A más de 40.000 kilómetros sobre el planeta, los satélites pronto recibirán un servicio técnico orbitante. Esta semana, una nave de Northrop Grumman se separó del satélite de comunicaciones australiano Optus tras mantenerlo en su posición correcta por más de un año. La misión consistía en alargar la vida útil de activos que, aunque operativos, se están quedando sin combustible.

El vehículo encargado es el Mission Extension Vehicle (MEV). Su objetivo es extender la funcionalidad de satélites como el de Optus, lanzado en 2009 y diseñado originalmente para durar 15 años. Con la ayuda del MEV, este satélite podría seguir generando ingresos comerciales durante seis años adicionales.

No obstante, ahora llega una nueva generación tecnológica. En julio, cuatro naves despegaron desde un Falcon 9 de SpaceX. Una de ellas es el Mission Robotic Vehicle (MRV), equipado con dos brazos robóticos desarrollados por DARPA. Las otras tres son Mission Extension Pods, módulos pequeños que actúan como sistemas de propulsión adicionales.

En 2027, el MRV llegará al satélite de Optus para acoplarse y utilizar sus brazos mecánicos para instalar uno de esos nuevos módulos. La idea es sencilla: dos naves deben acercarse y unirse mientras se desplazan a miles de kilómetros por hora, una maniobra compleja que requiere precisión extrema.

Este cambio también transforma el modelo de negocio espacial. Antes, el MEV permanecía unido al satélite durante años hasta agotar su vida útil. Ahora, el operador puede comprar únicamente el módulo de propulsión y permitir que el MRV pase a atender otros satélites. De esta forma, una sola nave robótica puede prestar servicio a múltiples clientes, optimizando recursos y reduciendo costos operativos en el entorno espacial.

Dos MEV en órbita ya han extendido durante una década la vida útil de tres satélites, entre ellos dos de Intelsat y uno de Optus. Northrop confirma que el concepto funciona. Ahora, su nueva versión, el MRV, va un paso más allá: puede recibir combustible directamente en órbita, algo crucial si las reparaciones espaciales se vuelven habituales.

Esta capacidad también permitiría modificar trayectorias, instalar componentes nuevos y ejecutar tareas de mantenimiento complejo. El interés es alto para los satélites grandes y costosos que operan en órbitas elevadas. Mientras empresas como Starlink apuestan por constelaciones masivas de artefactos baratos y reemplazables, otros operadores tienen aparatos que cuestan cientos de millones de dólares y no conviene desechar cuando se quedan sin combustible.

No obstante, la tecnología tiene implicaciones militares. DARPA participó en el desarrollo de los brazos del MRV y Estados Unidos vigila con atención las naves capaces de acercarse y sujetar otros satélites. Northrop asegura que sus vehículos están destinados a tareas de servicio civil. Si el modelo funciona, el espacio podría dejar de ser un lugar donde los satélites simplemente se reemplazan cuando fallan.

Algunos podrían recibir combustible, reparaciones o nuevas piezas y continuar trabajando durante muchos más años, transformando la economía orbital hacia una gestión de mantenimiento sostenible en lugar de obsolescencia programada.

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