Las nuevas tarifas estadounidenses de 50% sobre unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses ya están vigentes y han desencadenado una respuesta inmediata por parte de Ottawa. El primer ministro Mark Carney anunció represalias a partir del 8 de septiembre, medidas que entrarán en vigor para afectar sectores estratégicos como el acero, los productos lácteos, la industria papelera, la maquinaria agrícola y la electrónica estadounidense.
La disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos ha escalado tras el fracaso de las negociaciones bilaterales en Washington. Carney defendió su decisión tras señalar que las conversaciones no lograron resolver las diferencias, argumentando que la administración republicana introdujo condiciones que hicieron inviable cualquier acuerdo.
"En resumen: pidieron demasiado y ofrecieron muy poco", afirmó el jefe de gobierno canadiense, quien rechazó tajantemente cualquier posibilidad de aceptar los planteamientos. "Uno está en guerra cuando es atacado. Nosotros fuimos atacados", añadió Carney, calificando la situación como un ataque directo a la soberanía comercial.
A pesar de las tensiones, cerca del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino EE. UU., por lo que cualquier incremento de los costos comerciales amenaza especialmente a sectores manufactureros y exportadores. La nueva ronda de aranceles estadounidenses afecta aproximadamente al 5,5% de estas exportaciones hacia el vecino país.
Entre los productos alcanzados figuran cemento, vino, productos lácteos, ropa y equipos deportivos, además de otros bienes que se suman a las tarifas que Washington ya aplica al acero, el aluminio, los automóviles y la madera. La Cámara de Comercio de Canadá califica la situación actual como un duro golpe para la competitividad norteamericana, evidenciando cómo este conflicto bilateral podría tener repercusiones profundas en la economía regional.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, responsabilizó a Ottawa por el desenlace de las negociaciones. "Esta noche, Canadá se negó a finalizar el acuerdo comercial en los términos acordados a principios de esta semana", afirmó Greer. Él precisó que Washington había ofrecido al país vecino "el mejor trato posible entre los principales exportadores a nuestro mercado", pero acusó al gobierno canadiense de formular nuevas exigencias y de incumplir compromisos previamente asumidos. Estados Unidos sostiene que durante las conversaciones presentó reducciones arancelarias significativas para sectores clave como el acero, el aluminio, la madera y los automóviles.
No obstante, La Casa Blanca también ha señalado como motivos de sus medidas cuestiones relacionadas con los productos lácteos canadienses, las bebidas estadounidenses y otras políticas comerciales. Canadá advirtió sobre el impacto de estas nuevas medidas. Su presidenta, Candace Laing, calificó los aranceles como "un duro golpe para la competitividad de América del Norte". Según su análisis, el efecto será especialmente severo para las pequeñas empresas. "Significa analizar sus pedidos, su nómina y sus empleados, y preguntarse qué puede seguir permitiéndose", afirmó.
Las consecuencias económicas podrían extenderse al empleo. Un estudio del economista Trevor Tombe estima que los nuevos aranceles podrían provocar la pérdida de unos 90.000 puestos de trabajo en Canadá. Además, distintas proyecciones sitúan el posible impacto sobre el PIB entre un 0,3% y un 0,6%. La Cámara de Comercio de Canadá advirtió sobre el impacto de las nuevas medidas y calificó los aranceles como "un duro golpe para la competitividad de América del Norte". Su presidenta, Candace Laing, señaló que el efecto será especialmente severo para las pequeñas empresas. "Significa analizar sus pedidos, su nómina y sus empleados, y preguntarse qué puede seguir permitiéndose", afirmó.
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