trabajos continúan activos, estos datos iniciales permiten evaluar la evolución social hasta el virreinato. Los artefactos de riolita demuestran conexiones comerciales con regiones distantes, mientras que los piruros decorados refuerzan la relevancia de la industria textil. Además, La presencia de alimentos e insumos foráneos evidencia un intenso intercambio entre pisos ecológicos, incluyendo cerámica inca como aríbalos.

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